Tú no eres especial. Creadora: Estibaliz Burgaleta.

 



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EL CINE ESPAÑOL A EXAMEN EN LAS SERIES. UNA APROXIMACIÓN: UNA MADRE LE DICE A SU HIJA, "¿QUIERES QUE TE HAGA UN SPOILER DE LOS QUE VA A SER TU VIDA?". LA ADOLESCENTE CONTESTA: UNA PUTA MIERDA. ESTE ES EL TONO



Ficha de identificación:


Título original: Tú no eres especial
País: España
Año: 2022
Temporada 1; episodios 6; duración 35 minutos
Comedia juvenil. Brujería

Creadora Estibaliz Burgaleta
Dirección: Estibaliz Burgaleta, Inma Torrente
Guion: Estibaliz Burgaleta, Alberto Grondona, Sergio Granda
Casting: Eva Leira. Yolanda Serrano
Dirección de Fotografía: Miguel Gilaberte
Dirección artística: Julio Torrecilla

Diseño de Vestuario: Carlos Díez

Productor: Pau Oria
Compañías productoras: Oria Films; distribuye Netflix


Reparto:


Delia Brufau: Amaia
Oskar de la Fuente: Javi
Elia Galera
Delia Brufau: Amaia
Andrew Grace: Asier
Jordi Aguilar
María Mercado

SINOPSIS:


Amalia es una adolescente que, de la noche a la mañana, tiene que decir adiós a su vida en Barcelona para ir al pueblo de su madre, donde nunca ocurre nada...hasta que descubre el pasado de su abuela, con fama de haber sido la única bruja del pueblo. Hace creer a sus compañeros de clase que ha heredado sus poderes.


LO QUE SE DICE:


Todavía no hay valoraciones, excepto la de la página Imdb, que le atribuye un 5,6, basado en el voto de 28 espectadores. Frente a esta discreción Lia Rosen (Diario La Tercera) muestra cierto entusiasmo cuando afirma que es uno de los estrenos más refrescantes de la temporada.



CRÍTICA:


No estaba equivocada Lia Rosen (Diario La Tercera) cuando afirmaba que es quizá una de las películas más frescas de la temporada, al menos en el cine español, que une al encanto de sus protagonistas una narración ágil y cautivante. No en balde está dirigida por Estibaliz Burgaleta, Tutora en el Master de Guion de la ECAM (Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de Madrid ) y guionista de televisión.  La entrada en campo de Delia Brufau funciona como el título de un manifiesto, tomada de cintura hacia abajo, fragmentada de una manera tan significativa que la ubica en el universo líquido y transversal, el de la 'trampa de la diversidad', de que habla Daniel Bernabé, que ha confundido en un solo movimiento, al que algunos han saludado como la cuarta ola del feminismo, protagonizada por adolescentes, el movimiento lgtbi, el trans y el de igualdad de las jóvenes, ya que su discurso apenas contempla a las mujeres que han rebasado la treintena. Con este plano termina un gran racconto, una estructura circular que se cierra al final y explica lo que resulta incomprensible para el espectador al comienzo de la película. 

La guionista, creadora de la serie y directora no se ha dejado ningún cabo suelto: las jóvenes con exceso de peso, más o menos llamativo, las niñas racializadas, los gays, las lesbianas, y todo ello en un pueblo del País Vasco al que acude la protagonista y su familia, compuesta  por una joven madre madre y sus dos hijas, una adolescente y una niña racializada, huyendo del divorcio, el paro y la necesidad desde la ciudad de Barcelona a su pueblo natal, donde tiene una gran casa de una madre que acaba de fallecer; en ningún momento tenemos la impresión de que se escapan de la pobreza; la casa es solariega, con un gran porton, y no hay ninguna dificultad para convertirla en poco tiempo en una vivienda digna de una portada de revistas de cómo decorar tu casa. La cámara no mira con la misma condescendencia a la madre que a la hija, y los ligues de la progenitora son de alguna manera vistos con un mirada censora, o al menos no complaciente. La hija, cuando le falla una fiesta, lamenta que los condones que iban a usar ella y sus amigos vayan a ser aprovechados por su madre, así como las bebidas y el anju , como llaman los coreanos del sur al acompañamiento que se consume, según cada tradición,  junto a cada bebida alcohólica, que había preparado la adolescente. Hay más que nos reservamos para evitar el espoiler.

No pasa desapercibido a la sensibilidad de hombres y mujeres de nuestra sociedad, con independencia de su formación y su ideología, el hecho de que se ha producido un corte entre el feminismo histórico y los movimientos en contra de la discriminación del otro, englobando reivindicaciones como la del Fast From, la racialidad, la división de los chicos y chicas en binarios y no binarios, etc. De nuevo cuando entra en juego un hombre mayor que busca sexo entre los jóvenes, éstos los rechazan abiertamente, y es fácil caer en la trampa porque en las apps de contactos con frecuencia no se pone la fotografía de los interesados, por diversas razones, que no siempre tienen que ver con la edad. No es país para viejos. Eso forma parte de otras guerras, como la lucha contra el edadismo. No estoy segura de si esta era la intención de Estibaliz Burgaleta, pero lo ha sabido plasmar desde el primer fotograma perfectamente. A partir de ese momento la serie adquiere un tono de Feel Good Movie, en la que todo es agradable, joven, amable, con pequeñas incursiones dolorosas de los padres y la orientación sexual de estos, a los que la cámara no trata como hombres y mujeres con los mismos derechos que los de su descendencia, sino mostrándolos como depravados y vergonzantes. Queramos o no estamos inmersos en esta sociedad líquida y transversal de que habla Bauman, en la que no deja de tener presencia la religiosidad de unas familias que van a la iglesia pero se pasan por el forro cualquiera de sus mandamientos.

Los jóvenes actores lo hacen bien, y los mayores están en su papel. Metidos ya en el País Vasco ¿Por qué no hablar de brujas? ¿Las de Zugarramurdi? Al final todo queda muy abierto, aunque sin profundizar demasiado, ni venirse muy abajo o muy arriba. ¿Una bruja es una adolescente encantadora que hace el Bachillerato? ¿ Amaia es una catalana en el País Vasco vista desde Madrid? En definitiva, la serie se ve bien y de un tirón, y aunque parezca que hablamos de centennials o de alphas, en realidad está haciendo un retrato bastante fiel de nuestra sociedad, en la que los jóvenes hacen fiestas en las que beben litronas de calimocho y, aunque tengan sus conflictos, acaban arreglándolos. No todos. Yo me atrevo a recomendarla, aunque la narración nos acerca tanto a la realidad que parece ponernos a todos ante un espejo, y eso adquiere la categoría de legado a las generaciones futuras de aquello en lo que creía y que materializaba la sociedad del comienzo del siglo XXI, cuyo recorrido soy incapaz de predecir, aunque ya hemos visto las consecuencias. La secuencia que abre y cierra la serie demuestra que nadie es tan abierto como parece.

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