El juego del calamar. Crítica.

 


UNA DISTOPÍA SURCOREANA SOBRE LA NATURALEZA HUMANA, EL DINERO, LA CORRUPCIÓN, QUE ABRE UN ESPACIO PARA LA ESPERANZA EN QUE UN MUNDO MEJOR ES POSIBLE.


Ficha de identificación, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí) 



Hwang Dong-Hyuk, realizador de 'El juego del calamar', se erige como una nueva esperanza del cine de ficción cínico y en ocasiones inhumano que acerca la forma de denunciar los excesos de una parte de la población sobre los más débiles, al menos en apariencia, por su empatía con los de su misma especie, más incluso que por el escalon socio-económico en que se encuentran. El relato contempla a la sociedad dividida por los estigmas que se han ido creando a lo largo de la historia, -el sexo, el lugar de nacimiento o la edad -, una historia que soportan actores de la talla de Lee Jung-hae, como protagonista principal en el papel de Seong Gi-hun, Park Hae, Park Hae-soo. en el de su contrincante principal, Cho Sang-woo, Wi-Hajoon, como policía infiltrado, enfrentado a su hermano,  Lee Byung-hun, el  Hombre al frente del espectáculo, la mayor parte del desarrollo de la trama con el rostro cubierto por una máscara, o Jun Hoyeong, una de las mujeres del grupo de participantes en este macabro entretenimiento. Una serie que ha tenido gran repercusión tanto en oriente como en occidente, con unas derivadas sociales ajenas a la intención del guionista-director.

Noël Simsolo es de la opinión de que si una historia es muy violenta pero está descontextualizada, cuando el impacto decae pierde fuerza. No es el caso de este cuento tenebroso, en el que unos hombres importantes que se cubren el rostro con máscaras de oro y piedras preciosas con la forma de diferentes animales salvajes, organizan unos juegos, (el último es el que llaman  del Calamar) raptan a unos desgraciados, jugadores que lo pierden todo en su competición por el caballo ganador de una carrera, y que están dispuestos a arriesgar su vida en el envite. Tienen claro, al menos el jefe de un grupo de matones, que han llegado hasta allí para matar a los demás y quedarse con el dinero en juego. Todos ellos muestran una total falta de empatía, que se pone de manifiesto en las relaciones entre algunos de estos hombres y las mujeres competidoras (muchas menos pero igual de miserables), y confirman la creencia de uno de los organizadores de que la humanidad   está formada por una 'asquerosa y maloliente' basura humana. El Juego del Calamar es una peligrosa diversión de los niños, y el último de los que organiza este grupo de ricos sádicos, en el que se enfrentan dentro de 'sambori' dibujado en el suelo, hasta la muerte un atacante y un defensor. El que supervive gana.

A pesar de la crueldad de este relato distópico, el cuento no es todo lo cínico que podría ser, gracias al giro final, en el que el protagonista rechaza la idea de ser considerado un caballo que compite en un hipódromo, y que la redención de cualquier hombre, por malvado que sea, es posible. Es conmovedor el grito de este hombre que vive de su anciana madre a la que saquea con frecuencia sus modestos ahorros, consciente de que la mujer sufre cuando llega tarde a casa, llamándola como lo hace habitualmente, pero en esta ocasión desesperadamente. Entre los contendientes un intruso, miembro de la considerada ineficaz policía surcoreana. Ganar dinero, dice un organizador-prestamista, es difícil, y empuja a los hombres a mentir,  hasta el extremo de que nadie cree ni en su propio nombre, y que se sorprende de que haya alguien que crea en los humanos a pesar de ser una víctima clara de la organización de la sociedad. Un planteamiento ético que quizá sitúa al hombre en su verdadera magnitud, por mucho que los mafiosos intenten oscurecer esta realidad.

La vida es finita, viene a decir el cuento, y unos la aprovechan de forma ventajista, aunque siempre hay alguien que lucha por la dignidad y la justicia y que, por lo menos hasta ahora, si no ha ganado las batallas si ha conseguido ganar las guerras, frente a quienes se inventaron la forma de liquidar a los demás  incluso para divertirse.. Un canto a la esperanza que, en los duros tiempos que corren es de agradecer. Giro final que aligera las penas del que sufre los abusos. Nada que ver con esa versión de la serie que la presenta como un divertimento violento para los amantes del género sin vocación de compromiso.


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