Antonia. Marlen Gorris. Una mirada al matriarcado de fines del siglo XX
CUANDO LOS DISCURSOS DISTÓPICOS DEL GÉNERO DE CIENCIA FICCIÓN SON CAPACES DE PREDECIR UNOS HECHOS QUE SE ASIMILAN BASTANTE A LA REALIDAD QUE PERCIBIMOS.
Ficha técnica:
Título original: Antonia País: Países Bajos Año: 1995 Duración: 105 minutos
Dirección: Marlen Gorris Guion: Marlen Gorris Casting: Job Goschal, Hans Kemma Dirección de Fotografía: Willy Stassen Música: Illona Seckaz Edición: Win Louwrier Dirección artística: Harry Ammerlaan Diseño de Vestuario: Jany Temime Diseño de maquillaje: Jan Sewell Productores: Gerard Conelisse, Hans De Weers, Hans De Wolf Diseño de producción: Harry Ammerlaan Compañía productora: Asmik Ace Entertainment
Intérpretes: Willeke van Ammelrooy (Antonia), Els Dottermans (Danielle), Victor Löw (Harry), Dora van der Groen (Allegonde), Veerle van Overloop (Thérèse), Esther Vriesendorp (Thérèse, 13 años), Carolien Spoor (Thérèse, 6 años), Thyrza Ravesteijn (Sarah), Mil Seghers (Kromme Vinger), Jan Decleir (Boer Bas), Elsie de Brauw (Lara), Reinout Bussemaker (Simon), Marina de Graaf (Deedee).
Sinopsis:
En una tranquila granja de la campiña holandesa, la nonagenaria Antonia repasa su vida. Tranquilamente acostada en su cama, hace memoria hasta el día, poco después de la Segunda Guerra Mundial, en que volvi
Premios:
1995: Premios Óscar: Mejor película de habla no inglesa
1995: Festival de Toronto: Premio People's Choice (Marlen Gorris)
1996: Nominada a los Premios BAFTA: Mejor película de habla no inglesa
Antes de comenzar el comentario de esta película quiero hacer una introducción que explique el contenido del filme, al menos en parte, ya que es muy rico en tópicos literarios y máximas filosóficas.
Maite Sarrió Catalá afirma que «tanto los hombres como las mujeres somos víctimas y a la vez responsables del sistema creado, ya que lo somos de las creencias que lo generan. Unos y otras sufrimos distintas formas de discriminación y desempoderamiento sin plantearnos que contribuim
Marlen Gorris hace en Antonia un recorrido por los temas que tanto han preocupado a los grandes cineastas varones —como Bergman, Fellini o Tarkovski—, tales como la vida, la muerte, Dios o la pareja (en este caso, no siempre convencional), además de los tópicos del tempus fugit y el locus no tan amoenus. Esta historia atraviesa cuatro generaciones de mujeres que han ido evolucionando desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y está enriquecida por una galería de personajes con roles sociales diferentes que juntos constituyen un puzle social muy complejo: la familia rica, en cuyo seno se cometen todas las atrocidades y «donde las fuertes voces de los varones predominan sobre el silencio de las mujeres»; los deficientes psíquicos Deedee y Willem; los alienados (la Madonna Loca y el protestante); el personaje felliniano de Olga, que regenta un bar y es además comadrona y enterradora; el capellán, que cuelga la sotana porque no podía conciliar su amor a la vida con el amor a la muerte de la Iglesia; el granjero Bas, un emigrante que, tras veinte años en el pueblo, aún tiene dificultades de integración. Pero el personaje más importante que cohesiona todas las historias es Dedos Torcidos, filósofo, teólogo y científico que vive rodeado de libros y sabe, según Antonia, más de lo que le conviene. En el cementerio reposan las tumbas de los resistentes al fascismo.
Terminada la guerra, Antonia —mujer valiente y positiva, el garbanzo negro de la olla— regresa a su pueblo, donde vive su madre, atormentada por el recuerdo de su marido, un viejo despreciable y de difícil convivencia. Tras echarle en cara a su hija su abandono, la madre muere en una habitación con cierto lujo pero abandonada y llena de telarañas, dentro de una edificación que, curiosamente, se llama La Casa Rosa. Desde el primer momento queda claro que estas mujeres optan por el binomio amor/libertad frente al de miedo/violencia; por ello, cuando el buen granjero Bas, enamorado de Antonia y con un montón de hijos, le pide matrimonio con el argumento convencional de que sus hijos necesitan una madre, ella contesta que no necesita hijos ajenos ni tampoco un marido. No obstante, La Casa Rosa se convierte en un centro de acogida para todos los marginados por distintas razones: Bas y sus hijos; Deedee, ultrajada por su hermano Pitte; Willem, deficiente mental explotado por el terrateniente...
El pueblo soporta en silencio todas las aberraciones y barbaridades que se producen en casa de Antonia y censura el comportamiento liberal de estas mujeres, extrañándose de que aún queden monjas y vivan su vida de forma independiente y sin complejos. Cuando el capellán se atreve a compararlas con Jezabel —que causó la ruina del pueblo judío— y a pedirles humildad, sumisión y castidad, ellas no dudan en chantajearlo por los abusos cometidos en la colectividad; acabará colgando los hábitos y eligiendo su forma de vida. Llegado el momento en que sus mujeres, incluídas sus hijas han encontrado su camino, a Antonia le surge propone a Bas una relación libre y periódica cuyo santuario no será la casa de ninguno de los dos, sino un territorio imparcial: una cabaña en el bosque, ocupada con toda la solemnidad que la decisión exige.
Todo el discurso está armado en torno al pensamiento de Schopenhauer y Nietzsche, actuando Dedos Torcidos como el médium que les da soporte intelectual e ideológico y las acoge bajo sus alas protectoras, sin jugar al rol de patriarca que la sociedad le reservó. debiendo cuidar de sus hijas y su descendencia, hasta la bisnieta Sarah, pasando por Danielle y Thérèse.
Cuando Sarah le pregunta a su abuela por Dedos Torcidos, esta le explica que ha muerto, ha sido incinerado y vuelve a la tierra, donde surgirá algo nuevo porque la vida quiere vivir. Pero este es el único baile que bailamos. El tiempo conquista al tiempo y, aunque nazcan menos niños, nacerán los suficientes para que el mundo siga girando. El tempus fugit no hace caso de la vida ni de la muerte, de la decadencia o del crecimiento, del amor, del odio o de los celos; ignora todas estas cosas que son tan importantes para el hombre como el decurso del tiempo. Un epílogo cierra el filme: «Cuando acabe esta narración, nada habrá terminado».
La película está estructurada como un gran flashback —artificio muy recurrente— en el que Sarah, la bisnieta de Antonia, ejerce de narradora, pues es a ella a quien la abuela ha decidido avisar del momento de su muerte, del privilegio de estar presente cuando el alma se separe del cuerpo formidable de su bisabuela.Parece que, a diferencia de Bergman o Tarkovski —grandes directores a los que admiramos profundamente—, Marleen Gorris no vive atormentada por la existencia de Dios y ve la muerte como una parte más del ciclo natural de la vida. Pero también nos avisa de que el tiempo huye y lo perdemos, porque vivimos en una sociedad que nos absorbe con esas creencias que entre todos hemos creado.
ETIQUETAS:
Cine Europeo (o Cine de los Países Bajos)
Marlen Gorris
Matriarcado y Poder
Ensayo Cinematográfico
Feminismo e Intelecto



Comentarios
Publicar un comentario
¡Deja tu comentario aquí!