La trama fenicia. Wes Anderson. Crítica.
LAS FIGURAS DE CARTOON DE WES ANDERSON
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CRÍTICA:
El afan de ampliar nuestros horizontes y abrir nuevas ventanas al mundo, nos acerca, apoyados en Netflix, a ciertas producciones, que no solo cambian el formato y pasan del film a la serie, dividida en episodios, que permiten analizar contextos con mayor atención no solo en lo que se refiere a las lenguas de los actores y narradores, sino a las costumbres y la idiosincrasia de los diferentes pueblos que publan una Tierra que quiere levantar fronteras a medida que se van derrumbando los muros que separan los estados con crisis de ámbito global que pone en evidencia la hiperconectividad entre todos ellos. Pero de tanto en tanto tenemos la tendencia a buscar nuestra zona de confort, la cuna cultural en la que nos hemos mecido desde niños, y dejarnos arrastrar desactivando, aunque sea un poco, el intereés por aprehender algo que desconocíamos.
Este interés nos ha llevado a una plataforma de streaming parar ver la última criatura de Wes Anderson, 'La trama fenicia', un retablo entre otros muchos de los que ha creado el realizador de Huston (Texas), el afrancesado director de tantos relatos coloristas, con imagen de recortable antiguo, en el que los personajes parecen figuras inexpresivas, hieráticas, en un universo en el que priman los elementos de extrañamiento, que unas veces funcionan como los carteles que separan las secuencias, ofreciendo datos oscuros para el público, con los que el afamado director juega con el espectador y lo obliga a esforzarse por entender su caleidoscopio, sin que en muchas ocasiones lo logre.
Todos parecen querer estar ahí, ya se trate de Benicio del Toro, el protagonista, Tom Hanks, Willem Dafoe, aunque su papel sea corto y sin trascendencia, sino como un recordatorio de 'Yo también estuve ahí', y formé parte del frisio farónico que pasaba revista de la economía, la sociedad, la familia y la religión, aspectos todos ellos mirados con cierto cinismo, sin que los rostros de los actores principales muestren ninguna emoción humana, como un personaje de Cartoon, que recibe palos de todas partes sinque nunca muera ni reacciones.
La cosa se anima cuando aparecen los milicianos izquierdistas que reaccionan con infantilismo frente a las manifestaciones anticapitalistas del Jefe que se propone crear una clase trabajadora compuesta por esclavos con retribución, lo que a nadie parezca importarle, escepto a los guerrilleros; del mismo modo trata a una familia esperpéntica, en la que el fruto de varios matrimonios ha dado una hija que se inclina por la religión, pero bebe y fuma como una cosaca a poco que la animen, y un montón de hijos varoes, entre biológicos y adoptados.
Podríamos concluir con Marx que 'un fantasma recorre Occidente, el fantasma del cinismo bien educado', que en Wes Anderson, al menos en esta versión de sí mismo, ha dejado de ser un juguete y se ha convertido en una de las granadas que siempre lleva consigo Zsa-Zsa Korda (Benicio del Toro) . Como Mickey Mouse, el curiosopersonaje sufre frecuentes atentados cuando viaja en su avioneta particular y siempre sale ileso, con algunos arañazos constativos, derrotando a su villamo particular. su hermano, el Tío Nubar Korda. Contrapicados, planos cenitales, habitaciones extrañas, abandono del colos para volver al primitivo blanco y negro, carteles, y todo tipo de elementos que decoran el set, funcionan como elementos de alejamiento que pretenden atrapar la atención del espectador, aunque parece haber convencido más al crítico más habituados a asociar la forma y el fondo y desentrañar la contaminación de los espacios que configuran el contexto, tan bizarro como la historia y los que la protagonizan.
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