Escipión El Africano. Luigi Magni. Ya es hora de desempolvarla.







Ficha técnica

  • Título original: Scipione detto anche l'Africano

  • Año: 1971

  • Duración: 114 min.

  • País: Italia

  • Dirección: Luigi Magni

  • Guion: Luigi Magni

  • Música: Severino Gazzelloni

  • Fotografía: Arturo Zavattini

  • Reparto: Marcello Mastroianni (Escipión el Africano), Vittorio Gassman (Catón el Censor), Silvana Mangano (Emilia Paula), Ruggero Mastroianni (Escipión el Asiático), Woody Strode (Masinisa), Turi Ferro, Fosco Giachetti.

  • Productora: Documento Film / Ultra Film

  • Género: Comedia | Sátira política | Cine histórico / Peplum



"LA CACEROLA EN LA CABEZA DEL HÉROE", UNA MIRADA DESACRALIZADORA DE LA MATRIARCA, INTERPRETADA POR SILVANA MANGANO

De nuevo un verano impredecible y amenazador nos recluye en casa, que nos invita a ver de nuevo este relato de Luigi Magni. Aunque hayamos sobrepasado con mucho la sociedad líquida y estemos ya en la que muchos llaman gaseosa o de los snacks (Carlos Scolari), como ya advertimos en otra ocasión, sea en la playa, en el campo o en nuestra casa, todo lo cómodos que podamos, puede que haya llegado el momento de disfrutar de un film peplum: una joya cinematográfica desacralizadora, divertida y con un cartel encabezado por el gran Marcello Mastroianni, Vittorio Gassman y Silvana Mangano. Una propuesta muy adecuada para aquellos que quieran disfrutar de un mar agitado que hace una gran oferta a quien sepa pescar en él.

Aunque ya tengamos ahí la IA, siglos de cultura ofrecen una enorme producción humana en la que cada uno realizará su selección: lo que los economistas llaman coste de oportunidad. Luigi Magni nos ofrece la posibilidad de divertirnos al tiempo que nos informamos sobre nuestro «glorioso pasado», que en este caso no se puede dudar de que es occidental, aunque el realizador vea la ocasión de hacernos reír y restar empaque a nuestra historia. Tres monstruos de la interpretación se pusieron al frente de esta odisea, que ofrece imágenes impagables como la del gran Marcello rompiendo un grueso volumen ante un Catón impasible.

En la misma presentación de los créditos comienza la commedia all'italiana: una cámara se desliza por la pantalla y va descendiendo desde el penacho de un casco, adornado con una primitiva cola de caballo, hasta detenerse ante el rostro de una niña, la hija del héroe de África, Cornelia, al tiempo que se oye la voz chillona de la gran Silvana Mangano gritando: «¡Quítate esa cacerola de la cabeza!». El gran hombre es descendido a la categoría de mindundi gracias al «piropo» de su esposa.

Los nobles patricios tenían tres apelativos, los tria nomina: praenomen (nombre propio: Publio); nomen (nombre de la familia: Cornelio; como las mujeres no tenían praenomen, su hija se llama simplemente Cornelia) y cognomen o apodo (Scipio: báculo, bastón, apoyo). Nuestro personaje tiene además agnomen, un distintivo honorífico reservado a ciertos héroes: Publio Cornelio llevaba el de «El Africano» por sus triunfos militares en África. En el caso de que en la familia hubiera varias hijas, a su nomen se añadían calificativos como maior (la mayor) o minor (la menor).

Frente al héroe, el censor «Catón el Viejo» (Vittorio Gassman) arremete contra el que considera su adversario. Aunque en aquella época no había redes sociales, sí existían bulos que circulaban rápido entre comunidades más pequeñas (la república perfecta no debía sobrepasar los 10.000 habitantes, exceptuando esclavos, claro). Hoy entendemos perfectamente estas campañas ad hominem, más destructivas que las propias acciones bélicas, que corren a cargo de youtubers, blogueros y pseudomedios. El viejo censor busca indicios de corrupción que supongan la muerte cívica, moral y política del héroe.

La censura era una magistratura que no formaba parte de la carrera política (cursus honorum: cuestor, edil, pretor y cónsul); se confiaba a excónsules con prestigio y se caracterizaba por ser profundamente conservadora, frenar el desarrollo de la sociedad y mantener un republicanismo igualitario en el que nadie debía sobresalir por su carisma. Estos cargos eran exclusivos para los patricios, los nobles; la plebe estana protegida por los tribunos de la plebe. Los hermanos Graco —hijos de aquella Cornelia que jugaba con el casco— fueron célebres fueron eliminados por ejercer este cargo.

La puesta en escena es teatral, ya que importa poco la verosimilitud del ambiente representado; la acción se desarrolla en parajes con ruinas romanas, tal como se pueden ver hoy, pero no como las vivieron los protagonistas. El score musical es el propio de un peplum, en el que lo que importa es la representación de los actores. El primerísimo primer plano del rostro de Marcello, al que se supone rompiendo con sus manos un libro de contabilidad —la prueba acusatoria que presenta Catón contra él—, deja embelesado al público, ya que muestra hasta qué punto eran capaces estos actores de expresar en su rostro las reacciones emocionales y el esfuerzo por realizar una acción prácticamente imposible.

También podemos ver cómo funcionaba el correo con las postas de caballos y mensajeros; la plácida vida en el campo, en una villa romana, y la fuerza y el coraje de las matronas. El princeps senatus, generalmente el más viejo de los senadores, se nos muestra como lo que era: un anciano. Masinisa, rey negro de los númidas y amigo de Escipión, es filmado cabalgando delante de su caballería; cuando llega junto a Scipio narra el triste fin de su amada Sofonisba y ataca a filósofos y pensadores del círculo del héroe, a los que considera parásitos del poder. Harto de los romanos, derrotado psíquicamente y amargado definitivamente, el Africano se va de Roma afirmando que de él la patria no tendrá ni los huesos («Ingrata patria, ne ossa quidem mea habes»).

Film irreverente, desacralizador y desmitificador que, gracias a la gran interpretación de sus protagonistas y al magnífico enfoque del guion que incide sobre el análisis del espíritu republicano —muy presente en los debates políticos de la Italia de los setenta—, merece ser visto y ocupar un lugar destacado en nuestra videoteca. El bajo presupuesto y la pobre realización son, en este caso, factores muy secundarios.


Etiquetas. Peplum, comedia, Scipión y Catón. Guerras de expansión romana

Texto, redacción y edición: Rosa Labrandero

 

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