The Batman. Matt Reeves. Ficha de identificación. Crítica.

 


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HOMO HOMINI LUPUS EST. UN SUPERHÉROE DISTÓPICO, OSCURO Y EXCÉPTICO, COMO EL TIEMPO QUE NOS HA TOCADO VIVIR.



Ficha de identificación:


Título original: The Batman
País: Estados Unidos
Año: 2022
Duración: 175 minutos
Género: Adaptación novela gráfica, fantástico

Dirección: Matt Reeves
Guion: Matt Reeves, Peter Craig. Personajes de DC Comics, creados por Bob Kane, Bill Finger
Dirección de Fotografía: Greig Fraser
Música: Michael Giacchino

Compañías productoras: Warner Bros., DC Entertainment, 6Th  & Idahio Productions; distribuidora: Warner Bros.


Reparto:


Robert Pattinson: Bruce Wayne
Zoë Kravitz: Selina Kyle
Jeffre Wright: Teniente James Gordon
Colin Farrell; Oz
Paul Dano: Enigma
John Tuturro: Carmine Falcone
Andy Serkis: Alfred
Peter Sarsgaard: Fiscal de Distrito Gil Colson
Barry Keoghan: Prisionero invisible de Arkham
Jayme Lawson: Bella Real
Gil Perez-Abrham: Oficial Martínez
Peter McDonald: Kenzie
Con O'Neill: Jefe Mackenzie Boch


Sinopsis:


Cuando Enigma, un conspirador cibernético convertido en un terrorista que capitanea a 500 de sus seguidores comienza a asesinar a figuras políticas, judiciales y policiales de la ciudad de Gotham, 'El Batman' (y esta forma de denominarlo no se puede considerar un laísmo, sino una construcción cargada de contenido semántico), Batman se implica en la investigación de la corrupción muy extendida de la ciudad, como consecuencia de la cual deberá cuestionarse la honorabilidad de su familia.


Lo que se dice:


El film ha sido muy bien valorado tanto por la prensa como por los usuarios. La página española Filmaffinity publica una nota media de 7,6, basada en 5,345 votos, una media que, como es habitual eleva en un punto, 8,6, la norteamericana Imdb, pero valiéndose de la participación de un sector de sus usuarios mucho más amplio: 150 usuarios. 


Hay muchas reseñas sobre el film que ha realizado Matt Reeves, y no vale la pena citarlas (sólo dos se han atrevido a suspender el trabajo del llamado director más abstracto de los que hacen películas mainstream por Luís Martínez), que a estas alturas Pedro Almodóvar ha empezado a decir expresamente que le caen simpáticos, especialmente porque están salvando el culo de muchos cineastas mediocres. Reconozco que hicieron más por concienciar a la humanidad Anthony y Joe Ruso en  Vengadores: Infinity War, que un montón de realizadores que se las dan de autores. Curiosamente saludé este film con dos tagline premonitorios en abril de 2018 (va a hacer cuatro años), cuando nadie esperaba la llegada del COVID y el cambio del modo de producción: Todo huele a fin de era y Marvel  se emplea a fondo. Reconozco que, muchas veces, me gustaría sentarme en la butaca de un cine o en la sala de estar de mi casa, y masticar palomitas para disfrutar únicamente viendo como corren de aquí para allá los actores, cómo entran y salen de campo, fijarme en si los diálogos están bien o mal construidos, si las carreras de coches son divertidas...Pero cada uno es como es y no lo puede evitar ni dejar de transmitirlo a los demás. Hoy, dos años después de que en mi país se declarara el estado de alarma ante la aparición de un coronavirus que infectaba los cuerpos y que la ciencia no sabía curar, críticos como Luís Martínez  sostiene que Matt Reeves nos muestra una Gotham (lo mismo que El Batman usó el artículo para señalar las diferencias dentro de lo que solo en apariencia es singular o único: el Batman de Reeves distinto al de Burton o Nolan) convertida en digna metáfora de una realidad de pandemias, guerras ultranacionalistas, cambios climáticos irreversibles y crisis, mucha y redundante crisis. Un crítico con el que no siempre coincido pero  que me parece un lujo poder disentir de él .

