YO SERVÍ AL REY DE INGLATERRA, Jiří Menzel. 2006
FICHA TÉCNICA
Título original: Obsluhoval jsem anglického krále
Título en España: Yo serví al rey de Inglaterra
País: República Checa / Eslovaquia
Año: 2006
Duración: 120 minutos
Género: Comedia dramática / Sátira histórica
Dirección: Jiří Menzel
Guion: Jiří Menzel, basado en la novela homónima de Bohumil Hrabal
Dirección de Fotografía: Jaromír Šofr
Música original: Aleš Březina
Montaje: Jiří Brožek
Diseño de Producción: Milan Býček
Diseño de Vestuario: Milan Čorba
Producción: Rudolf Biermann, Robert Schaffer
REPARTO
Ivan Barnev: Jan Dítě (joven)
Oldřich Kaiser: Jan Dítě (anciano)
Julia Jentsch: Liza
Martin Huba: Skřivánek
Marián Labuda: Walden
Milan Lasica: Profesor
Josef Abrhám: Brandejs
Jiří Šesták: Camarero
SINOPSIS Tras cumplir catorce años y nueve meses de condena bajo el régimen comunista, el envejecido Jan Dítě es desterrado a una aldea fronteriza de los Sudetes para reparar caminos en soledad. Rodeado de espejos en una cabaña en ruinas, rememora su singular ascenso vital: de muchacho menudo que vendía salchichas en las estaciones a aprendiz de camarero obsesionado con codearse con los millonarios en los lujosos hoteles de Praga. Su servilismo y pragmatismo moral lo llevan a prosperar como camarero de lujo, a casarse con una entusiasta aria en un balneario del programa eugenésico nazi y a amasar una fortuna con sellos expoliados, antes de que el nuevo orden soviético confisque sus bienes y lo envíe a prisión junto a los patricios a los que siempre aspiró a imitar.
CRÍTICA: PICARESCA CENTROEUROPEA, SERVILISMO Y EL ESPEJO HISTÓRICO Es difícil asegurar que Wes Anderson se basó en este título para componer 'El Gran Hotel Budapest' (2014), pero resultaría ingenuo pensar que no lo conocía o que las figuras de Gustave H. y Zero no dialogan de forma directa con Skřivánek (Martin Huba) y Jan Dítě (Ivan Barnev). Ambos relatos se despliegan en el corazón convulso de una Europa del Este sometida sucesivamente al rodillo del fascismo y a la asfixia del telón de acero comunista.
Anderson reconoció inspirarse en las memorias de Stefan Zweig, en el análisis de Hannah Arendt en 'Eichmann en Jerusalén' sobre la descomposición continental y en 'Suite Francesa' de Irène Némirovsky. No obstante, el paralelismo con la poética de Menzel —el tono festivo, la farsa melancólica, la ironía surrealista y el realismo mágico tamizado por la belleza arquitectónica— es palmario, distinguiéndose primordialmente en la paleta cromática: pastel y artificiosa en el tejano; terrenal, suave y centroeuropea en el realizador checo. No podía pasar desapercibido para Anderson un director que adaptó con maestría la literatura de Bohumil Hrabal y cuya ópera prima, 'Trenes rigurosamente vigilados', conquistó el Óscar a la mejor película extranjera en 1967.
Existen, con todo, marcadas diferencias biográficas e ideológicas entre ambos autores. Jan Dítě, muchacho de aldea acomplejado por su corta estatura —lo que en su delirio le auguraba similitudes con el ascenso de Hitler—, ambicionaba hacerse millonario a cualquier precio para ser admitido por la aristocracia. Muy al contrario, Gustave concebía la servidumbre no como trepa oportunista, sino como un sacerdocio moral donde el cuidado del cliente constituía un baluarte de civilización. Dítě no era un héroe ni un rebelde: poseía una maleabilidad amoral camaleónica. Fascinado por una burguesía opulenta que rivalizaba con la mayor multinacional de la fe (la Iglesia, que comercializaba con lo invisible), desfiló por hoteles como el Tichota o el Paris. Ascendía zancadilleando a sus colegas mientras acumulaba propinas y constataba que máximas como «el trabajo dignifica» (parodia siniestra del 'Arbeit macht frei') las dictaban quienes pasaban el día en banquetes y la noche de juerga. Disfrutaba arrojando monedas al aire para observar cómo aquellos potentados ociosos se humillaban arrastrándose por la alfombra para recogerlas.
Menzel caricaturiza la anexión nazi y el expansionismo pangermano reduciéndolos al absurdo de una «guerra de calcetines» y a los éxodos de masas supeditados al vaivén militar. El filme muestra una estampa insólita: la sociedad checa conviviendo en los salones de baile sin percatarse del abismo que se abría a sus pies. Checoslovaquia capituló de inicio sin presentar batalla abierta. Pero cuando Dítě logró culminar su sueño burgués —vendiendo una fabulosa colección de sellos expoliada a familias judías enviadas a los campos de concentración—, el país quedó engullido bajo la órbita soviética.
El nuevo régimen confiscó sus riquezas y lo confinó en prisión. Paradoja hrabaliana: Jan se sintió profundamente honrado de compartir penal con los magnates de la nación, convencido de haber alcanzado por fin su olimpo social, ignorando que la oligarquía encarcelada continuó despreciándolo por advenedizo. Al decretarse la amnistía, celebró salir a los catorce años y nueve meses, feliz por haber burlado tres meses de condena. La trayectoria del pícaro rural ilustra con feroz carcajada el aforismo de Groucho Marx: «Partiendo de la nada, he alcanzado las más altas cotas de la miseria».
La recreación del balneario del programa 'Lebensborn' —donde mujeres arias seleccionadas deambulan desnudas para procrear con miembros de las Waffen-SS bajo supervisión pseudocientífica— está concebida bajo esa misma sensualidad bufa que roza el ridículo. Jan es adoctrinado por Liza (Julia Jentsch), la campesina germana que defiende la pureza sanguínea, hasta que un humilde mozo de cuadras en el árbol genealógico del muchacho es celebrado como certificado de estirpe germánica: Herr Dítě.
Al final, la farsa se desvanece y el metraje adquiere una sobrecogedora gravedad existencial. Dítě, aislado en su cabaña de los Sudetes entre espejos astillados, ejerce de juez y parte de su propia biografía: «Mientras la gente sufría, yo servía con frac a las jóvenes alemanas que visitaban los soldados... me consideraban un mueble ante el que no cabía sentir vergüenza». Menzel y Hrabal plasmaron la tragedia de una generación atrapada sucesivamente entre la esvástica y el estalinismo. Frente a la sangrienta desintegración de los Balcanes, la historia checa optó con frecuencia por evitar la inmolación bélica, pagando el peaje moral del sometimiento; de esa herida nace precisamente la comedia amarga, la única trinchera donde la ironía permite sobrevivir al horror.
Etiquetas: Yo serví al rey de Inglaterra, Jiří Menzel, Bohumil Hrabal, El Gran Hotel Budapest, Wes Anderson, Cine Checo, Sátira Histórica, Cinelodeon, Crítica Cinematográfica
Colaboración / Autoría: Rosa Labrandero
Dedacción y edición: Google Gemini
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