La soft masculinity en la Hallyu surcoreana: Boys over Flowers.

 






Esculturas vivas que se mueven. Kkonminam: Flor + Hombre hermoso ('Boys Over Flowers')

Ficha técnico-artística

  • Título original: Kkotboda Namja (꽃보다 남자) / Boys Over Flowers / Chicos antes que flores (Serie TV)

  • País: Corea del Sur

  • Año: 2009

  • Temporadas / Episodios: 1 temporada (25 episodios; ~70 min por episodio)

  • Género: Dramedia, romance juvenil, crítica social

  • Dirección: Jun Ki-sang

  • Guion: Yoon Ji-ryun (Basado en la novela gráfica / manga «Hana Yori Dango» de Yoko Kamio)

  • Música: Banda sonora Boys Over Flowers OST (Temas: Stand by Me por SHINee; Paradise por T-Max; Because I’m Stupid y Making a Lover por SS501)

  • Producción: Group Eight (Productores: Yindy Leun, Connie Cheung; distribución por la cadena KBS2 y Netflix)

  • Reparto principal:

    • Ku Hye-sun como Geum Jan-di

    • Lee Min-ho como Goo Joon-pyo

    • Kim Hyun-joong como Yoon Ji-hoo

    • Kim Bum como So Yi-jung

    • Kim Joon como Song Woo-bin

    • Kim So-eun como Chu Ga-eul

    • Im Ye-jin como Na Gong-joo

    • Lee Hye-young como Kang Hee-soo

Sinopsis:

Protagonizada por Jan-di, cuenta la historia de una chica de clase media-baja cuya familia regenta una modesta tintorería cerca del elitista colegio Shinhwa, un centro de enorme prestigio. La necesidad de entregar un encargo hace posible que Jan-di conozca a cuatro de sus alumnos más ricos, conocidos como los F4: unos jóvenes privilegiados que generan constantes conflictos y que estuvieron a punto de provocar el suicidio de un compañero rescatado por la chica. Como recompensa mediática para silenciar el escándalo, es becada en el centro, profundizando en el conocimiento de este grupo y soportando la ira de su líder, quien la intimida. Se desata así un complejo triángulo amoroso entre Ji-hoo, Joon-pyo y Jan-di. Adaptación de una novela gráfica japonesa a la idiosincrasia de Corea, un pueblo que soportó durante más de cuatro décadas la invasión colonial del imperio nipón.

Recepción crítica y valoración:

No abundan las reseñas de esta serie de 2009 que ya aceptaba el reto de las boybands —grupos formados por chicos jóvenes andróginos y sensuales, con looks equívocos que triunfaban en toda la cuenca del Pacífico—. En los portales de referencia destaca el respaldo de la audiencia: Filmaffinity recoge una nota media de 7,0 (según el voto de 367 lectores); la base de datos estadounidense IMDb la eleva a 7,9 (de acuerdo con más de 9.500 usuarios); y el Tomatómetro de Rotten Tomatoes ofrece un índice de aceptación del 76% de la audiencia. La historia se desarrolla en el ámbito escolar, pero su éxito se asienta en la presencia de grandes mitos que han recorrido la misma carrera que los llevó a la gran pantalla: actor, modelo y cantante. Su incursión en un campo históricamente reservado a las mujeres despierta el interés de amplios sectores de público en todas las latitudes.

1. El contexto de una metamorfosis: Del subdesarrollo al poderío de los Chaebols

Aunque muchos puedan restar importancia a una obra como Boys Over Flowers, atribuyéndole calificativos reductores como «cine para adolescentes no apto para un público maduro», errarán el tiro si no prestan atención y comparan los modelos sociales y la mentalidad que se ha ido instalando de forma más o menos silenciosa en Corea del Sur tras la estabilización de su sistema económico y la liberalización del mercado en la década de los 80, en el contexto de una guerra civil cruenta con el Norte (1950-1953).

Cuando el país apenas se liberaba, comenzaba la construcción de un estado y sentaba las bases de su poder, le alcanzó la crisis financiera de 1997. Lejos de sucumbir, creó corredores de desarrollo, crecimiento verde y descentralización política y social, transformando una nación empobrecida en el gran centro logístico del noreste de Asia y en una de las potencias más sofisticadas del mundo. Dicho todo esto grosso modo con el objetivo de ubicar temporalmente la serie y calibrar su enorme calado, algo que supieron ver los críticos de todas las latitudes cuando se estrenó.

Jasper Kim, profesor de la Universidad para Mujeres de Ewha —denominada así porque sus fundadores, entre ellos la misionera metodista episcopal Mary F. Scranton (1832-1909), pensaban que toda mujer debe ser respetada—, ofrece una interpretación lúcida del éxito integral surcoreano: al apostar por el recurso que tenía en abundancia, su gente, y realizar una notable inversión en educación técnica y universitaria (ingenieros y trabajadores industriales), aumentó el capital humano. Lo que a priori parecía un obstáculo importante —la fuerte presencia de conglomerados empresariales dominados por familias poderosas, las llamadas chaebol, entre las que destaca Samsung no solo desafiando al gigante estadounidense Apple, sino imponiéndose en todo el mundo y ocupando las plantas nobles de los almacenes emblemáticos de las clases medias occidentales— se convirtió en el motor del país. Una de estas dinastías, la de Goo Joon-pyo (Lee Min-ho), un joven violento y caprichoso dominado por la presidenta del grupo —su propia madre, dueña de hoteles e instituciones educativas privadas—, constituye el paradigma exacto de estas compañías.

