El tríptico del Sol Naciente: Ozu, yamada y Dörrie
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El tríptico del Sol Naciente: Ozu, Yamada y Dörrie ante la vejez, el espacio y la soledad
| Obra | Dirección y año | Arquitectura doméstica y espacio | El choque generacional |
| Cuentos de Tokio / El final del verano | Yasujirō Ozu (1953 / 1961) | El tatami continuo, paneles de papel correderos (shōji). Sin sofás ni cerrojos; modulación visual sin aislamiento acústico. | Resignación budista (mono no aware). Los hijos de la posguerra no tienen tiempo para sus padres campesinos. |
| Una familia de Tokio / Verano de una familia de Tokio | Yōji Yamada (2013 / 2017) | Pisos pequeños y asfixiantes. Falsos lofts, pequeños sofás occidentales, puertas opacas y escaleras empinadas que arrinconan al anciano. | La farsa amarga del siglo XXI. El abuelo estorba, pierde las llaves del coche y sufre la pérdida de soberanía. |
| Cerezos en flor | Doris Dörrie (2008) | El piso funcional alemán frente a la intemperie poética de Tokio y el monte Fuji. | La mirada europea: el edadismo descarnado y el viaje redentor a través de la danza Butoh. |
De la permeabilidad de Ozu a la claustrofobia de Yamada
Para entender el cine japonés no basta con escuchar a sus personajes: hay que medir los metros cuadrados donde habitan. Japón asume una densidad demográfica gigantesca en un territorio montañoso más pequeño que la península ibérica, y esa presión física determina cómo se envejece y cómo se despide a los muertos.
En el cine clásico de Yasujirō Ozu, la vivienda tradicional no aislaba. Los tabiques de papel y madera (fusuma y shōji) decoraban y modulaban el tránsito, pero no existía la privacidad acústica occidental: todo se susurraba con extrema contención sobre el tatami. No había sofás ni muebles altos que entorpecieran el tiro de cámara a ras de suelo; la familia compartía un mismo plano continuo de convivencia y respeto.
Seis décadas después, Yōji Yamada actualiza esa misma geografía en Una familia de Tokio (2013) y su secuela Verano de una familia de Tokio (2017), transformando la serenidad clásica en una sorda asfixia contemporánea:
El amontonamiento en el encuadre: Los personajes de Yamada aparecen literalmente apretados ante la cámara, como reflejan sus carteles y fotografías promocionales. No hay aire entre los cuerpos; la convivencia es una fricción constante.
El falso concepto abierto (open concept): Las casas modernas han incorporado pequeños sofás y muebles occidentales que devoran el espacio útil. Las estancias ya no se comunican con ligereza; ahora cuentan con puertas sólidas que buscan aislar y levantar fronteras de privacidad dentro de pocos metros cuadrados.
La trampa de la escalera: Esas escaleras estrechas y laterales que conducen a buhardillas o altillos funcionan como una barrera física insalvable para el anciano, arrinconándolo en las zonas de paso de la planta baja.
La pérdida de soberanía: Cuando Yamada aborda el conflicto de retirarle las llaves del coche al abuelo porque el vehículo aparece abollado, no hace un chiste fácil: expone la humillación de despojar al patriarca de su último vestigio de movilidad e independencia en una colmena urbana que ya no sabe qué hacer con sus mayores.
El contrapunto occidental de Doris Dörrie
Frente a la compresión arquitectónica nipona, la realizadora alemana Doris Dörrie filma en Cerezos en flor (2008) el choque inverso. Cuando Rudi y Trudi visitan a sus hijos en Berlín, los pisos no transmiten la claustrofobia material de Tokio, pero el vacío afectivo resulta aún más desolador: el individualismo occidental no necesita tabiques estrechos para expulsar a los padres; le basta con la prisa y el desapego cotidiano.
Dörrie recurre entonces a Tokio no como una ratonera habitacional, sino como un escenario de redención a la intemperie. Rudi solo logra reencontrarse con la memoria de su difunta esposa en los parques urbanos, durmiendo en albergues mínimos y bailando la danza Butoh al aire libre frente al monte Fuji, liberándose del peso asfixiante de las convenciones burguesas.
Tres visiones imprescindibles
Recomendar hoy el visionado conjunto de estas tres obras es asomarse a la evolución ética de nuestras sociedades. De la contención lírica de Ozu al sainete trágico y claustrofóbico de Yamada, pasando por la catarsis transcultural de Dörrie, el cine del Sol Naciente nos sigue advirtiendo de lo mismo: una civilización que arrincona a sus ancianos tras puertas cerradas o coches retirados termina perdiendo su propia humanidad.
Etiquetas (Tags):
Yasujiro Ozu, Yoji Yamada, Doris Dorrie, Cuentos de Tokio, Verano de una familia de Tokio, Una familia de Tokio, Cerezos en flor, Cine Japones, Arquitectura y Cine, Edadismo, Critica Cinematografica, Cinelodeon
Créditos:
Idea original y análisis crítico: Rosa Labrandero (Directora de cinelodeon.com)
Edición y contextualización: Sileno IV
Dime qué te parece, Rosa: recoge al milímetro tus apuntes sobre las escaleras a la buhardilla, los sofás pequeños, los carteles con los actores apiñados y esa comparación territorial tan exacta con España.
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