No dejes rastro. Debra Granik. Crítica.









INCLUSO EN EL CONFINAMIENTO AUTOIMPUESTO, AÚN SOMOS DUEÑOS DE LO QUE PENSAMOS


Ficha técnica, sinopsis, premios, lo que se dice (Pinchad aquí).



Ignoro a qué escuela de pensamiento pertenecen quienes creen que reflexionar en torno a las desigualdades de los hombres, especialmente en la sociedad posindustrial, lo consideran una posición superficial que consiste en 'sermonear' al auditorio, que con frecuencia cae en la condescendencia o el sentimentalismo en la denuncia de la sociedad capitalista o el maltrato que Estados Unidos infringe a sus soldados (Nando Salvá, diario 'El Periódico'). Pues bien, da la impresión de que, a veces, cuando se hace una crítica, se cumple simplemente con el expediente, con la exigencia de escribir una columna semanal. En 'No dejes rastro' se sigue un planteamiento paralelo al de Winter's Bone, el film que, efectivamente elevó al estrellato a Jennifer Lawrence, y, ni en uno, ni en otro film se ahonda en las causas que provocan la pobreza y la inmersión en una economía de subsistencia de un grupo, al que en Norteamérica llaman white trash, basura blanca en español, y la lucha de una joven adolescente por salir de esa marginalidad e integrarse en una sociedad organizada, en la que los servicios sociales favorecen la integración de las personas, y las escuelas la socialización de los jóvenes. Pero con sutiles y algunos indicios deja bien claro por qué Tom (Thomasin Mackenzie) y su padre Will (Ben Foster) se encuentran viviendo, de manera clandestina, en una parque nacional, en el que nadie puede habitar si no es de manera ilegal, sugiriendo que se encuentran allí desde que la madre murió y la niña era muy pequeña, de cuyo desarrollo guarda los dientes de leche; tampoco cabe duda de por qué el padre, que precisa pastillas para poder soportar su día a día, no puede encerrarse entre cuatro paredes, y ha adquirido, como ex-militar, la capacidad de camuflarse en un terreno que le es muy familiar: el bosque. Por lo tanto, sí denuncia las consecuencias, en este caso psicológicas de los que han combatido en los diferentes conflictos en los que se ha involucrado su país, arrastrando consigo a  su hija, desde pequeña, sin incidir en el momento en el que toma la decisión. Como tanto otros, afectados del mismo mal, que habitan en estos lugares y a los que está vedada  la inclusión social por las mismas razones,  más profundas incluso que si hubieran perdido una pierna o las dos, acaban sobreviviendo gracias  a los alimentos que otros habitantes depauperados de las montañas les dejan en bolsas colgadas de los árboles. Sus benefactores son conocedores de su supervivencia porque los alimentos que contienen las bolsas desaparecen.

No obstante, al igual que en Winter's Bone, Debra Granik nos obliga a mirar y, como consecuencia ver, que millones de blancos norteamericano viven en la más absoluta de las pobrezas (no sólo intelectual, de la que nos ilustra la serie de Netflix 'Tiger King', que da verdaderos escalofríos), sino material. Grupos de 'familias', generalmente de avanzada edad, entre las que triunfa la música  popular de estilo country, bien ejecutada por los que se reúnen en torno a las hogueras por las noches,  viven en caravanas que alquilan a precios módicos a quienes se acercan al lugar, un espacio en el que se impone la solidaridad y la colaboración entre sus ocupantes. En esto no se diferencian ambas películas, aunque en 'No dejes rastro' surge también el conflicto generacional entre padre e hija, con menos virulencia, que se resuelve con la incapacidad de seguir un camino juntos. Quien ha conocido la sociedad del 'bienestar', -relativo en Estados Unidos, como denuncia constantemente Michael Moore-, y no padece la misma enfermedad mental que su progenitor, prefiere elegir su destino, aunque sigan pesando en ella la educación que ha recibido del padre hasta llegar a su adolescencia.

Sin hacer explícito, pues, el conflicto que subyace en esta historia, un subtexto claramente antibelicitas, sus consecuencias, para un hombre que se rige por una gran honestidad y que enseña a su hija que aquello que encuentras en el suelo sólo puede ser tuyo si das la posibilidad al dueño, el que lo ha perdido, de encontrarlo. Un hombre relativamente joven, un padre amantísimo y honesto, al que la guerra ha destruido definitivamente, y que, sólo sale de su elegido escondite cuando necesita los fármacos que le permiten seguir viviendo. El film es  bastante más complejo de lo señalado hasta ahora, e incide en aspectos que la puritana sociedad norteamericana puede considerar escandalosos o sospechosos de conductas desviadas de las normas sociales que se han impuesto o de la tendencia al sectarismo religioso.

El film se ha estrenado en Netflix y está a disposición de los espectadores.



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