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La Revelación: Nuevo Nuncajamás

sábado, 27 de mayo de 2017

El caso Sloane. Comentario.









ENVIDIA DEL PENE

Sigmun Freud.



Ficha técnica, sinopsis, críticas, fotografías, cartel y trailer (Pinchad aquí)


John Madden, el responsable de la saga del 'Hotel Marigold' y la película multi-oscarizada 'Shakespeare in love'  (1998), reaparece con un film que parece concebido ad usum de Jessica Chastain, una actriz de apariencia dura, que ha encarnado tanto a una agente de la CIA, obsesionada con capturar a Osama Bin Laden a cualquier precio en 'La noche más oscura' (Zero Dark Thirty, 2012, Kathryn Bigelow), a una roquera punky en 'Mama' de Andrés Muschietti (2013), una científica en un film de ciencia-ficción, Interestellar de Christopher Nolan (2014) o Marte de Ridley Scott (2015). En los comienzos de su carrera trabajó para el propio John Madden en 'The Debt', Terrence Malik en  'El árbol de la vida', Ralph Fiennes en  'Coriolanus' , The Help, Tate Taylor, o Take Shelter de Jeff Nichols, trabajos, todos ellos realizados en 2011,  por los que consiguió el premio a la mejor actriz revelación en el Festival de Hollywood.

Ahora John Madden rompe todas las marcas, supera todos los límites, con un personaje duro, fuerte, una lobista a la que, como dicen sus compañeros de trabajo, sus subordinados de alguna manera, 'sólo le falta tener poya'; una mujer de afilados tacones, que paga por el sexo, toma pastillas para poder aguantar jornadas de 16 horas, que acaban provocándole insomnio y ha generado, a lo largo de su vida, una ideología personal que se basa en que el objetivo más importante que un hombre o mujer debe alcanzar es ganar; el que gana siempre irá por delante de su contrincante derrotado, que estará constantemente a la defensiva. Nos hace dudar el hecho de que Madden, el  descubridor de la actriz, estire tanto el estereotipo que acaba rozando lo inverosímil, lo innecesario, lo maquiavélico, jugando en un terreno en el que da la impresión de que el adversario de su protagonista es, finalmente, ella misma.

Quien ha trabajado toda su vida para grandes lobbies de pronto decide, una noche de fiesta aburrida, retar  a sus antiguos jefes y ponerse al servicio de una causa justa por $0, dejando bien clara su estrategia, la del mundo real  muy alejado de las utopias: el grupo que defiende una ley que pone condiciones a las licencias de armas debe centrarse en el fin. De los medios se encarga ella. Todos estamos sensibilizados e intuimos que ciertos grupos de presión (en España no están reguladas las funciones de los lobbystas, cuyo objetivo es influir, informar o simplemente aconsejar en pro de sus intereses a los estamentos políticos que deben legislar o tomar decisiones) tienden a confundir sus negocios privados con la libertad de los individuos que defiende la segunda enmienda de la sacrosanta constitución en los Estados Unidos. Principios que han sido forjados por asesores de grandes compañías, en este caso armamentísticas, divulgados machaconamente por los medios de comunicación que forman parte del lobby, e instalados definitivamente en el imaginario colectivo. Uno puede defender y exigir que se subvencione su derecho a una educación religiosa, pero no a crear una 'escuela de rock', como la que representa Linklater, porque de ablandar los cerebros ya se han encargado los miembros que detentan el poder económico y político, y que suelen ser designados como poderes fácticos.

John Madden hace un buen diagnóstico de cómo funcionan estos grupos de presión en Estados Unidos,  cuyas reglas del juego, desconocidas por las masas populares, se maquillan por los mismos lobbies, que se encargan en adoctrinar a la gente e insuflarle la idea de que no son éticos, aunque en su jerga se confunden deliberadamente auténticas malversaciones con triquiñuelas contables, en las que implican sin reparo incluso a las ONGs, encargadas de avivar la mala conciencia de ingenuos y depauperados ciudadanos a los que se extrae  pequeñas cantidades haciéndoles sentirse culpables de las hambrunas mundiales y sus secuelas. Elizabeth Sloane conoce el precio que hay que pagar para obtener el éxito y está dispuesta a llevar su plan hasta el final. ¿Vale la pena? se pregunta Madden, Y aquí reside la cuestión. Si bien es verdad que Jessica Chastain, una mujer impactante, de belleza imperfecta, es capaz, ella sola, de hacer creíble al personaje, siento que el giro final es confuso (quizá deliberadamente), extremo, radical y sobre todo ¿innecesario? No lo tengo claro. 

Después de ver esta película, muy bien contextualizada, entendemos muchas cosas que están sucediendo a nuestro alrededor, y es posible que muchos de los personajes maquiavélicos que pululan por los círculos financieros, contemplen la posibilidad de pasar una temporadita a la sombra. Los demás somos los incautos, los ingenuos que nos tragamos todo lo que nos cuentan., al tiempo que nos cuesta asimilar que lo que importa no es defender una causa justa, sino ganar. Y esto lo tienen muy claro los que forman parte de este universo; lo que no se puede permitir un lobbista es perder y siempre debe tener en la recámara un relato  (ahora la prensa habla mucho de ésto), le cueste lo que le cueste: quien juega a este juego, no se puede permitir llorar, ni cualquier otro gesto de debilidad. ¡Mirad y escuchad con atención el trailer!




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