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domingo, 16 de octubre de 2016

Historia de una pasión. Terence Davies. Comentario.



Cartel de 'Historia de una pasión'



UNA PURITANA EXCEPCIONAL



Ficha técnica, sinopsis, críticas, fotografías y trailer (pinchad aquí)


Comentario.


Antes de acudir a la sala de proyecciones y emitir un juicio sobre 'A quiet Passion' habría que hacerse al menos tres preguntas fundamentales, que una buena parte de un público adulto y convencido de que es portador de una cultura superior ni tan siquiera se planteó y como consecuencia abandonó la sala a mitad de proyección agobiado por el peso de una atmósfera insoportable y la observación en primer plano de tres agonías verdaderas, presentadas con toda la crudeza posible y sin el ornamento de la salsa de tomate propio de las películas del género de terror idolatrado por las masas. Estas preguntas son ¿Quién fue Emily Dickinson y por qué merece que alguien le haga un biopic? ¿Quién es Terence Davies? y¿Qué arrastra al público a la sala de proyecciones?

Emily Dickinson, según informa la enciclopedia virtual, comúnmente denominada Wikipedia, visitada por algún que otro crítico, fue una poetisa nacida en 1830 en Amherst, Massachussetts, que falleció a los 56 años, tras haber publicado en un periódico local, por influencia de su padre, una abogado de prestigio del lugar, tan sólo 19 poemas de los más de 1800 que constituyen su obra completa, lo que nos da buena cuenta de que cualquier selección que se haga de sus composiciones para llevarlas al cine, dependerá de la ideología y el gusto del que la realiza. La americana fue coetánea de las valientes Hermanas Bronte, autoras de Jane Eyre, (Charlotte ), y Cumbres borrascosas, (Emily), pero su trabajo  no tuvo relevancia en vida frente al éxito de las escritoras inglesas, lo cual en sí mismo era un indicio de la escasa calidad de su obra, según la propia autora; la escasez de poetas norteamericanos la ha elevado, con el tiempo al panteón de los dioses del joven país, que comparte con Edgar Alan Poe, Walth Witman, Karl  Bukowski o Ralpph Waldo Emerson, primo de su padre. Los jóvenes estudiantes de filología inglesa la han incorporado al rincón de su escritura favorita y, algunos, han usado su imagen en sus perfiles de Facebook, al tiempo que se convertía en la heroína de personajes femeninos ficticios del cine. Recluida voluntariamente en su hogar, en el seno de una familia puritana de la primera oleada de emigrantes ingleses al nuevo mundo, formada por abogados y funcionarios; nunca se relacionó con sus vecinos y poco a poco fue reduciendo su espacio vital hasta dejarlo limitado a su propia habitación privada, que nunca abandonaba, vestida continuamente de blanco desde que murió su madre. Su empeño en recibir una buena educación, en unas circunstancias en las que la única expresión artística tolerada era la práctica del canto en el coro de la Iglesia,  la convirtió en una excepción de su época, un empeño que hizo realidad gracias al bienestar familiar que la libraba de las tareas del hogar, en momentos de dolor y de penuria, en los que la Guerra de Secesión se cobró un alto precio en vidas humanas.

Terence Davies realiza una película a la que titula 'A Quiet Passion " (pasión contenida o silenciosa), que se ha traducido en España por 'Una hermosa pasión', que acaba en un 'fracaso tan hermoso como arrogante', según Jessica Kiang de Indiwire , adjetivación que se puede reducir a simplemente arrogante y moralizadora, porque ya desde el propio título  que la define se introduce la ambigüedad, que su propio biógrafo George Frisbee Wicher transmite en torno a la naturaleza del amor que la invade, en parte místico, en parte carnal y de este mundo, como reflejan cientos de versos que no se publicaron en su tiempo y que hoy han salido a la luz y revelan la intensidad de la rebeldia, cargada no obstante de cierto puritanismo, de la notable poetisa.  Terence Davies, un católico de clase trabajadora, guionista de sus propias películas que fue derivando hacia el ateísmo, se ha dejado guiar por sus propias pasiones:  la representación de la resistencia emocional y a veces física, como hace patente el personaje de Emily, la influencia de la memoria en la vida cotidiana y los efectos paralizantes de la religión. Su intransigencia, no siempre un valor positivo, le han alienado el favor de los productores e incluso, como se puede observar cada día de un público, en teoría cultivado.

