Larva: Aventuras en la isla. Ahn Byoung-wook. Ficha de identificación y crítica.

 


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LA PRIMERA PELÍCULA CÍNICA Y ESCATOLÓGICA COREANA QUE VEO ES DE ANIMACIÓN


Ficha de identificación:


Título original: The Larva Island Movie
País: Corea del Sur
Año: 2020
Duración: 89 minutos
Género: animación, infantil, secuela

Ficha técnico-artística:


Dirección: Ahn Byoung-wook
Guion: Meang  Joo-gong, Kang Min-seong, Ahn Byoung-wook
Dirección de Fotografía: animación
Música: Varios; Director música: Kim Chang-beom
Directores artísticos: Choi Byeong-hwan, Lee Man-joong
Diseño Background: Kim Bo-mi

Productor: Seok Sang-wan, Nam Sang-won, Park Keung-hon
Productores ejecutivos: Kim Kwan-yong, Lee Sang-koo, Meang  Joo-gong
Compañía productora: Tuba; distribuye Netflix


Reparto:


Animación



SINOPSIS:

Al volver a casa Chuck le cuenta a una reportera como es su vida en una isla con sus chiflados amigos Rojo y Amarillo.


LO QUE SE DICE.


La película de animación surcoreana no ha sido bien acogida en Occidente, acostumbrado a una larga tradición del género desde la época de Disney hasta todas las fórmulas actuales. La nota media que le ponen los lectores de Filmaffinity es de 4,6, basada en el voto de 111 de sus lectores, una media que Imdb eleva a 5,1, con una base pequeña, pero seis veces superior a la española: 657 de sus usuarios. John Serba (Decider) advierte de que, aunque la animación no es buena, tampoco es terrible ¿?, si bien parece realizar una prueba de resistencia de los espectadores al extender una fórmula chistosa 90 minutos.


CRÍTICA:


En primer lugar la animación no es tan horrible como dicen, lo que sí llama la atención es el background, que, por cierto, si no lo interpreto mal, parece tener un director, y es bastante inusual en nuestras latitudes, ya que un náufrago humano comparte su soledad en una isla con otros seres vivos, unos animales insignificantes (al comienzo del film se muestra un escarabajo pelotero), unas asquerosas larvas que parecen nacidas para amargarnos la vida y que dan todo tipo de espectáculos escatológicos y soeces, a los que la historia da cierta utilidad  y en eso se diferencian de nuestros animalistas, en que merecen su atención aquellos animales que pisamos, liquidamos con todo tipo de venenos e insecticidas, y aquí forman una comunidad con el protagonista. A medida que el relato avanza y nos acostumbramos a estos seres que cumplen su función en el  mantenimiento del equilibrio medioambiental, y cuya desaparición está favoreciendo el desarrollo de las zoonosis que están azotando a la humanidad,  empezamos a entender algo de lo que nos han querido contar los creadores de la historia y los diseñadores de este pequeño universo en el que aparecen los residuos más inesperados en un pequeño islote, no solo botellas de plástico y otras piezas que permiten al joven hacerse sus primitivas embarcaciones, sino viejos juguetes, antiguos transformers que todavía tienen utilidad y han sido despreciados por sus antiguos dueños. Al final, cuando la acción se intensifica y el espectador comienza a entregarse a este juego, acaba comprendiendo que detrás de esta modesta en apariencia película de animación, hay una verdadera reivindicación de lo que cotidianamente despreciamos. Una forma de ver la vida de los coreanos del sur que siempre nos sorprenden.


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