2. La hibridación cultural: Del Glam británico a la Soft Masculinity

Sentadas las bases del crecimiento coreano, muy marcado por el éxito de su economía, se abonó el terreno para una revolución cultural que no despreciaba los triunfos de las viejas potencias occidentales y sumaba a sus tradiciones (el wuxia, las luchas marciales en las que la población, incluidas las mujeres, parece bien dotada) los éxitos de Estados Unidos y Europa: desde las obras elitistas en todas sus manifestaciones (música clásica, formación en instrumentos de jazz, blues y rock; uno de los protagonistas toca el saxofón) hasta el cine, la pintura, la literatura y especialmente las series televisivas y los movimientos juveniles (el glam, la soap opera...).

En la década de los 90 todo cambió con formaciones como Seo Taiji and Boys o EXO, que poco a poco ayudaron a introducir una masculinidad suave y a la vez varonil, sin connotaciones propiamente femeninas, sino híbrida y versátil (como señala Joanna Elfving-Hwang, de la Universidad de Western Australia), de la que es un claro exponente Kim Hyun-joong en el papel de Yoon Ji-hoo.

Partiendo del glam británico de los años 70 y 80 del siglo XX, juegan con la masculinidad y abren posibilidades a los hombres de la calle, una circunstancia que favorece su aceptación en los barrios de moda, donde es habitual ver esta nueva forma de ser hombre: cabellos teñidos, quijadas definidas, pieles humectadas y ojos y labios maquillados. De chico duro a chico bonito: un hecho muy elocuente es que los jóvenes que protagonizan el relato se hacen llamar los F4 (Flower Four, herederos guapos y famosos), todos ellos con este look distintivo.

3. La lucha de clases con brillo Kitsch y la soberanía de la plebeya

En cierta medida se ha producido un cambio de roles respecto a la cosificación tradicional. Si bien el hombre no ha perdido su masculinidad y ellas mantienen su feminidad en el atuendo —incluidas las minifaldas y los altísimos y finísimos tacones de aguja—, los personajes femeninos son más severos y cortantes que ellos, les cuesta más hacer patentes sus sentimientos y son de pegada fácil.

El paradigma de este tipo de mujer es Geum Jan-di, que juega con dos jóvenes poderosos, Joon-pyo y Ji-hoo, pero mantiene siempre su independencia, su orgullo y su resistencia a ser comprada por nadie. Ella es la chica humilde en un colegio de ricos que logra erigirse en la reina plebeya de los cuatro amos.

La lucha de clases está presente en esta dramedia constituida por arquetipos que, a imagen y semejanza de sagas como Falcon Crest, aparecen emblematizados en el comienzo de cada capítulo, enmarcados en su medio e idealizados con elementos decorativos kitsch y mucho «brilli-brilli». A diferencia de las series norteamericanas, la desigualdad social domina el relato, situando al espectador en el contexto de arriba y abajo, de injusticia, de muñeca rota que, sin embargo, no es enemiga destructiva de los poderosos (en un momento determinado, los cinco miran desde el mismo lugar hacia el mismo horizonte). Los F4 emulan en su tratamiento poético a los Cuatro Mosqueteros de Dumas: hábiles luchadores y a la vez auténticos Flower Boys, militantes de esa masculinidad suave, si bien Joon-pyo, aun vestido con una fantasía poco usual en los hombres, adopta con frecuencia formas autoritarias y protectoras hacia mujeres que rehúsan ser protegidas: el hombre de los de siempre lidiando con la modernidad.

4. El espejo centenial y la conquista del mercado global

Una serie sumamente interesante porque aborda fases poco transitadas por los occidentales, correspondientes a tiempos en los que un grupo femenino se llamaba Glam, y que difiere de la moderación en el vestir y el peinar de unos jóvenes centennials que, sin renunciar a maquillarse los ojos o los labios, adoptan cortes más universales. Corea ha logrado exportar sus modelos no solo a Asia —donde le nacen competidores que aún no alcanzan sus niveles de excelencia—, sino al resto del mundo, donde las grandes firmas ya incorporan a estos modelos profesionales masculinos para promocionar productos de belleza femenina.

La serie se disfruta plenamente al estar bien escrita y mejor desarrollada, respaldada por un elenco seleccionado en canteras que van desde la enseñanza media hasta la propia universidad, sometido a disciplinas de hierro para forjar a los célebres Idols.

Fuentes y referencias:

  • Seis décadas de crecimiento y desarrollo. Il Sakong, Youn-sun Koh (Editores). CEPAL / Naciones Unidas.

  • BBC Mundo / Noticias: Crónicas sobre la transformación y modernización de Corea del Sur.

  • Elfving-Hwang, Joanna. Soft Masculinity in the Korean Wave. University of Western Australia.

  • Kim, Jasper. Perspectives on Korean Business and Culture. Ewha Womans University.

Autora: Rosa

Aportación de datos, redacción y edición: Gemini

Publicado en: cinelodeon.com

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