Recuerdos de juventud. Ahn Gil Ho. Crítica del blog.

 


¿EL ÉXITO CONSISTE EN HACER LO QUE A UNO LE DE LA GANA Y COMER BIEN?


Ficha técnica, intérpretes, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí)




Crítica:



Cierto personaje dijo en la radio (nos gustaría saber su nombre, ya que sólo cazamos al vuelo su tesis) que 'teníamos que ser jóvenes el mayor tiempo posible', una afirmación que coincide con uno de los múltiples subtextos de 'Recuerdos de juventud', aunque el cineasta Ahn Gil Ho, acota en especial lo que todos entendemos como esa etapa de la vida en la que una lucha por saber quién es, qué quiere y qué puede hacer y cómo hacerlo, dependiendo de sus posibilidades económicas-por-supuesto, porque nos guste o no estamos inmersos en una sociedad materialista en la que, aunque entren en juego otras fuerzas (capacidad de riesgo, resiliencia  frente a la censura de la sociedad, superación de temores...), el factor económico juega un papel principal, aunque el film se empeña en demostrar que no excluyente. "Hasta los 20 años aprendes a separarte de la influencia de tus padres", dice Sa Hye-jun, "A los 30 se llega a una edad en la que no puedes ya culpar a nadie." 

Estoy muy interesada en la forma en que mira nuestro tiempo el cine de Corea del Sur, que refleja una sociedad que entra de lleno en la era tecnológica, y es muy interesante este film que nos habla del cine y las series dentro de esta forma de contar historias fraccionada, prestando especial atención al ascenso y la caída de los idols, que suelen comenzar su carrera muy jovencillos, como modelos, y que sufren desde la más tierna edad laboral todo tipo de acosos, incluido el sexual, de una sociedad que en parte los idolatra, y en parte intenta hundirlos por medio unos haters que quieren progresar y enriquecerse con el acoso a muerte a estos personajes, vulnerables especialmente por su tierna edad. La serie no elude la denuncia de ninguna actividad de las que giran en torno al éxito, que con frecuencia bordean la ley, dan trabajo a periodistas y jueces y dan al traste, o lo intentan al menos, con carreras incipientes, y favorecen el enriquecimiento de toda suerte de nuevos emprendedores como los instagramers, youtubers, influencers, y toda la pléyade de nuevos 'profesionales' que engordan artificialmente sus listas de seguidores, que son las que abren las puertas de la fama.

Con una narrativa características de los doramas surcoreamos, que gozan de magníficos storytellers, que los dotan de una atmósfera indie lo que se refiere a la gama cromática, algunos de los cuales evocan la de la Nouvelle Vague, intentando aproximarse al cinéma vérité del siglo XXI, con una fotografía solo aparentemente poco tratada en posproducción, nos sitúa desde el principio en una atalaya, una especie de mirador al que acuden los protagonistas masculinos, desde la que se ofrece una perspectiva muy significativa de la ciudad de Seúl, en la que se hace visible la división entre la parte más pobre (a pesar de estar algunas de ellas anexionadas a las zonas periféricas de un barrio rico), con sus luces cálidas procedentes de las farolas que iluminan las calles, atravesadas de múltiples cables que le dan un aspecto tervermundista, tan ostensibles en 'Parásitos' de Boong Joon-ho, perfectamente diferenciada de la zona próspera de la ciudad que brilla azulada por los anuncios de neón que la convierten en una especie de 'Ciudad Esmeralda', y que evocan ese balcón que representó Josep Renau en su serie 'American Wife of Live',  y que llevó a las pantallas John Carpenter en 'Están vivos'.

Esa simbiosis en algunos lugares de la gran conurbación permite que los tres protagonistas, -Sa Hye-jun, y Kim Jin Woo, Won Hae-hyo  -, de origen humilde los dos primeros y perteneciente a la alta burguesía el tercero, coincidieran por decisión paterna del progenitor rico, en un mismo colegio, público, a pesar de que este hombre era dueño de una Academia privada cuyo rendimiento financiaba la vida de alto standing de la familia, con consecuencias importantes: la madre de Hae-hyo conseguía que las de los otros dos trabajaran como sirvientas de confianza en su casa, y, por otro lado, que la carrera de su hijo, apoyada en potentes patrocinadores, fuera mucho más veloz y exitosa si se comparaba con la de sus amigos. Hye-jun, que había decidido poner todos los huevos en la misma cesta a sabiendas del riesgo que corría (un manager muy rico se enamoró de él, pero no abusó nunca del joven; el film muestra respeto por los sentimientos del empresario) y aspirar a convertirse en actor de serie televisiva saltando desde la pasarela a las pantallas, y soportando por ello la incomprensión de la sociedad y de su propia familia, con la excepción de su madre y su abuelo, una historia mil veces contada, pero que añade matices interesantes, como la insistencia en  otra realidad menos comentada: ni todo se consigue a los 20 años, ni los éxitos precoces, apoyados en la fortuna, son consistentes, e incluso se pueden empezar carreras arriesgadas, como la de modelo, a los 70 años. El abuelo de Hye-jun lo logra, un hecho no desconectado de la realidad actual como revelan los catálogos de algunas marcas que incluyen modelos de cualquier raza, orientación sexual, pero también edad. Todos son posibles clientes.

La serie se aleja del cine indie y su empeño en presentar historias no contextualizadas en periodos históricos o momentos concretos, centrándose en los personajes y sus características personales, anímicas o sentimentales,y buscando en todo momento la transversalidad. Como en muchas otras series, Park Bo-gum representa un joven resiliente, que ríe de día y llora de noche en la soledad de su cuarto (su máxima aspiración es tener una habitación propia, separado de su abuelo, para dar rienda suelta a sus sentimientos), capaz de soportar las mayores villanías hasta que llegue el momento oportuno de desmontar rumores malignos dirigidos a hundir a quien se ha hecho una carrera con tanto sufrimiento. Estamos comprobando que este tipo de personajes, en la vida real, tiene bastantes posibilidad de salir airoso de las trampas diseminadas en su camino. Muchos villanos han comprobado el resultado positivo para ellos de 'mantenella y no enmendalla' cuando han cometido actos spurios o errores no buscados; nuestro personaje, un chico bondadoso y muy humano, pero fuerte,  aguanta  estos envites con la misma fortaleza y se guarda barajas que puede sacar en el momento oportuno.

La reunión de los tres jóvenes en su atalaya, cumplido ya su servicio militar, pone el broche final a esa juventud exenta de responsabilidades, parafraseando visualmente el poema de William Wordsworth, 'Esplendor en la yerba', una etapa en la que 'no todo han sido rosas', como le advierte a Cole Porter su mujer moribunda en De Lovely, (2004), de Irwin Winkler, a pesar de ello se buscará la reconciliación de los padres, que han buscado, aunque sea equivocadamente, lo mejor para sus hijos, y abre una puerta al reencuentro con el último amor antes de iniciar la carrera de la vida adulta. La que empieza siendo una película poco empática, especialmente por el gesto distante, aunque expresivo del protagonista, al que cuesta coger cariño, así como al personaje femenino principal no demasiado atractivo, (conmueven más las mujeres que encarnan a madres jóvenes e incluso sensuales), el film va ganando en solvencia y nos muestra, a los que ya lo hemos olvidado, el peso que tiene en las carreras profesionales que se inician en la juventud el servicio militar obligatorio, que las parte y con frecuencia las arruina, un deber que siguen cumpliendo en Corea del Sur y que duele a las familias.


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