2046. Wong Kar Wai.






 

Ficha técnica

  • Título original: 2046

  • País: Hong Kong / China / Francia / Italia

  • Año: 2004

  • Duración: 130 minutos

  • Género: Drama romántico / Ciencia ficción poética

  • Dirección: Wong Kar-wai

  • Guion: Wong Kar-wai

  • Fotografía: Christopher Doyle, Kwan Pun-leung, Lai Yiu-fai

  • Música original: Peer Raben, Shigeru Umebayashi

  • Piezas musicales incorporadas: Decision (Zbigniew Preisner), Sysiphos y Dark Chariot (Peer Raben), 2046 Main Theme (Shigeru Umebayashi), Siboney (Ernesto Lecuona, con arreglos de Xavier Cugat), Perfidia (Alberto Domínguez), fragmentos operísticos de Bellini (Casta Diva de Norma)

  • Montaje, diseño de producción y vestuario: William Chang Suk-ping

  • Dirección artística: Alfred Yau

  • Producción: Wong Kar-wai, Eric Heumann, Zhang Yimou; Jacky Pang Yee-wah (asociado); Ye-Cheng Chan (ejecutivo)

  • Compañías productoras: Jet Tone Films, Block 2 Pictures, Fortissimo Films, Paradis Films, Orly Films, Classic SRL, Arte France Cinéma, France 3 Cinéma, ZDF/Arte

  • Distribución en streaming: Prime Video / Filmin

  • Calificación por edades: No recomendada para menores de 12/16 años (según territorios)

  • Intérpretes: Tony Leung Chiu-wai (Chow Mo-wan), Gong Li (Su Li-zhen / La Araña Negra), Faye Wong (Wang Jing-wen / Androide w-501), Zhang Ziyi (Bai Ling), Carina Lau (Lulu / Mimi), Takuya Kimura (Tak), Chang Chen (cc1966), Dong Jie, Maggie Cheung (aparición elíptica/evocada)

  • Premios principales: Premio de la Crítica (Screen International Jury) en el Festival de Cannes (2004); Mejor Fotografía y Mejor Banda Sonora en los Premios del Cine Europeo.

Sinopsis

«En 2046 una vasta red de ferrocarriles se extiende por todo el planeta Tierra. Un misterioso tren parte hacia el 2046 de vez en cuando; todos los pasajeros tienen la misma intención: quieren revivir recuerdos perdidos, pues en 2046 nunca cambia nada. Nadie sabe realmente si eso es cierto, porque nadie, absolutamente nadie ha regresado nunca... salvo yo.»

Hong Kong, finales de los años sesenta. Tras perder la huella de Su Li-zhen, Chow Mo-wan subsiste como un cínico cronista de folletines eróticos y relatos futuristas mientras habita en una pensión modesta, justo frente a la habitación 2046. En ese confinamiento encadena relaciones apasionadas, esquivas o destructivas con diversas mujeres —la orgullosa Bai Ling, la hija del hospedero enamorada en secreto de un japonés, una enigmática jugadora profesional en Singapur llamada también Su Li-zhen—. Todas ellas encarnan ecos fragmentarios de una ausencia irreparable.

Al proyectar sus anhelos en una fábula donde los nostálgicos viajan hacia un tiempo inmutable del que jamás se regresa, Chow descubre una verdad devastadora: intentar revivir el amor pretérito es condenarse a un simulacro mecánico donde toda nueva pasión no es más que una sustituta imperfecta.

Contexto y rescate crítico

La crisis sanitaria global desencadenada en 2020 asestó un revés severo a las salas de cine tradicionales frente a la hegemonía inmediata del streaming. En su empeño por subsistir emulando los viejos cines de ensayo, la exhibición recurrió a la restauración en gran pantalla de hitos incontestables del cine de autor oriental.

Si Deseando amar se convirtió en el faro indiscutible de la crítica internacional —encabezada por Carlos F. Heredero y la redacción de Cahiers du Cinéma España / Dirigido por...—, 2046 prolonga esa indagación sobre la pugna constante entre «el tiempo vivido y el tiempo impuesto por los relojes». Esta obra cierra un ciclo estilístico fundamental donde la representación imaginaria del deseo toma definitivamente el relevo de la vida real.

Crítica: La arquitectura del desamor y el fetichismo de la memoria

Si en Deseando amar la puesta en escena respiraba en los pasillos angostos, las soperas de fideos humeantes y los quicios de puertas que obligaban a la contención de los cuerpos, en 2046 el entorno físico se fragmenta y se vuelve casi abstracto. Las secuencias futuristas de la megalópolis —claramente deudoras de la estética industrial y vertical de la Metrópolis de Fritz Lang— presentan una urbe tratada con neones borrosos y cromatismos sobreimpresos que dialogan con la plástica contemporánea.

El espacio se repliega: los personajes son desplazados hacia las esquinas del encuadre por cortinajes densos, puertas entornadas y mamparas. Ya no contemplamos el decorado, sino una sucesión asfixiante de primeros planos donde los rostros intentan sofocar tormentas emocionales dirigidas a fantasmas.

Chow Mo-wan formula aquí la tesis más lúcida y amarga de la filmografía de Wong Kar-wai: el amor es, por encima de todo, una cuestión de oportunidad temporal. No basta con la afinidad ni la fascinación mutua; si los amantes se cruzan demasiado pronto o demasiado tarde, el vínculo fracasa. Insistir en revivir lo extinguido equivale a reemplazar a la persona amada por un androide, un autómata programado que responde con retardo a los afectos. La aspiración humana a recuperar los versos canónicos de Eden Ahbez («lo más grande que te puede suceder es amar y ser correspondido») queda confinada al territorio puro de la ficción.

Wong Kar-wai no disimula su pulsión visual: las mujeres desfilan como iconos de una sofisticación inalcanzable, filmadas con una mirada atenta a la cadencia del cuerpo femenino. El director se recrea en los pies (calzados, descalzos, esmaltados), en la curvatura de la espalda y en el balanceo rítmico de las caderas al subir escaleras a cámara lenta, trazando ese paso en línea recta que inmortalizó Marilyn Monroe pero dotándolo de un halo de melancolía trágica.

Bajo este suntuoso melodrama de cámara late además una corriente política e histórica ineludible. La cifra 2046 no solo nombra una habitación de hotel o un destino ferroviario: señala el año exacto en que expira el pacto suscrito por Deng Xiaoping tras la retrocesión colonial de 1997 («Un país, dos sistemas»), que garantizaba cincuenta años de libertades y capitalismo a Hong Kong. Las huelgas callejeras y disturbios antibritánicos de 1967 que asoman en el filme no son mero atrezzo: evidencian cómo las fracturas sociales y la precariedad económica vacían las habitaciones del amor.

Wong Kar-wai filma, en última instancia, una elegía sobre la transitoriedad: la constatación de que la memoria es un territorio clausurado donde nada cambia, pero del que nadie sale indemne.

Etiquetas (Tags): Wong Kar-wai, 2046, Tony Leung, Zhang Ziyi, Gong Li, Faye Wong, Cine Asiatico, Melodrama, Fritz Lang, Cinelodeon, Critica Cinematografica

Créditos de la publicación:

  • Texto original, tesis y análisis crítico: Rosa Labrandero (Directora de cinelodeon.com)

  • Edición y fijación textual: Sileno IV


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