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domingo, 26 de junio de 2016

La edad de la ignorancia. Comentario.











Cartel, ficha técnica, sinopsis, fotografías, trailer. (Pinchad aquí)



CUANDO UN HOMBRE ES OBLIGADO POR EL CONTEXTO A REGRESAR DEL FUTURO QUE SE HABÍA LABRADO PENOSAMENTE..






Denys Arcand, un guionista, director, productor y actor canadiense de variado estilo y dilatada carrera, pone su última piedra al edificio que comenzó a construir en la década de los 80, una trilogía sobre la posmodernidad, que inició con 'El declive del imperio americano' (1986), y continuó con 'Las invasiones bárbaras' (2003) . Consumado documentalista, muy crítico y ácido con la sociedad de su tiempo, Arcand es un cineasta comprometido e implicado con la realidad de su Quebec natal. El encargado de redactar la enciclopedia virtual, (Wikipedia), ha señalado, con gran lucidez, las causas por las que se considera esta primera etapa de producción de documentales como la mejor de su obra: " Mediante delicados juegos de opuestos, la dialéctica (por ejemplo, Arcand llega a demostrar tanto las incoherencias de los obreros como las injusticias que sufren) consigue, sin recurrir nunca a la narración, presentar sabias síntesis sociales y políticas. El montaje de los filmes es, por esta razón menos transparente y naturalista que la de sus compañeros de la ONF." (National Film Board of Canada en inglés, o Office national du film du Canada en francés (conocida por National Film Board o por sus acrónimos correspondientes NFB o ONF)." Curiosamente las clases menos formadas y con menos recursos, cuando pretenden castigar a los poderosos, se castigan a sí mismas, ya que su propio enfado las hace susceptibles de la manipulación de aquellos que pretenden derribar pero no saben identificar.

La decepción por el resultado del referendum para la independencia de Quebec de 1980 lo lleva a hacer películas en inglés y emular la forma de hacer de los norteamericanos, (un sentimiento de decepción que han hecho público un gran número de intelectuales ingleses, avergonzados por el egoísmo de que han hecho gala sus compatriotas al votar el brexit), un desencanto que lo empuja hacia la autonomía y la emancipación  personal, buscando el éxito personal aunque ello suponga renunciar a su lengua materna y trabajar a la manera de  Hollywood, un actitud personal que influye en su estilo, como no podía ser de otra manera; sus películas se hacen más luminosas y  se adaptan al formato televisivo, abandonando los planos largos. Hoy asistimos a un rechazo de esta forma de trabajar y se vuelve al empobrecimiento de la luz, hasta el extremo de dificultar la visibilidad de lo que ocurre en pantalla. De este modo comienza una carrera imparable con la trilogía citada, un trayecto en el que ha conseguido el reconocimiento internacional y premios importantes como el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa para 'Las invasiones bárbaras' en 2003, el Premio a la Mejor Interpretación Femenina del Festival de Cannes  para Marie-Josée Croze y la Palma al mejor Guión  y el Premio César al mejor guión, director y película para Denys Arcand por este film


El protagonista de 'La edad de la ignorancia' es un funcionario de bienestar social, que percibe un sueldo en Canadá de 68.000 dólares, un hombre decepcionado que se evade de su triste realidad a través de los sueños, en los que el oscuro funcionario brilla como un héroe, agasajado por bellas mujeres que reclaman un peaje sexual. Su actitud ausente y de mirada triste y escéptica provoca que más de un ciudadano desesperado le acuse de insensibilidad, de indiferencia ante la desgracia ajena, entre ellos un viejo profesor que acude en ayuda de la institución, un hombre que se ha divorciado y al que su mujer ha dejado en la calle, y a la que, carente de hogar, debe pagar el 80 % de su sueldo, lo que lo sitúa  por debajo del umbral de la pobreza. Jean-Marc le responde con un discurso propio de un hombre hundido, cabizbajo: "No, si me importa. De estudiante, redactaba artículos satíricos para el diario del Instituto. Me metí en política. Fui vicepresidente del Consejo Estudiantil. En la Universidad estaba en el taller de teatro. Actué en '12 hombres sin piedad'. Me interesaba la fotografía, el vídeo, he sido miembro de una banda de rock. He participado en manifestaciones contra las centrales nucleares, contra la caza de focas. Pedí la independencia de Quebec y perdí. Incluso me detuvo la policía. Ahora, mi mujer se ha ido a Toronto para follar con el presidente de la empresa. Mis hijas practican sexo con el vecino en el sótano y cada día laborable del año hago un trayecto de 20 kilómetros en coche y 45 minutos en tren y 25 minutos en metro para venir aquí y escuchar a gente que lo tiene aún peor que yo. Créame, es muy incómodo." Al menos, todavía es joven, le responde el hombre desesperado que necesita ayuda.