Hay varios aspectos formales que conviene destacar, no solo analizando el timing espacio-temporal, el ritmo, los diálogos, etc. sino la puesta de los recursos audiovisuales al servicio de lo que el director con la ayuda del guion quiere contar: presencia de unos personajes que han entrado ya de hoz y coz en la era tecnológica que está dando sus primeros pasos (veremos que es eso del metaverso) e intentan cambiar el mundo, de una u otra forma, en beneficio propio o de la imaginada colectividad, sirviéndose de las nuevas incorporaciones de la ciencia no sólo a la comunicación sino a la invasión de la privacidad pública y privada. Pero junto a esta realidad que avanza a pasos agigantados, Reeves ubica su historia en una ciudad gótica; no es sólo que no aparezca  la batcueva, dotada de los últimos medios cibernéticos, es que la casa de Bruce Wyne parece la guarida de Drácula. Es una forma elegante de contrastar visualmente el mundo en el que estamos entrando, con los medios de producción concentrados en muy pocas manos (no voy a dar porcentajes porque cada vez es más difícil separar lo público de lo privado), y la permanencia de la mayor parte de la sociedad en un sistema de pensamiento acorde con un modo de producción que se deshace como un azucarillo en una taza de café hirviendo, mientras quienes dirigen esta especie de ciudad-estado, aunque en algún momento se habla de otras áreas del país, hacen bueno el axioma de Honoré de Balzac cuando dijo: "Detrás de cada fortuna siempre hay un gran crimen". Aunque se trate de la familia de un Bruce Wayne que ha perdido la inocencia. Uno de estos gángsteres  afirma en una conversación distendida de mafiosos que ahogan la ciudad de Gotham: "Rusia se ha hundido por  su austeridad". Y no le falta razón. La URSS tenía muchos sabios, escritores, cineastas como Eisenstein, medallistas deportivos, licenciados de todas clase, pero no tenía... pantalones vaqueros. Y, aunque parezca mentira, quien haya conocido rusos o haya estados en la época de su decadencia en este país conocen esta realidad. 

Pero el director estadounidense (La otra cara del crimen, Déjame entrar, Cloverfield  o El amanecer del Planeta de los Simios) denuncia en primer lugar la decadencia política, económica y social de su país, no se escaquea, su corrupción generalizada y la impotencia de sus ciudadanos, emblematizada en un Superhéroe oscuro, representado  con brillantez por un soberbio y a la vez sombrío y triste Robert Pattison, que cuando quiere volar se estrella en el suelo, y cuando está a punto de caer desde los pisos altos de un rascacielos es salvado por una mujer joven y delicada, Cat Woman, más escéptica que él sobre el futuro de su país, y especialmente de una ciudad distópica, cuyas calles aparecen tan llenas de basura como muchas de las grandes avenidas de Nueva York (ved fotografías en Imágenes de Google), Filmada, al igual que otras distopías norteamericanas, entre ellas Blade Runner de Ridley Scott, por la noche o simulándola, y con un protagonista al que Alfred, en cierta ocasión, le invita a lavarse, da la imagen de la decadencia de la hasta ayer primera potencia mundial. Contra este stablishment que busca solo su propio beneficio, un grupo de internautas que no miden bien sus fuerzas (apenas 500 seguidores en las redes) deciden hacer su revolución, pero esta vez especialmente intentan destruir a 'El Batman', dondequiera que esté y tantos cuantos puedan aparecer. Es decir, su lucha contra el individualismo americano que genera estos personajes, pero que a la par resulta muy atractivo en todas las latitudes de nuestro mundo. En una conversación con el héroe, cuya identidad desconoce, reconocen ambos que los hombres son realmente auténticos cuando se ponen su máscara y no se cohíben ante nada ni ante nadie. Ya se empiezan a ver ciertas secuencias en el cine americano en las que los asiáticos son atacados por grupos de hombres allí donde se los encuentran; no cabe duda donde empezó el odio a los 'amarillos'.

Por último (el film da para hablar sin parar) hay que reconocer el trabajo concienzudo de los especialistas en maquillaje y peluquería en la caracterización de actores como Colin Farrel (increíble) como Oz, imposible de reconocer si no sabes quién está detrás del personaje. Muchos creadores de opinión ya han empezado a quejarse de que en obras tan complejas como las cinematográficas les interese a muy pocos quienes, ya pertenezcan a sectores como la prensa o el público, quienes eligen a los actores, los caracterizan y contextualizan sus acciones apoyándose en todos los avances de la ciencia y la tecnología. Una película magnífica que demuestra que todavía corre la sangre por las venas de los realizadores norteamericanos que convirtieron su país en la Meca del Cine. 







1. The Batman: Un soberbio espectáculo al anochecer o lo contrario del pastoso Spiderman que tanto gusta. Luís Martínez, Diario 'El Mundo'


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