A cualquier otro lugar. Wayne Wang




Ficha técnica: 

Título original: Anywhere but here.
País: Estados Unidos.
Año: 1999
Duración: 114 minutos.

Dirección: Wayne Wang.
Guión: Alvin Sargent,  basado en el libro de Mona Simpson.
Casting: Victoria Thomas.
Dirección de Fotografía:  Roger Deakins, A.S.C./B.S.C.
Música: Danny Elfman.
Edición: Nicholas C.Smith, A.C.E.
Director artístico: Kevin Constat.
Decorador del set: Barbara Munch.

Diseño de Vestuario: Betsy Heimann.
Maquillaje: Robert J. Mills; diseño de maquillaje para Susan Sarandon: Marilyn Carbone.
Peluquería: Bonnie Clevering; diseño de peluquería para Susan Sarandon: Paul Le Blan.


Productor: Laurence Mark.
Productor ejecutivo: Cinny Nugent.
Productor asociado: Petra Alexandria
Diseño de producción: Donald Graham Burt.
20th Century Fox, Fox 2000 Pictures presenta a Laurence Mark.






Intérpretes:

Susan Sarandon: Adele August,
Natalie Portman: Ann  August,
Bonnie Bedelia: Carol,
Shawn Hatosy: Benny,
Hart  Bochner: Josh Sprizer.
Caroline Aaron: Gail,
Corbin Allred: Peter,
John Diehl: Jimmy,
Paul Guilfoyle: George Franklin.

Sinopsis:

Adele y Ann son madre e hija. Ahogada por  la vida del pequeño pueblo donde vive, Adele decide trasladarse con su hija a Los Ángeles, donde espera hacer realidad sus sueños. Pero la decisión no parece agradar a  Ann, una joven de 14 años, demasiado escéptica para su edad. Juntas afrontan un viaje lleno de descubrimientos y de nuevas posibilidades, tratando de lograr sus propios sueños y los de la otra.

Comentario:

Sorprenden varias cosas cuando vemos este film: cómo ha podido penetrar un hongkonés, por mucho que haya pasado la mayor parte de su vida en Norteamérica, penetrar en la calidad de las relaciones materno-filiales occidentales, a no ser que el comportamiento que constituye el subtexto de su historia sean más universales de lo que creemos; la segunda es qué tipo de infierno padece en sus hogares quien siente  la imagen especular que le devuelve la pantalla  como empalagosa y dulzona, si toma como referente sus propias experiencias para emitir un juicio. Incluso críticos sesudos como  Miguel Ángel Palomo del diario 'El País' contrapone cualidades que no pueden oponerse: "Pese al esfuerzo del director por huir de lo empalagoso, resulta en exceso convencional..." ¿ asocia empalagoso con convencional? Tampoco estamos ante el enfrentamiento de dos mujeres antagónicas: Adele y Ann no son dos mujeres enfrentadas, son una madre y una hija, en etapas evolutivas   de su trayecto vital diferentes , como siempre ocurre en la  relación materno-filial, ya que comunmente una dobla la edad a la otra.

Wayne Wang ha optado por un modo de representación institucional, demasiado convencional para el fin del siglo XX, para contar una historia antigua: Ann, una adolescente rebelde, necesita empezar a volar, cuando su madre siente que la juventud se le escapa, que no quiere acabar sus días en su pequeño pueblo y  que quiere vivir intensamente, conocer nuevos lugares, tener jóvenes amantes y experimentar nuevos empleos; lo vende todo y compra un 'mercedes', su nuevo hogar móvil, con el que ambas inician su particular viaje,  iniciático para una, crepuscular para la otra. Y entonces surge el viejo conflicto, cuyos protagonistas no acaban casi nunca  de entender, por la sutileza con que se manifiesta; Ann no quiere una madre joven, divertida y ligona, quiere una madre como los  demás, como su abuela, que se sacrificó por sus hijos y  luego los dejó marchar; la escena en la casa familiar, tras la muerte del nieto y sobrino, es una evidencia de que no hay fórmula mágica. La inadaptación de la madre al patrón la hace objeto de su odio y de sus iras irracionales, contraponiendo a las ofertas vitales de ésta castigos martirizantes: si quiere salir a cenar con ella,  pide el menú más caro; si tiene un conflicto con la policía de tráfico lo  aumenta con delaciones maliciosas. Incluso busca al padre que la abandonó siendo niña, ha formado un nuevo hogar, tiene una nueva hija e intenta apartarla de sí comprándola con dinero.

Se inscribe en una Universidad del Este, lo más lejos posible de California, con tal de marchar 'a cualquier otro lugar'  al que la madre no pueda acceder. Pero la vida, como dijo alguien es  corta, brutal y cruel; Adele es una madre de verdad y realiza el gesto  más simbólico de amor a quien la quiere apartar de su lado, consciente de la situación:  vende el emblema de su libertad, el 'Mercedes' con el que huyó de su pueblo, para pagarle a su hija la anhelada libertad: Ann es perfectamente consciente de esta situación, que analiza sin prejuicios morales ni intelectuales : odia a la madre, no puede vivir con  ella, aunque sabe  que el día que  no esté el mundo, su mundo será diferente y menos justo.

Un film duro que obliga al espectador a entender que un individuo es totalmente libre cuando 'mata a su madre', en sentido figurado. Muchos y muchas, cuando hayan visto la película de  Wayne Wang se habrán sentido muy tocados, y se habrán planteado muchas cuestiones, aunque la trampa en que caemos y que analiza el realizador es muy difícil de evitar. La parte cómica del asunto, desde mi perspectiva, se me escapa.



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