Nomadland. Chloé Zaho. Crítica

 




EL HUNDIMIENTO DEL TITANIC CON TODOS SUS PASAJEROS DENTRO


Ficha técnica, intérpretes, lo que se dice (Pinchad aquí)


Cerca de mi casa hay un hombre de edad indeterminada que duerme en la calle, habla a gritos con otro que anida en su interior, en su espacio esquizofrénico, se desespera y no deja dormir a los vecinos. Ambulancias y policías se lo llevan, quien sabe dónde, y al día siguiente vuelve a su 'hogar' bajo las estrellas, porque no tener casa no es un delito, ni estar enfermo tampoco; la última vez cuando regresó de su viaje forzado, tapaba su rostro con una capucha. ¿Por qué? porque le habían rapado la cabeza, lo habían afeitado, y él se sentía desnudo. ¿A quién le importa? Los vecinos, con fastidio, recogen firmas, pero se estrellan contra la voluntad de un individuo que puede estar en la calle, porque también es suya.¿Qué quiero decir con esto? Este joven clochard, 'este inmundo mendigo', ha descendido algún escalón más que Fern, la nómada que representa Frances McDormand, y si nos fijamos bien, si elevamos la mirada al reducido trocito de cielo que el marginado contempla desde su posición recostada contra la pared, sin el cómodo triclinio clásico, podremos encontrar la trascendencia malickiana, y podremos entrever al 'dios' al que habla y que se deja ver en los rayos de luz que atraviesan las nubes. Pero la gente, al pasar por su lado, especialmente cuando no está 'arropado' (a veces le pegan) por sus compañeros de destino sólo ve las botellas de naranjada (probablemente mezcladas con algo de alcohol para poder soportar el frío de la noche) y sus escasas pertenencias amontonadas en una caja de cartón. De tanto en tanto limpia el suelo lleno de orines, con un papel mugriento. Por no tener no tiene ni esa furgoneta tuneada con la que se desplaza la norteamericana. 'El personaje de McDormand, dice el filósofo Luís Martínez, viaja, como el santo para no ver, para alcanzar la posibilidad del misterio. Y de la luz." Del mismo modo el joven que vive en la calle no levanta la vista del suelo, porque lo que está un poco más arriba está, además, fuera de su alcance. Como veis, se puede filosofar sobre todo.

Pero Chloé Zaho no se centra tanto en la crisis norteamericana, cada día más evidente, como muestra la extradiégesis de  esta película que en otros tiempos hubiera triunfado en Sundance, su medio natural, pero ahora es posible que obtenga un Oscar, de la mano de una joven cineasta de 29 años, gracias a la parálisis que cada día es más evidente tras la era Trump. La única alusión al hundimiento del Titanic se hace al comienzo de la película cuando se cierra una empresa en la que trabajaba Fern, y esta decide errar por su país con su vieja furgoneta, aprovechando trabajos temporales, sin que se haga visible esa grieta por la que se filtra la luz de que habla Jessica Bruder, autora del texto en que se basa el guión. Y eso es lo que transmite el film de la joven Zaho (nacida en Pekin), pero también lanza un mensaje parecido Lee Isaac-chung, un norteamericano de ascendencia coreana que en 'Minari: Historia de mi familia' nos cuenta cómo los norteamericanos no sólo han perdido su sueño, sino que son incapaces de soñar uno nuevo y ven cómo su galardón más preciado se lo llevan año tras años los países emergentes, mientras los créditos de sus películas se llenan de nombres orientales, de gentes marrones y amarillas, como apunta certeramente Ramin Bahrani en 'White Tiger'. Una nación que, fuera de algunos enclaves de la costa, está poblada de paletos que se cosen las heridas porque no pueden pagar a un médico, y que decepciona a aquellos que llegaron buscando el vellocino de oro, tras una serie de guerras que ensangrentaron sus paises, y acaban aceptando la superstición y la ignorancia de los rednecks buscando agua con un zahorí, mientras crece libremente en el campo el minari que trajo la anciana de Corea, una yerba que pueden utilizar los pobres y los ricos, y les proporciona confort y salud.

Fern es una mujer dura, hosca, ruda, que no busca la belleza ni siquiera en los modestos bad-lands que visita; que se relaciona con los que han optado por una vida nómada como una religión, a la que tampoco se apega, porque no quiere tomar cariño a nada ni a nadie, y que huye de cualquier muestra de afecto, incluso cuando le advierten caritativamente que hay lugares donde dormir en noches de descenso de las temperaturas. Si alguna vez permaneció en un puesto de trabajo determinado (fue cinco años profesora, no importa de qué) o en una una casa con cimientos en el suelo, que Zaho deconstruye estancia a estancia, fue porque estuvo casada con un hombre al que quería, sacrificando su deseo de vagar. No es la crisis la que la empuja, es su desasosiego que le impide permanecer siempre en el mismo sitio. A pesar de la presencia del trabajo de 'actores' no profesionales, que dan al film un carácter en parte documental, no existe un lamento de una víctima de cualquier crisis, ya sea económica o pandémica, sino una elegía de esta forma de vida, que aleja la película de cualquier tentación de denuncia de la existencia de una 'basura blanca', una white trash  depauperada que canta country alrededor de una hoguera. 'Nomadland' es eso y nada más; no existe ninguna relación con el pionero que buscaba oro y construyó el ferrocarril, por lo que cualquier signo de trascendencia suena a muy falso e hipócrita, especialmente cuando la cámara se aleja y nos muestra a Fern al borde de un acantilado como 'el caminante sobre el mar de nubes' de Friedrich. Puede que tras cada una de nuestras decisiones, ya sea quedarnos en casa para frenar un virus, o salir de fiesta para alimentarlo, haya una decisión romántica que gire en torno a la vida o la muerte, pero tanto  la protagonista de Zaho, como el hombre en su triclinio de piedra de mi barrio, no son el emblema  de una trascendencia divina, y los que pasan por su lado no advierten cuánto puede haber de humano en su errar o permanecer quietos. Un relato para los amantes de la historias de personajes peculiares, narrada sin ningún tipo de adorno, ni cromático, ni sonoro, ni visual, que cuenta la vida de hombres y mujeres que han decidido desprenderse de todo, incluso del cariño de sus iguales.








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