Celebración: Thomas Vinterberg. Crónica del colapso.

 



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"Cuando la vajilla de la burguesía salta por los aires, ni el mejor banquete puede ocultar la podredumbre del patriarcado."



 Ficha técnica:


Título original: Festen.
País Dinamarca.
Año 1998.
Duración: 105 minutos.
Guión: Thomas Vinterberg y Moens Rukov.
Casting: Rie Hedegaard.
Música:  Lars Bo Jensen.
Cámara: Peter Hjorth.
Montaje: Valdis Oskars Dottir.
Manager: Morten Kaufhann.
Productores: Brigitte Hald, Signe Jensen, Torben Sitig Nielsen, Karina Strand, Camila Thomsen, David Osterbore, Hie Andreasen.


Intérpretes:


Ulrich Thomsen.
Henning Moritzan:  patriarca, Helge.
Thomas Bo Larsen: Michael.
Birthe Neumann: madre, Else.
Helle Dolleris: Mette,esposa de Michael.
Patrika Steen: Helene
Trine: Dyrholm: Pia.
Therese Glahn: Michelle.
Gbatokai Dakinah: Gbatokai.

Sinopsis.


El cabeza de familia cumple 60 años y en la fiesta de celebración su hijo Christian está a punto de pronunciar un discurso que sabe que hará que ésta sea una  noche que nadie pueda olvidar, a pesar de que quieren hacerlo. 

CRÍTICA:


La demolición familiar: Celebración (Festen, Thomas Vinterberg, 1998)

Frente al cine de artificio y cartón piedra, el nacimiento del Dogma 95 supuso un terremoto formal e ideológico. Como bien señala Quim Casas, los firmantes del manifiesto —con Thomas Vinterberg a la cabeza en esta obra maestra— no buscaban el esteticismo vacuo, sino atar de pies y manos al realizador mediante normas estrictas (cámara al hombro, luz natural, cero música incidental) para abatir el corsé de la industria y desnudar la realidad social.

  • La ceremonia como patíbulo: Celebración inaugura un discurso donde cualquier conmemoración familiar deja de ser un rito de unión para convertirse en una delación implacable. Los viejos pecados y traumas sepultados en el subconsciente estallan tras una larga separación con la fuerza de un detonante incontrolable.

  • La complicidad de la clase alta: El retrato del patriarca Helge (Henning Moritzen) y su entorno es el de una burguesía nórdica corrupta, sierva del dinero y de las apariencias. Ante las dolorosas revelaciones de Christian sobre los abusos sufridos, la madre calla por pánico a perder su estatus, y los invitados prefieren seguir comiendo y bebiendo hasta el amanecer antes que enfrentar la perversión de sus anfitriones.

  • La intervención de los de abajo: En un guiño magistral que prefigura nuestra propia radiografía de clase, son los empleados de la casa —los criados y cocineros— quienes apoyan al hijo y retiran las llaves de los coches a los invitados. Nadie huye del juicio colectivo hasta que la verdad se impone sobre el lujo.

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