La cortina de humo. Barry Levinson





Ficha técnica:

Título original:
País: Estados Unidos
Año: 1997
Duración: 97 minutos

Dirección: Barry Levinson
Guión: Hilary  Henkin y  David Mamet, basada en 'American Hero de Larry Beynhart
Director de Fotografía: Robert Richardson
Música: Mark Knopfler
Editor: Stu Linder

Vestuario: Rita Ryack

Productores: Barry Levinson y Robert De Niro
Distribución: New Line Cinema

Intérpretes:

Dustin Hoffman: Stanley Mosst
Robert  De Niro: Conrad Brean
Anne Heche: Winifred Ames
Denis Leary: Fad King
Willie Nelson: Johnny Dean
Andrea Martin: Liz Butsky,
Kirsten Dunst: Tracy Lime.

Sinopsis:

Pocos días antes de las elecciones un escándalo sexual afecta al candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Un asesor inventa y recrea para la televisión un conflicto con un país del que apenas conocen nada los norteamericanos: Albania.

Comentario:

Hay muchas formas de entender la política y a los políticos en la era de la imagen, en la que un hombre o una mujer , en resumen, un individuo con su carisma, sus filias, sus fobias, su atractivo personal, su brillantez profesional, etc., tiene más peso para las masas que la función que  desempeña o los poderes fácticos que se esconden detrás de su organización  política  y los grupos de poder sobre los que su partido  descansa: la iglesia, la banca, el mundo de las finanzas, los trabajadores...; a lo largo de la historia se ha asociado  el dinero y la energía emprendedora con el bien común, y la defensa de los más desfavorecidos con la demagogía, y es precisamente en esta forma de entender la política en la que se fabrican los grandes sueños y las grandes desilusiones.

Se habla de listas abiertas, en las que el ciudadano elige al hombre que más le convence; lo malo es cuando éste lo defrauda. La república norteamericana es presidencialista y el primer mandatario es elegido por sufragio universal, reuniendo en su sola persona los votos de los ciudadanos, lo que le da un inmenso poder. La forma de derribarlo no es combatiendo las ideas del grupo al que representa, que lo ha aupado a este puesto,  que es el  que en definitiva  le ha llevado al cargo que ostenta, sino rastreando en sus flaquezas humanas. Desde que asume las funciones la prensa comienza lo que ahora se denomina  periodismo  de investigación, es decir, averiguar  desde qué y con quién desayuna, hasta con quién se acuesta y se levanta, fabricando escándalos y cortinas de humo en torno al personaje, que mantiene al pueblo soberano entretenido con estas memeces y olvidando  que los políticos deben resolver sus necesidades y no perder su tiempo defendiéndose  o apoyándose en estos montajes.

Barry Levinson plantea la cuestión desde un punto de vista irónico, en el que el presidente decide hasta de qué color es el gato que lleva en brazos (otro montaje publicitario), el gato de una ficticia albanesa. Lo malo no es cuando levantan estas cortinas de humo, sino cuando organizan verdaderos conflictos y empiezan a provocar daños colaterales a la población, cambalaches  de los que hay muy buenos ejemplos. En muchas ocasiones se ha llevado esta forma de ver la política al cine, especialmente desde que se acusó a Clinton de tener relaciones con una becaria, mayor de edad y responsable de sus actos, llegándose  a realizar el famoso impeachment o juicio político, por  un asunto que si hizo daño a alguien  fue a su esposa y a su familia. Mike Nichols  trató de manera magistral  este  conflicto   en Primary Colors, 1998, y profundizó en el pudor y los problemas de conciencia del más honesto de sus asesores. En definitiva , en los tiempos modernos, lo que interesa es que el axioma  de Cayo Julio César de que la mujer del César no sólo ha de ser honesta, sino además parecerlo, se  aplique  a las decisiones que cada político toma en  beneficio o perjuicio de sus  conciudadanos, y la forma  de  abordar lo que los romanos llamaron la 'res publica', o la cosa pública de todos, expresión que derivó  en el sistema democrático de que gozan, entre otros muchos pueblos  modernos  los norteamericanos: la república. Expresiones como 'el bien general' han sido tan manoseadas en los últimos tiempos, que han perdido todo su valor.

En estos momentos se está dando un paso mas en el adormecimiento de las masas, con una campaña que arrasa y apenas da respiro a la disidencia, cuando se pontifica acerca de que el político debe proceder de  sectores profesionales y volver a su antiguo oficio terminada su función. ¿Qué oficio? ¿taxista, profesor, arquitecto, financiero, agricultor, albañil ...? Es la última trampa del poder, que elimina a  quienes están menos preparados para dirigir un bufete de abogados, y aupa  a quienes  confunden los intereses de los ciudadanos con un club de accionistas e  ignoran las enseñanzas  sobre la polis y la política  desde Aristóteles hasta Maquiavelo, pasando por Duverger y muchos otros, caminando a pasos agigantados hacia la tecnocracia que desprecia  a los seres humanos que hay detrás de las cifras;  está demostrado que no se aprende  humanismo en las Facultades de Medicina, y que se está allanando  el terreno para desprenderse de aquel al que  no se puede controlar,  apelando a sus defectos más cotidianos; claro que esto solo es en un primer momento, más tarde únicamente  se acercarán a la política, no sólo quienes tengan una buena posición económica y una formación en universidades privadas de prestigio, sino quienes se hayan fabricado una gran coraza, una cara de cemento armado, para elegir el color del gato de la albanesa que han fabricado para tapar unas vergüenzas  amorosas que a amplios sectores de la población no les interesan lo más mínimo, como hace el Presidente de 'La cortina de humo' de Levinson.

Constatamos con pena que hay una  gran diferencia entre el ser y el deber ser, y el mundo que han represerntado Levinson, Nichols o  más recientemente George Clooney (Los Idus de marzo, 2011),  se parece mucho más  a la realidad, 'al ser',  que al 'deber ser' que añoramos. En estos tres casos el escándalo es sexual y generalmente gira en torno a las jóvenes becarias, que estos directores analizan con mucha ecuanimidad. Pero la diégesis no se construye tan sólo con lo que queda dentro del encuadre cinematográfico, sino que se complementa con las creencias, la ideología y la experiencia del espectador, y como queda evidenciado si acudes al cine con varios amigos o amigas, habrá siempre lecturas diferentes. Levinson utiliza el cine con esta función, la de crear una ficción que manipule a las masas y las devuelva, como ovejas, de nuevo al redil,  un escándalo que los oponentes políticos de turno han fabricado con artimañas muy parecidas. Es curioso que el  affaire más grande que han padecido los Estados Unidos no sea como aquel en el que se involucró Balzac, el que afectó  al judío   Dreyfus, sino  el hecho de que  uno de sus  Presidentes  tuviera un royete  con una becaria, y que los hechos que denuncia Michael Moore se desprecien como producto de la demagogia del director. Brian de Palma hizo una aportación notable a este tema en Impacto (1981), un film de un valor inapreciable.

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