¿Qué nos ha arrastrado, pues, al cine para ver esta película? No cabe duda que la relevancia que está adquiriendo en los últimos tiempos la poetisa, y el fervor que despierta entre los jóvenes estudiantes de literatura inglesa. Pero Terence Davies defrauda a ciertos sectores de su público con el via crucis a que lo somete, que, si bien es verdad que le hace sentir la opresión de una sociedad clasista, recluida, contenida, cuyas veladas, alumbradas con unos cuantos candelabros y obligada a leer en la penumbra, sin aparente signos vitales, (incluso el hijo del hermano de Emily, sólo se enseña una vez, recién nacido, pero jamás lleva alegría con sus gritos a un hogar dominado por la nostalgia), recrea un clima que nos hace comprender  por qué Flaubert fue llevado a juicio al tratar el tema del adulterio en 'Madame Bovary'. Pero en ese ejercicio de estilo preciosista y arrogante Davies da la impresión, como ya ocurriera con Chabrol y la heroína de Flaubert, de  sentir el deseo de vengarse de la mujer burguesa que fue Emily, quien, si bien hacía ostentación de momentos de rebeldía frente a la opresión religiosa de su hogar, mantenía unos principios puritanos sólidos que no le impedían enamorarse apasionadamente de un pastor protestante o de su propia cuñada. Mas la venganza es velada, haciéndola sufrir ante las pantallas diversos ataques, atormentada por el dolor y las convulsiones y mostrando su muerte tras una intensa agonía, precedida por la de sus padres. El discreto encanto de la burguesía no tiene cabida en un mundo controlado por las reglas más severas, y Terence Davies nos hace sentir todo el peso de esta presión, sin la más mínima concesión a la autocomplacencia.

Más de uno se habrá sentido defraudado en sus expectativas, olvidando que, en vida, esta mujer sólo vio publicados 19 de sus más de 1800 poemas, y que, en la actualidad, sigue siendo un misterio su vida emocional que mantuvo siempre oculta. Los ramalazos de soberbia, ya sea en relación a quien ella decide que se aparta de la vida cristiana y decente, o hacia los criados que no muestran suficiente diligencia ante un problema sin importancia, nos muestran a la mujer de su tiempo, a ratos difícil de soportar. Unos quizás esperaban conocer la razón por la que los seminarios feministas se ocupan de ella y su pasión oculta por su cuñada Susan, esa historia de una pasión a que nos remite el título del film', y de la que Davies disemina pequeños indicios. Parece bastante obvio que Emily tenía sentimientos (de tipo romántico y sexual) hacia la mujer de su hermano y es imposible saber si alguna vez hubo contacto físico entre ambas. Lo único que sabemos con certeza es que los poemas y cartas de Emily a Susan rezuman pasión (aunque sean solo un poco más apasionados que una "amistad apasionada normal").Como todos aquellos que militan en una sexualidad periférica, ejerce su derecho a proclamar su existencia y se resiste a  "dejar ser", defendiendo el derecho a un amor ardiente ante su hermana, eso sí en relación al deseo que siente por el pastor casado con otra mujer. Todo está en el film, amalgamado con los sinsabores de una vida cotidiana cerca de su familia que ambas hermanas habían elegido, reduciendo su círculo de amistades hasta tal extremo que sus mejores compañeras eran la melancolía, a veces la tristeza,  la enfermedad y la muerte. Sólo una amiga un tanto casquivana aligera el aire denso y cargado que envuelve su existencia.

Quienes esperaban una película de época, de damas y caballeros, señores y esclavos, y mujeres cultas, probablemente se hayan sentido muy defraudados y nada complacidos al contemplar los rigores de una vida refugiada en la religión y las normas que a sí mismos se imponían los miembros de los primeros descendientes de la clase burguesa ascendente y que venció a los hacendados del sur, una derrota que en los estados del Sur de Norteamérica todavía no ha sido asumida. Un film del que se han dicho demasiadas tonterías, realizado por un director que sería mucho más valorado en ámbitos académicos, en los que se facilitara una discusión en torno a si los excesos se podía haber limitado o eran necesarios para entender a los actores de esta tragedia humana tan corriente, que inclia entre los suyos a una mujer excepcional.

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