Doce años de esclavitud. Steve McQueen




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Ficha técnica:

Título original: 12 Years a Slave
País: USA/Gran Bretaña
Año: 2013
Duración: 133 minutos

Dirección: Steve McQueen
Guión: John Ridley, basado en el libro de Solomon Northup
Casting: Francine Maisler, c.s.a.
Dirección de Fotografía: Sean Bobbit. Color
Música: Hans Zimmer
Edición: Joe Walker.
Género: Drama histórico.


Diseño de Vestuario: Patricia Norris

Productores:  Brad Pitt, Arnon Milchan, Bill Pohland, Steve McQueen, Dede Gardner, Jeremy Kleiner y Anthony Katangas.
Productores ejecutivos: Tessa Ross, John Ridley
Diseño de producción: Adam Stockhausen

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Intérpretes:

Chiwetel  Ejiofor: Solomon  Northup
Michael Fassbender: Edwin Epps
Paul Dano: John Tibeats
Paul Giamatti: : Teophilus Freeman
Lupinta Nyong'o: Patsey,
Brad Pitt: Bass
Alfre Woodard: Harriet Shaw
Benedict Cumberbatch:William Ford

Premios (Filmaffinity):

2013: Globos de Oro: 7 nominaciones, incluyendo mejor película y director
2013: Festival de Toronto: Mejor película (Premio del público)
2013: National Board of Review (NBR): Mejores 10 películas del año
2013: American Film Institute: Top 10 - Mejores películas del año
2013: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor director
2013: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor actriz sec. (Nyong'o) Mostrar 3 premios más

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Sinopsis:

Solomon Northup, un hombre negro libre que vive en el Nueva York de 1850, en los años previos a la Guerra Civil de Estados Unidos,  con su familia; es un virtuoso del violín. Mientras su mujer se va unas semanas a visitar a unos familiares, dos hombres blancos le proponen  que les acompañe en una gira en la que ganará mucho dinero tocando. Él acepta y cae en una trampa: es drogado y vendido como esclavo. Solomon deberá luchar no sólo por continuar vivo sino también por preservar su dignidad frente a la crueldad de su amo. Su esperanza, alimentada por inesperados gestos de amabilidad y ayuda, no le abandonará a lo largo de su odisea de doce años. La oportunidad de Solomon de conocer a un abolicionista canadiense cambiará su vida para siempre.

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Críticas:

Steve McQueen debuta en el cine norteamericano con Doce años de esclavitud, film basado en la historia real de Solomon Northup, hombre libre de raza negra que entre 1841 y 1853 sufrió en sus propias carnes la condición de esclavo tras haber sido secuestrado y vendido como tal en el Sur de los Estados Unidos.(Tomás Fernández Valentí. Entradilla de La  odisea de Solomon Northup. Dirigido por...,diciembre 2013).

La crítica se ha volcado con un film que remite a Lo que el viento se llevó, y diseña a un héroe que reduce el perfil  cruel y desalmado de Scarlata O'Hara. El realizador británico que mira la realidad y la describe de la forma más descarnada (Shame 2011), se enfrenta a la esclavitud y rinde a los más escépticos como Carlos Boyero, que ilustra lo que estamos afirmando aquí:  "Hay momentos en que agradecería al director Steve McQueen el sentido de la elipsis en su descripción de la barbarie." (Explícito retrato de la infancia. Diario 'El País')

Carlos Boyero hace una reflexión en el mismo artículo que no me resisto a reproducir por la trascendencia que tiene para entender a los protagonistas más sobresalientes de la Historia (con mayúsculas) del cine: "Se han realizado infinitas películas sobre el Holocausto, pero los retratos más terroríficos y conmovedores llevan consecuentemente la firma de dos directores judíos. Spielberg y Polanski volcaron en ellas su arte, pero también su corazón y su trágica implicación en aquel espanto en La lista de Schindler y El pianista. Spielberg nunca ha contado de qué forma afectó a su familia ese exterminio, pero sabemos que la madre de Polanski fue asesinada en Auschwitz (la de Billy Wilder, también) y él, que era un niño, al igual que el protagonista de su película, consiguió sobrevivir milagrosamente en el gueto de Cracovia (...) Steve McQueen  (...) es un hombre negro y nacido en Londres, con ancestros caribeños que sufrieron la esclavitud. De lo cual deduces que además del asco que profesa a esa ignominia cualquier ser mínimamente racional, McQueen también siente implicación personal en el tema."




El cineasta que plasmó en imágenes la esclavitud del sexo y realizó, con el mismo actor, Michael Fassbender, obliga a su publico a mirar de frente, tal vez  por primera vez, la realidad de la esclavitud en la era moderna. Salvador Llopart (Diario 'La Vanguardia') hace al público una seria advertencia:  "A pesar de la buena recepción crítica, a pesar de las nominaciones para los Globos de Oro que acaba de obtener, a pesar incluso de los Oscar que con toda seguridad conseguirá, debo decir que no: no vaya a ver esta obra maestra realizada por Steve McQueen, quizá la primera película en la historia del cine que ficcionaliza seriamente la experiencia de la esclavitud, con todo su miedo, toda su locura y todo su horror. No vaya a ver esta sensacional obra de arte, una de las mejores películas del año, si el cine, para usted, es tan sólo una manera de olvidar el mundo y los males que lo asolan..."

Tomás Fernández Valentí se mueve en terrenos más pantanosos cuando rastrea en las películas de Steve McQueen al autor y los rasgos que lo definen, concretamente la presencia del sexo como elemento de liberación de las frustraciones de sus personajes: "(...) quizá sea demasiado pronto para "bendecir" al realizador británico negro con la sacrosanta etiqueta de "autor", suponiendo, claro está, que  eso sea necesario para reconocer las bondades de su película", y le reprocha cierta aprensión  a cargar los aspectos más crudos (algunos son muy duros) para hacer la historia más vendible, y la aparición estelar de Brad Pitt, un abolicionista liberador, que considera una concesión a la galería.

Lo malo de excederse en la representación de la crueldad es que llega un punto en el que deja de ser efectiva y puede provocar efectos muy contrarios a los deseados, como que el espectador se recree en la inundación de todo tipo de siropes y mermeladas, sugiriendo el derrame al exterior de fluidos humanos, y se desentienda de la historia, o la acabe considerando divertida, como ocurre con los excesos de Quentin Tarantino. Pero, pese a  relativa "suavidad" hollywoodiense, continúa,  y el maniqueísmo del director, que se salva merced a la ecuanimidad del guionista, John Ridley, eso no significa, continúa que no halla momentos de violencia mostrados de manera muy directa y con sentido del impacto.

El público ha recibido  el film como un retrato fiel, no sólo por las palizas, sino por la dominación de un hombre culto, que sabe leer, escribir (redactó sus memorias) y tocar virtuosamente un instrumento, por un   esclavista psicótico-lascivo , bizarro y  de poco cerebro, cuya representación produce tal revulsión en los espectadores, que se conjura el temor de Boyero de que Fassbender sea etiquetado como uno de los monstruos más perversos del cine. Muchos han sabido dónde reside el auténtico terror, que no sólo es de carácter físico. Recordemos 'La lista de Schindler' de Steven Spielberg. Siempre nos quedará la imagen del actor, emulando a Peter O'Toole en Prometeus de Ridley Scott.


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