Nuevo rico, nuevo pobre. Crítica.

 





Nuevo rico, nuevo pobre es una serie colombiana, creada por Rodrigo Triana y Juan Carlos Vasques, dotada de la frescura de Karol G, la sabiduría de la antigua literatura, la de Italo Calvino en su 'Vizconde Demediado', y la conversión de la IA, (Inteligencia Artificial multimodal)  en uno de los protagonistas de la serie. ADI (Asistente Digital Inteligente), que da lugar a una secuencia vanguartdista, de un impacto semejante al streeptease del guante de Hilda, o el Twist de Travolta y Uma Thurman en Pulp Fiction: la primera declaración de amor de IDA, en sustitución de su asistido, incapaz de expresar sus sentimientos. 

El guión recurre, como punto de partida del relato, a un accidente en un hospital, en el que una enfermera, que bebe durante la jornada laboral,  intercambia las etiquetas de los bebés, alterando su destino, y enviando, de forma equivocada, a uno de ellos al seno de una familia rica, los Ferreria,  y, al otro al de una pobre, los Galindo, que viven en una pensión, regentada por una mujer bizarra, Este error no carece de importancia, ya que pone de relieve la importancia de la educación en todos los ámbitos de la vida, e incluso en el comportamiento hacia los 'subordinados'. Toda la elegancia, la preparación para los negocios, la desenvoltura en la práctica de deportes de élite, del lado de Andrés; todo lo zafio. la ignorancia, el desapego a un lenguaje relativamente inteligible, del lado de Bryan, un nombre ríticulo, angloamericano, que da pie a toda clase de chistes. 

Como el Vizconde de  Calvino, los dos 'hermanos' accidentales, concentran todos los aspectos positivos en un lado, el del rico por equivocación, y todos los negativos en otro, el del pobre de solemnidad. Poco a poco las diferencias se irán suavizando, y se llegara incluso al cariño fraterno entre ambos.Teniendo en cuenta, decíamos en el post de la ficha técnica que la serie consta de más de 60 episodios, y que los personajes protagonistas son verdaderos iconos, arquetipos de la clase trabajadora y la empresarial, no es difícil suponer que va a levantar ampollas. La idea de intercambiar los bebés al nacer y devolverlos a su origen por una cuestión de mala conciencia, cuaando ya son adultos, es brillante y muy bien diseñada. Es cierto que la actitud desafiante de Brayan Galindo y su afan de venganza, carente de la formación necesaria para llevar un conglomerado de la magnitud del que dirige, inclina al espectador del lado del educado para mandar, más sociable y contenido en las formas, y regir una compañía como la que es objeto de enfrentamiento y que ha creado un emporio que puede hacer peligrar el neonato dirigente de la misma. 

Pero, en torno al episodio 20, el educado como empresario, ya empieza a dar síntomas de vergüenza por sus decisiones respecto a los trabajadores como jefe de la empresa. Hay que esperar.La puesta en escena muy simple, en la que predominan las secuencias interiores, un formato de serie televisiva, dividido en 62 episodios, con una transición entre ellos muy primitiva (tres planos, tres cortes directos que nos muestran un camión de Cartsmart en ruta hacia un destino determinado; una banda elicoidal por la que descienden paquetes, y una vista general de la empresa),  logra atrapar al público, reacio a acercarse tras ver la carátula de presentación de Netflix grotesca y colorista, tanto como el nombre de Bryan, nombre de pobre que mueve a risa a los colombianos más arrogantes. 


Quienes se arriesgan a ver esta historia, con transiciones tan primitivas como el tono elegido en la narración, y deciden no poner el rubí en el yunke, por si la piedra fuera falsa, acaban poniendo una buena nota a este relato (media de 7,7 en Imdb). La música pegadiza y le letra provocadora ayudan a volver y visitar los siguientes episodios. Un poético, a pesar de las apariencias, relato, impregnado de la sensualidad de Karol G., y compuesto con imágenes de ese tono, es una buena oportunidad de pasar un buen rato en verano.



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