Dark. Temporada 1. Baran bo Odar y Jantje Frieser. Comentario.







NO TENGO MIEDO




Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice(Pinchad aquí)


Comentario:


Cuando un lector o espectador se acerca a un libro o una película, dos formas muy diferentes de narrar, que exigen del autor una visión muy diferente de cómo transmitir su mensaje a un público imaginario, se pueden buscar diferentes bálsamos para el alma: entretenimiento, reflexión, conocimiento histórico, conocimiento de otros lugares, otras gentes, etc. Nadie puede negar que la imagen ha cambiado nuestra percepción de un mundo que antes sólo existía en nuestra imaginación y que cobra especial importancia cuando el hombre, por primera vez desde que se produjo el proceso de hominización ve limitados sus movimientos, a causa de un enemigo que él mismo ha creado, un virus que impide la cercanía entre los seres humanos, y que les prohibe lo que hasta ayer estaba al alcance de todos: desplazarse en un medio muy joven, el avión, que aproxima las diferentes culturas que se extienden por la Tierra.

Si uno se decide a ver Dark, una serie alemana con la gravedad que caracteriza la idiosincrasia germana, va a encontrar un poco de todo lo que hemos apuntado arriba, ensombrecido por un velo negro que sólo puede ser analizado desde el psicoanálisis, como revelan las figuras que se desdoblan como en un test de Roschard, en las que se inscriben los créditos iniciales. Va a asistir a la representación de un conflicto cuyo fondo se sustenta en un subtexto que descansa en el ciclo lunisolar, de 33 años, que a su vez se apoya en la teoría del eterno retorno de Nietzsche; los responsables de estas conjeturas y especulaciones creen que cada 33 años hay una vuelta al inicio, lo que puede producir grandes transformaciones, movimientos energéticos, finales e inicios, que pueden determinar tanto grandes acontecimientos,como hechos cotidianos de la vida, ya sean dramas intensos o pequeñas rencillas, debido a que el tiempo vuelve sobre sí mismo, en un bucle sin solución de continuidad, en el que ciertos hechos pueden repetirse. Baran bo Odar y Jantje Frieser recurren a las pantallas partidas que tanto utilizó Brian de Palma para mostrar la continuidad de estos ciclos que se cierran y se abren sobre sí mismos, sirviéndose de fotografías de sus protagonistas, que han utilizado la mentira para sobrevivir y olvidar, apoyándose algunos de ellos en un libro que tiene como título 'No tengo miedo'.

Cuatro familias, los Tiedemann, los Nielsen, los Doppler y los Khanwald, son conscientes de que viven en un lugar, Winden, que es una epidemia de la que todos están contagiados, mirando de reojo la central, cuyas torres dominan el pueblo, y suponen un recordatorio constante de la tragedia de Chernobyl, buscando apoyo en la creencia de que en el mundo hay tanta luz como oscuridad. Los jóvenes del lugar se mueven con tranquilidad por un bosque cercano, al que la música de Ben Frost convierte en siniestro, un camino que conduce al espectador hacia la comprensión de lo que se está tratando, que no es otra cosa que viajes en el tiempo a través de brechas ubicadas en la profundidad de unas cuevas (de nuevo el arriba y el abajo, tan presente en los últimos tiempos), una especie de puente Einstein-Rosen o agujero de gusano. El relato sigue profundizando en las teorías de alemanes ilustres y cuestiona el dualismo imperante, entrada-salida, blanco-negro, bien-mal..., al que contrapone la 'triqueta': nada está completo sin una tercera dimensión. Entre el arriba y el abajo está el centro; Einstein y Rosen no se dieron cuenta de que su agujero no conecta solo dos dimensiones, sino tres: futuro - presente, pero también pasado. Sobre este principio los cineastas montan su historia, en la que no sólo están implicados grandes planteamientos científicos y filosóficos, e incluso esotéricos y crisis medioambientales, sino asuntos familiares e individuales inconfesables.

Ahora estamos entrando en una nueva era, la tecnológica, y el decurso está siendo terrorífico. Desde mediados del siglo pasado la fisión del uranio anunciaba una nueva era, la que los progresistas del momento, los capitalistas, pensaban que era de la razón, la objetividad y el control de la naturaleza por el hombre, que podía sacar partido económico de la fisión inducida por neutrones en reactores nucleares. El patriarca de los Doppler creó la primera central de Alemania en Winden, pero pagó un alto precio por ello, y pronto descubrieron el lado oscuro de esta forma de producir energía. De este modo, sobre un background difícil se teje un foreground de relaciones familiares y sociales tan tóxico como los residuos de la planta humeante, arrastrando al espectador/expectante hacia un final complejo propio de la ciencia ficción, cuyo nudo gordiano se construye en torno a la desaparición de niños, cada 33 años. Seguir adelante hace difícil no caer en el espoiler.

Quien decida introducirse en este tortuoso relato, gozará de una gran tensión, un disfrute para los amantes del género, grandes dosis de inquietud y extrañamiento, también de terror sin mucho tomate, y mucha reflexión sobre el mundo en que vivimos en el que la luz y la oscuridad se reparten por partes iguales. Las gentes del lugar visten, unos de acuerdo con las tendencias que impone el low cost, otros, de mayores posibilidades viven en casas elegantes; unos son empresarios, grandes o pequeños, otros policías, directoras de instituto, investigadoras de las fuerzas del orden, etc., pero sus hijos se reúnen en los mismos centros y las relaciones entre ellos no siempre son amables, como ocurría en la serie de Curon, de Ezzio Abbate, por razones bien diferentes. Film, muy bien valorado que podéis ver en Netflix.

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