El vigilante. Miniserie. Creadores: Ian Brennan y Ryan Murphy.

 


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Desconozco la historia real en que se han basado Ryan Murphy y Iann Brennan para contarnos esta historia, pero está bastante claro el subtexto, el background de su relato. Sin embargo se han enredado en un bucle sin solución de continuidad dentro del que se despiden de su público, por querer abarcar demasiado y convertir su historia en un auténtico thriller, lleno de personajes psicóticos, entre ellos el propio protagonista, Dean Brannock (Bobby Cannevale), tan histérico cuando está invadido por la arrogancia, como cuando lo hunden en la miseria, en todos los aspectos que conforman su vida (familiar, laboral, emocional...). La verdadera protagonista de la serie es la comunidad que maneja el suburbio de Nueva Jersey, como el pueblo de Lope de Vega, Fuenteovejuna, dispuestos a defender la pureza arquitectónica de un barrio lleno de casas singulares, que intenta además impedir a toda costa que los nuevos ricos que huyen de la delincuencia de New York, cambien la fisonomía de sus casas, movidos incluso por un interés codicioso de mantener elevado el precio de sus predios. 

Esta realidad da lugar a demasiados sospechosos de intentar alterar la tranquilidad familiar de los Brannock, que añaden a estos dolores de cabeza la insensatez de una hija de 16 años, una centennial , capaz de desestabilizar la paz del hogar para imponerse a sus progenitores, e incluso, conocedora de las reglas que rigen la defensa de la diversidad, acusar a su padre de pecados sociales que no comete, pero que lo desestabilizan más aún que las amenazas que se depositan en su buzón, y de los intrusos que siente que, por algún lugar desconocido para él, penetran en su casa, en la que tiempo atrás se había cometido un horrible crimen. Así pues, la serie tiene buenos mimbres, pero no han sido capaces de tejerlos bien, enredándose en una montaña rusa emocional constante, que no lleva a ninguna parte, a no ser a la obsesión creciente del padre de familia. Este sube y baja explica que los críticos y los espectadores se hayan cansado de esperar un final concluyente, que sí lo hay, pero que, en definitiva no amortigua la desazón de una familia que ha invertido todo su capital en un proyecto ilusionante, y ha salido malparada. No es una historia de casas encantadas, ni de carnicerías espeluznantes, y el thriller psicológico se levanta como el muro de kafka entre la víctima y la incomprensión de lo que le está sucediendo; un thriller más social que psicológico, a pesar de que tenga consecuencias en la estabilidad emocional de la familia. No saber, dice uno de los personajes, es el mayor tormento para el hombre. Pues eso pasa, dentro y fuera de la pantalla, aunque en este segundo plano las cosas quedan bastante claras, porque más de un personaje sospechoso lo explicita abiertamente.

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