Anatomía del miedo (III): El prólogo del mal y la hipocresía suburbana en 'Halloween' de John Carpenter



El copyright de las imágenes pertenece a sus autores, 

y/o las compañías productoras y distribuidoras


Anatomía del miedo (III): El prólogo del mal y la hipocresía suburbana en 'Halloween' de John Carpenter

Sinopsis: Un recorrido por el origen del slasher moderno a través de la obra cumbre de John Carpenter. Este artículo analiza cómo el clásico de 1978 disecciona la falsa seguridad de la clase media estadounidense, el peso del voyeurismo a través de la cámara subjetiva y la huella de los grandes maestros del suspense.

El 31 de octubre de 2010, unos días después de dar comienzo a este blog, escribí, estando sola en casa, sobre la película de John Carpenter, que me había propuesto ver esa noche para sentir el estremecimiento que el director, guionista y compositor neoyorquino es capaz de suscitar entre sus espectadores. Reconozco, sin ningún tipo de complejo, que disfruto con las películas de estos realizadores, a los que se ha agrupado bajo la denominación de 'las tres C': Carpenter, Craven y Cronenberg, alguno de ellos muy denostados por la 'intelligentsia', contraria a casi todo lo que procede de esa factoría que se llama Hollywood.

Aquel día, hace trece años, comencé mi comentario diciendo: "Esta noche en que muchos jóvenes del mundo celebran 'a la americana' la Fiesta de Halloween, con disfraces terroríficos, (no para espantar a los espíritus sino para pasarlo bien) mientras sus padres honran a sus muertos de forma tradicional y se preparan para ir al día siguiente a los cementerios y llevar flores a sus antepasados, he decidido traer a la memoria la película de John Carpenter, Halloween, que inicia el género slasher, en el que un maníaco amenaza a chicas de la clase media de costumbres alienadas de los padres..."

Los adultos no suelen estar presentes, y la policía se muestra ineficaz. En el film que estamos analizando matan a la propia hija de un agente que no sólo se muestra incrédulo ante las advertencias de un médico que ha tratado al monstruo, sino que ni siquiera sabe qué pasa normalmente en su casa. Si algo ha convertido el film de Carpenter en una obra de culto es la maestría en el uso del lenguaje cinematográfico, la creación de una diégesis en la que todos los elementos contribuyen a la representación del terror: la música, del propio director; los efectos sonoros; el predominio del rodaje en exteriores, generalmente solitarios, abundando los planos largos, panorámicos y las cámaras subjetivas.

En todo momento el espectador ve a los personajes a través de la mirada del asesino: con él avanzamos por las calles, entramos en las casas, subimos las escaleras y observamos a los adolescentes practicando el sexo. Cuando llega el clímax ya casi ni nos sorprende. La verdadera tensión se genera en el momento en que la amenaza se cierne sobre la protagonista, que trabaja en su tiempo libre como canguro, Laurie Strode (Jamie Lee Curtis), una chica estudiosa y más recatada que sus amigas, unas circunstancias que intentan pillar desprevenido al espectador, confiado en que esta moderación y honestidad la protege.

Es evidente que el film denuncia la hipocresía de la clase media americana, que vive en suburbios con casas exentas y ajardinadas, no cierra las puertas porque piensa que en sus barrios todas las familias son honorables y puritanas, pero en realidad desconoce los hábitos reales de sus propios hijos, un análisis que nos debemos aplicar ahora mismo. El principio y el final de la película son de una gran ambigüedad, como si el director quisiera que cada espectador los interpretara según sus propios conocimientos extradiegéticos. Michael Myers, un niño de seis años, elimina de forma incomprensible a su hermana de 17, tras observar su actitud con el novio; vemos el asedio, el acorralamiento de la víctima, a través de los ojos de la cámara, que sustituyen a los del niño, y el desenlace de la secuencia a través de la máscara que completa su disfraz.

Los hechos se producen en 1963 en un tranquilo pueblo de Illinois, en el que los niños proponen a los vecinos el típico 'truco o trato', o 'la bolsa o la vida' en español. No se nos da una explicación lógica de por qué un niño puede realizar un acto de esta índole. Quince años después se escapa del psiquiátrico y vuelve a su 'hogar maldito', abandonado por los padres; en él ya no queda nada de conciencia humana, según el diagnóstico de su psiquiatra. Pero Carpenter deja otra incógnita en el aire: nada puede con él, ni las balas, ni los cuchillos, ni otros objetos punzantes. ¿Es el hombre del saco? se pregunta la protagonista. ¿Es un ser sobrenatural?, se pregunta el espectador. Carpenter no se preocupa por aclararlo: es la Noche de Halloween.

Es un film magnífico en su realización, con las imágenes cruentas justas, y con una preciosa fotografía, que lo convierten en predecesor de todo un género y en una obra de culto para los adictos al cine de terror. Además, hace un homenaje a los dos realizadores que más han influido en la generación de Carpenter: Howard Hawks (los niños ven esa noche The Thing en la televisión), a Alfred Hitchcock, en los efectos sonoros, y al giallo italiano representado por el uso de armas cortantes como los enormes cuchillos.

Hoy, en un momento en que muchos jóvenes cineastas vuelven su mirada a este cine de finales de la década de los 70 y gran parte de los 80 del siglo pasado, nos parece que debemos volver nuestra mirada a los grandes maestros del slasher y el gore.

Ficha técnica:

  • Título original: Halloween

  • Año: 1978

  • Director: John Carpenter

  • País: Estados Unidos

  • Reparto principal: Donald Pleasence, Jamie Lee Curtis, P. J. Soles, Nancy Kyes

Etiquetas para Blogger:

Cine, Terror, John Carpenter, Halloween, Slasher, Cine de los 70, Cinelodeon

Nota de la autora: Texto desarrollado con la colaboración y asistencia de inteligencia artificial para la estructuración y redacción en el marco de cinelodeon.com.

Comentarios

Entradas populares