David Yates. Harry Potter y las reliquias de la muerte.

Harry Potter se hace mayor, viste la toga viril, una cum su protagonista. La magia cede ante el talento, la inteligencia y la intuición de Hermion. Los niños son ya adolescentes que sienten los golpes del 'amor', los celos y los resentimientos.
Cuando he ido al cine, una tarde de un martes cualquiera, estaba lleno de treintañeros, generación que ha crecido leyendo las novelas de J.K. Rowling, en algún caso acompañados por padres bastante mayores, que han llevado a sus hijos al cine y les han comprado los libros. La primera vez que oí hablar de esta historia fue en un tren, a final de la década de los noventa, en el que los compañeros viajábamos cada día para incorporarnos a nuestro trabajo en el Instituto; una maestra leía muy enfrascada, y en un descanso de su entregada lectura nos dijo que le había regalado a su niño esta novela y al ver que la devoraba le había entrado la curiosidad. Ella también habían quedado atrapada.
Yo, la verdad es que no he leído la saga, y he ido al cine como un tabula rasa, a pesar de que en mi casa está toda la filmografía y la literatura. ¿ Qué he encontrado? Un película muy bien realizada por David Yates, (que ha sido aprobada por la crítica anglosajona) dirigida a jóvenes entusiastas y fans de la colección (literaria y cinematográfica); con auténtico lenguaje visual se nos muestra, sin hacerlo explícito, que detrás de los partidarios de Harry Potter y sus hechiceros camaradas, de Dumbledor, los mortifagos y Valdemor, hay una lucha entre los 'limpios de sangre' y los 'mestizos' o de 'sangre sucia'; una visión Kantiana de los pedazos del alma en los horcruxes. Cada uno leerá estos mensajes según su formación y experiencia y con sus conocimientos extradiegéticos, completará el discurso fílmico.

Otras generaciones anteriores tuvieron su '
Rosebud' en Asterix, Tin-Tin..., que les recuerda el tiempo perdido. Nadie se ha quejado nunca de ello.

Hay homenajes a Richard Harris, George Lucas y su carrera de vainas, que emula la de cuádrigas de Ben-Hur (William Wyler); todo ello filmado con luz empobrecida, en algunas ocasiones, y tonos fríos y poco brillantes, planos largos, contrapicados que empequeñecen las estancias en beneficio del héroe, bellísimas panorámicas...; efectos especiales espectaculares, y un elenco de actores de categoría. Los ojos de Ralf Fiennes le delatan detrás de mil máscaras. El elfo Dolby es muy entrañable, y consigue su objetivo: hacer sonreir al público.



Muchos filmes anuncian la incubación del huevo de la serpeinte, cada uno a su manera, con su lenguaje y en su género.

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