Clickbait. Tony Ayres. (Miniserie TV). Crítica.

 




Ficha de identificación,  sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí)



Creo que ha llegado el momento de dejar  bastante claro que no se puede analizar el presente con presupuestos del pasado, que no podemos contemplar la delincuencia nacional e internacional actual bajo el prisma de la Ley Volstead (Acta de Prohibición o Ley seca, promulgada en 1919 en Estados Unidos) que prohibía la fabricación, venta o importación de bebidas alcohólicas en todo el país, y a cuya sombra florecieron las mafias que inspiraron todo el cine negro norteamericano, que sigue siendo contemplado por más de uno, entre ellos muchos críticos, como la era del llamado séptimo arte por excelencia, cuando ya comenzaba a emerger con fuerza el cine sonoro y en color (nacidos ambos a finales de la década de los años 20), tranquilizando el ánimo de intelectuales horrorizados por el nacimiento de un nuevo modo de representación que amenazaba el literario, basado en la escritura, cuya diégesis completaba el lector con su imaginación.

Baste recordar lo que escribió Maximo Gorki, "gran apóstol del naturalismo literario, quien pondría límites al entusiasmo que provocó el invento de los Lumiére: "La noche pasada estuve en el Reino de las Sombras. Si supiesen lo extraño que es sentirse en él. Un mundo sin sonido, sin color. Todas las cosas - la tierra, los árboles, la gente, el agua, el aire - están imbuidas allí de un gris monótono. Rayos grises del sol que atraviesa un cielo gris, grises ojos en medio de rostros grises y, en los árboles, hojas de un gris ceniza. No es la vida, sino su sombra, no es el movimiento sino su espectro silencioso (...) Y en medio de todo, un silencio extraño, sin que se escuche el rumor de las ruedas, el sonido de los pasos o de las voces. Nada. Ni una sola nota de esa confusa sinfonía que acompaña siempre los movimientos de las personas" Para él no era la vida, sino la muerte. Es un texto precioso, seleccionado por Noël Burch, que expresa con claridad las exigencias de la ideología naturalista de la representación, compartidas por casi toda la europea.*

Hoy todo esto debía estar superado, pero no es así. La miniserie que han creado Tony Ayres y Christian White, Clickbait, demuestra de nuevo que muchos siguen anclados en el cine mudo y en blanco y negro, y como mucho han avanzado hasta el esplendor del cine negro y la época de represión del macartismo. Da la impresión de que el cine norteamericano se mueve en uno de los polos de la dicotomía que planteó el filósofo positivista David Hume (Tratado sobre la naturaleza humana, texto calificado de Ley de Hume o Guillotina de Hume), la del 'ser', inspirada en un espíritu pragmático, movido por el deseo de representar la acción frente al ensimismamiento de la reflexión, mientras que los europeos caminamos por la senda del 'deber ser' que nos impide avanzar y romper moldes. El filósofo inglés establece una diferencia entre la descripción (cómo son las cosas) y la norma (cómo deberían ser). Si tachamos nuestro ojo y miramos a través de las cámaras de los realizadores de la serie veremos las cosas como nos las quieren contar sus responsables.

La estructura del relato es sencilla. Está dividido en ocho episodios, cada uno de los cuales tiene el nombre de uno de los personajes de esta historia y su relación con las redes sociales y, como consecuencia, con el desenlace de esta triste historia, a cuya participación estos hombres y mujeres se ven abocados de acuerdo con su relación con la víctima y su implicación, mayor o menor en internet: La hermana, el policía, la esposa, la amante, el periodista, el hermano, el hijo y 'la respuesta'. Como contexto la sociedad líquida y transversal en que estamos inmersos y que fue descrita por Zigmunt Bauman. Cada vez adquieren mayor importancia los delitos cibernéticos que están poniendo al descubierto que incluso la policía de muchos países está más preparada para la lucha cuerpo a cuerpo de los llamados 'robagallinas' que para enfrentarse a los nuevos delincuentes virtuales, que incrementan el número de perfiles para adaptarlos a sus potenciales víctimas que abundan en las redes, depredadores sexuales, defraudadores de todo tipo, que adecúan la imagen de hombres de éxito, relevantes, para engañar a quienes están necesitados de cariño y protección o simplemente se acaban cruzando por azar con sus verdugos, como es el caso del protagonista, Nick Brewer.

Con frecuencia quienes se mueven por las redes sociales se encuentran con varios dilemas: ¿Quién es el que está realmente detrás del perfil con el que han conectado? Pocas veces reciben la constatación de la existencia real del personaje a través de la prueba más evidente, ese selfie que los jóvenes intercambian con tanta soltura con sus amigos. Cualquier excusa es buena para el depredador. ¿Qué defrauda a algunos de los críticos de 'la respuesta' de esta historia? Quizá el hecho de que los protagonistas del engaño sean personas corrientes, que en nada se parecen, ni física, ni emocionalmente, a quienes se comunican en los diferentes chats e incluso páginas de contactos, y no redes mafiosas de todo tipo, que pueden llegar a hundir grandes empresas públicas y privadas con los ataques de hackers bien formados en estas tareas. Sin embargo cada vez son más las personas que, confiando en las posibilidades de aproximación de individuos entre sí, acuden a estos sistemas para relacionarse, aunque sea virtualmente, con otras personas. La cantidad se impone en este caso a la calidad.

La serie da mucho miedo porque aborda un tema muy real, y creo que todos la debiéramos ver. Disponible en Netflix.







* El sueño de Frankenstein y Maximo Gorki. cinelodeon.com, 5 de Noviembre de 2010. 

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