¿Qué hace? Cuando está a punto de despedirse del trabajo,  le comunican que su madre ha muerto en la residencia, y al pasar por la cola de los pobres  aspirantes a recibir cualquier ayuda, les escupe su desilusión: "Vienen aquí para nada. Todo es inútil. No tenemos soluciones para Ustedes, sus vidas son demasiado complicadas y la situación es compleja." La vida de este hombre que ha perdido todas las ilusiones y vuelve su mirada a la naturaleza nos recuerda aquella anécdota de 'La vida de Brian', (Monty Phyton, 1979),  en la que los fariseos condenan a la pena capital en forma de lapidación, a un hombre, que , estando cenando con su mujer dijo algo así como : 'Esta cena es digna del mismo Jehová'. Acusado por su esposa de tomar el nombre de Dios en vano, y solicitado por el sacerdote encargado de acabar con él para que se exculpe por última vez, en cada ocasión en la que pronuncia el nombre de Dios recibe una pedrada. Perdida toda esperanza de salvación, el hombre se pone a bailar, mientras a voz en grito canta: "Jehová, Jehová, Jehová..."

Este es el extremo a que han llevado los esfuerzos de muchos hombres por mejorar el funcionamiento de su sociedad, otros que se han aprovechado para obtener pingües resultados en forma de chantaje y que denuncia Thomas Vinterberg en 'La caza', y que disuaden a más de uno de iniciar carreras, hasta ahora, vocacionales. Algunos ejemplos son el uso de términos considerados incorrectos como el de hombre negro u hombre blanco (las alternativas de sus compañeros son verdaderamente alucinantes), y en especial el miedo que está empezando a tener la gente de ir al médico, que, en ocasiones se traduce en muertes prematuras, ya que los facultativos, acosados por algunos pacientes, te cuentan lo que quieres oir y lo que es innecesario que oigas: Las fases de tu enfermedad, las penosas operaciones y sus tratamientos dolorosos e incómodos, que auguran un penoso trayecto del enfermo hacia una muerte inevitable. Más penoso, piensan algunos, que dejar evolucionar a la enfermedad de forma natural, algo de lo que da buena cuenta el film. Al final todos vamos a morir. Vistas las alternativas que tiene el hombre para escapar de este destino inevitable, puede hacer dos cosas, o quizás más: caer en una depresión profunda como el protagonista de Arcand y huir de un mundo que no le satisface, dejando atrás casa trabajo y familia, o tomárselo a pitorreo como Edoardo Falcone en 'Si Dios quiere'.


Jean-Marc, en su retiro escribe un libro, en el que concluye que nuestra época se podría resumir con una sola palabra: desintegración, aunque esto no tiene sentido, puesninguna cadena de TV aceptará tan negras elucubraciones de un desconocido. La periodista que lo entrevista sabe que el hombre tiene razón y se retira con su equipo. Denys Arcand nos da una visión pesimista del mundo en el que vivimos, una imagen que profundiza el tono gris y monótono del personaje, un hombre corriente al que los sueños y las fantasías tranquilizan un rato,volviendo pronto a su triste existencia; una visión panorámica del suburbio quebequense en el que vive, un conjunto de casas de hormigón grisáceo al que no humaniza una masa boscosa suficiente, una oficina siniestra a la que acuden los desahuciados, los marginales de una sociedad más o menos floreciente. Este es la visión del mundo, quizás autobiográfica, de un hombre que puso demasiados huevos en la misma cesta, la independencia de Quebec y perdió, y que  desilusionado llega a la edad en la que el ser humano suele perder también algo más,  el apoyo de su vieja madre, quedando sólo y huérfano en un mundo que siente hostil. Como otras veces ha hecho el hombre, buscará refugio en un medio natural, una casita de su padre cerca de la playa, despedirá a las odaliscas de sus fantasías y, rodeado de gente sencilla sin más aspiraciones que vivir lo mejor que pueden cada día, acabar su existencia placenteramente. Claro que, quizás esto es privilegio de unos pocos, porque si la mayoría adoptara esta actitud, quizás pocos estarían seguros en este mundo. No es necesario contar que ocurría en una sociedad de base agraria. Para no agobiar, claro.

Un film que no han querido entender en nuestro país, en el que, cuando interesa estamos en el peor de los mundos, aunque esta realidad no implica que debamos ponernos demasiado serios y profundos. Una película que yo, sin embargo, aconsejo, un antídoto ante futuras y próximas decepciones.





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