Belleza salvaje. (Miniserie) Creador: Lebogang Mogashoa. Ficha de identificación y crítica.

 


El copyright de las imágenes pertenece a sus autores

y/o las compañías productoras y distribuidoras


UNA HISTORIA SUDAFRICANA HECHA POR DIRECTORES Y GUIONISTAS AUTÓCTONOS


Ficha de identificación:

Título original: Savage Beauty
País: Sudafrica
Año: 2022
Temporada 1; episodios 6; duración 45 min. aprox.
Género: político

Creador: Lebogang Mogashoa
Dirección: Denny Y.Miller, Thati Pele, Rea Rangaka
Guion: Lebogang Mogashoa, Nelisa Ngcobo, Neo Sibiya
Casting: Terry Pheto
Dirección de Fotografía: Tom Marais
Música: Kyle Shepherd, Spyce Bro
Edición: Mmapula Letsoalo, Aluta Mitsana, Matthew Swanepoel
Dirección artística: Rita Neethling
Decorador del set: 

Diseño de Vestuario: Sulet Meintjes
Diseño de maquillaje: Theola Booyens
Estilista de peluquería: Johnny Mokgosi

Productores: Siphiwe Hlabangane, JP Potgieter
Productores ejecutivos: Harriet Gavshon, Nimrod Geva, Lebogang Mogashoa
Diseño de producción: Marna Heunis
Compañías productoras: Netflix, Safe Sets; distribuye Netflix


Reparto:


Dumisani Mbebe: Don Bhengu
Eosemary Zimu: Zhinle
Nthali Moshesh: Grace Bhengu
Jesse Suntele: Phila Benghu
Oros Mampofu: Ndu Bhengu
Nambitha Ben-Mazwi: Linda Bhengu
Angela Sithole: Thando Bhengu


SINOPSIS:


Una enigmática mujer, decidida a vengar su pasado, se infiltra en una familia poderosa, dueña de un  imperio de la belleza global, que esconde un siniestro secreto. 


LO QUE SE DICE:


La serie ha sido mejor recibida por la prensa que por el público, que aprueba el film con un 5,1, basado en tan solo 40 votos en la página española Filmaffinity. La norteamericana Imdb eleva esta nota a 5,7, de acuerdo con las valoraciones de 450 usuarios. Rotten Tomatoes da un índice de aceptación de la prensa del 100%, advirtiendo que tan solo ha podido tener en cuenta 5 reseñas.

Como vengo advirtiendo, y el tiempo me dará la razón (lo que tardamos en darnos cuenta de lo que nos jugamos es un tiempo irrecuperable) Netflix está abriendo todas las ventanas al mundo para que se airee; las dos reseñas que incorpora Filmaffinity no pueden ser más favorables a este film genuinamente sudafricano. Nos puede gustar más o menos, pero no podemos despacharlo con el argumento despectivo de que es un producto imperialista y colonial. Hablaré de estos en la crítica.

Daniel Hart (Ready Steady Cut) sostiene que las interpretaciones son buenas, la escritura está bien pergeñada y tiene un background de venganza paciente; Joel Keller (Decider) es de la opinión de que es un buen pulp que contempla la lucha de clases en Sudáfrica y del marketing tóxico de los productos de belleza femeninos.


CRÍTICA:

Las primeras imágenes de la serie parece que nos advierten de que estamos ante un thriller, sin darnos indicios de los motivos que mueven al asesino. Deja ver algunas partes del cuerpo y unos adornos propios de mujer, aunque el espectador no tardará en poner lo datos que se le esconden y señalan al autor de un delito de sangre, de la que circula con rapidez en forma de reguero hacia el desagüe de la ducha. Poco a poco guionista y director van introduciendo el tema por medio de pequeños gestos y matices que apuntan también hacia la posible razón que mueve al ejecutor, y lo hacen sin perder agilidad en la narración y manteniendo atento al espectador, al que informan a la par de la evolución del pueblo sudafricano desde el gobierno de Mandela, que va confirmando los argumentos que esgrime Daniel Bernabé cuando denuncia la trampa de la diversidad; la sociedad se esfuerza por salvar las diferencias y acabar con la marginalidad por cualquier causa, pero hay un escollo insalvable: la diferencia de estatus que conlleva la concentración del poder y el dinero en muy pocas manos, sean blancas o negras, y que acaba generando profundos odios en los sectores afectados por terribles injusticias. Un argumento que se carga de valor porque es esgrimido por quienes han sufrido el apartheid, lo han derrotado, pero no han podido acabar con las diferencias de clase. Terminado el primer episodio, Lebogang Mogashoa ha conseguido su objetivo: presentar de forma diáfana y comprensible a los personajes, darnos indicios de que en la gran mansión del rector de la moda sudafricana, Don Benghu, se "ha escrito" un crimen, y que el autor está preparando pacientemente su venganza. Los responsables de este proyecto han hecho bien su trabajo y han creado expectativas en su público, sin que, al terminar el capítulo, podamos afirmar con certeza si el relato ha dado comienzo in medias res de la historia y todo lo narrado obedece a un gran racconto.

A medida que se suceden los episodios se van introduciendo nuevos giros relacionados con la corrupción que azota al nuevo país surgido de la revolución, y que afecta tanto a la empresa privada, cuyos propietarios desprecian cualquier consecuencia de sus atentados contra la salud, después de tejer una red de sobornos en medios policiales, que llega incluso a los funcionarios con fama de honestos, a la prensa que distrae a la población poniendo el aspirador cuando un escándalo azota a una de estas grandes empresas (en el relato al gran magnate de la industria de la moda y productos de belleza que experimenta en rostros de niños, que sufren secuelas permanentes y de los que intentan deshacerse provocando incendios en los que mueran abrasados) poniendo el foco en corrupciones políticas de menos trascendencia. Cuando llegamos a un final decente y muy realista, entendemos que los autores han optado por contar esta historia por medio de una estructura circular, y llegados a la conclusión, también entendemos la forma elegida para hilvanar su relato y que lo que habíamos interpretado como los indicios de un crimen no era tal. Pero tan solo podemos llegar hasta aquí y recomendar la miniserie por varias razones: porque nos abre una ventana al nuevo país sudafricano con una narración a cargo de directores, equipo y actores negros, una denuncia en toda regla, bien realizada; porque entretiene, nos mantiene atentos y merece la pena dedicarle nuestro tiempo. En esta ocasión los críticos han estado más acertados que los espectadores.



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