Mentiroso compulsivo (1997): Jim Carrey y el derecho a la risa frente a la exigencia de la atención de los programas informativos.
De los juicios imposibles al derecho a la risa: El antídoto de 'Mentiroso compulsivo'
Por Rosa (con la colaboración de su motor de investigación digital)
Publicado en cinelodeon.com
Ficha de identificación
Título original: Liar Liar
País: Estados Unidos
Año: 1997
Duración: 87 minutos
Género: Comedia
Plataformas en que se puede ver: SkyShowtime; es posible alquilar en Apple, Amazon Prime, Amazon Video y Google Play Móviles.
Edad recomendada: Depende del país, y va desde los mayores de 6 años a los mayores de 14, de acuerdo con la información de IMDb.
Dirección: Tom Shadyac
Guion: Paul Guay y Stephen Mazur
Casting: Junie Lowry Johnson, Ron Surma
Dirección de Fotografía: Russell Boyd
Música: John Debney
Edición: Don Zummerman
Dirección artística: Richard Toyon
Decorador del set: Ric McElvin
Diseño de Vestuario: Judy L. Ruskin
Responsable maquillaje: Nena Smarz
Estilista de peluquería: Enid Arias
Diseño de producción: Linda DeScenna
Productor: Brian Grazer
Productores ejecutivos: Michael Bostick, James D. Brubaker
Compañías productoras: Universal Pictures, Imagine Entertainment
Intérpretes: Jim Carrey (Fletcher Reede), Maura Tierney (Audrey Reede), Justin Cooper (Max Reede), Cary Elwes (Jerry), Anne Haney (Greta), Jennifer Tilly (Samantha Cole), Amanda Donohoe (Miranda).
Sinopsis
Fletcher Reede (Jim Carrey) es un abogado ambicioso y sin escrúpulos que usa la mentira como arma de trabajo y en las relaciones cotidianas con los familiares y con su propio hijo, que pide un deseo: que su padre no pueda mentir durante veinticuatro horas.
Comentario
Con la intensidad actual de los informativos que nos inunda a diario, uno ya llega a dudar de todo. Entre tanto titular apocalíptico y tanto ruido en los tribunales, la gente necesita imperiosamente un respiro, una sonrisa franca y un espacio de comedia que nos devuelva la ligereza.
Junto a clásicos absolutos de la carcajada mundial como El jovencito Frankenstein o La vida de Brian, hay películas que se instalaron en la memoria colectiva sin pedir permiso. Una de ellas es Mentiroso compulsivo (1997), un vehículo diseñado a la medida exacta del talento cinético y desbordante de Jim Carrey.
Jim Carrey es un actor cinético, muy físico, como Ben Stiller o Steve Martin, pero en este film lo lleva al extremo, y su actuación histriónica y exagerada no da un instante de reposo al espectador. Por otro lado, tiene su gracia al incidir sobre una profesión basada, si no en la mentira, al menos en la ocultación constante de la verdad, como es la abogacía. Todos sabemos que, por ley, incluso los acusados tienen derecho a mentir en su defensa; es función de los tribunales rehacer pacientemente los hechos a base de pruebas y testigos. El problema real de Fletcher no es su despacho, sino su casa: falla estrepitosamente con su hijo Max.
Algún gag delirante ha quedado en la memoria colectiva, como aquel en que se da una tremenda paliza en el lavabo para dejarse incapacitado: si no puede mentir, da por perdido el juicio de una mujer adúltera que intenta despellejar a un marido pusilánime y débil. O la escena con su secretaria tras aconsejarle un cambio de peinado y gafas que ella ejecuta al pie de la letra, y ante cuyo desastre estético Fletcher huye desolado al no poder filtrar su sinceridad.
El film termina con moraleja: la mala conciencia de algunos letrados que con prácticas y estrategias poco honestas consiguen el triunfo de clientes poco ejemplares. Filmada respetando el modo de representación institucional, sin grandes estridencias, excepción hecha de la gesticulación ostentosa del actor, representa el modus vivendi de la clase media norteamericana, deseado e imitado, un símbolo del sueño americano poblado de "gente guapa", vestida con clase, que disfrutaba de buenos coches y casas. El hecho de no poder mentir le devuelve la dignidad perdida, pero labora contra sus intereses y posición social. El juez le advierte de que si permite que continúe con su comedia es por morbosa curiosidad.
«Una tontuna de tomo y lomo», sentenció en su día Ángel Palomo en el diario El País. Sin embargo, hacer reír es más difícil que hacer llorar, y en la actualidad hay pocos maestros de la comedia; Tom Shadyac ha conseguido algunos éxitos de público y taquilla con El profesor chiflado, protagonizada por Eddie Murphy (1996), o Como Dios, también con Jim Carrey. Una comedia tonta, sí, pero con un fondo entrañable que nos recuerda que a veces el humor ligero es la única defensa sensata que nos queda.
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