La vida secreta de Walter Mitty. Crítica


Crítica:
La película dirigida por Ben Stiller  y patrocinada por Samuel y  John Goldwyn (herederos de aquel Samuel que  produjo  la original de 1947) ha logrado un gran éxito de público y mantenerse en cartelera gran parte de la temporada, lo que no es poco en la situación crítica que padece el cine en la actualidad. Vamos a intentar averiguar la razón de este éxito.








Según Tonio L. Alarcón, basándose en el  neurólogo V.S. Ramachandran, los arranques imaginativos del protagonista de la novela de James Thurber,  Walter Mitty, (1939, vísperas de la Segunda Guerra Mundial), podrían ser la descripción de alguna de sus alucinaciones, debido al síndrome de  Charles Bonnet, padecido y no diagnosticado en el escritor, una afección neurológica que provoca la aparición de percepciones visuales falsas en personas que han sufrido algún tipo de daño en la vista, ya sea a través del ojo  o del cerebro, que les provoca  una ceguera total o parcial, como la que sufrió el escritor. Este análisis sería el resultado de aplicar un punto de vista pragmático, físico a las alucinaciones del personaje, que reemplazarían la realidad que ha perdido en su vida. De este modo se evitaría el conflicto maternofilial que produciría un escapismo hacia lo virtual, sustituyendo esta necesidad de huir de lo real por una manifestación mucho más positiva del espíritu humano: su capacidad de crear. Este es el sentido que le quiere dar Tonio L.Alarcon (es hora de abandonar la cápsula.Tonio L.Alarcón. Dirigido por..., enero 2014), que ve un intento de  "elaborar una  hermosísima reflexión sobre la creación cinematográfica" .

Desde el primer momento, Ben Stiller nos pone en la piel de su Walter Mitty, subrayándose que la película es una " descripción subjetiva de su vida, la proyección del universo personalísimo, caótico y extrañísimo de su protagonista principal' y considera un error 'una inconmensurable torpeza o una genialidad humorística' la comparación que hace la Fox entre la cinta con Forrest Gump (Id.; Robert Zemeckis, 1994). Ben Stiller advierte de "lo innecesario de mantener los pies sobre la tierra a la hora de  narrar una historia en imágenes, y de la flexibilidad, de la capacidad de jugar con los límites de la ficción, que sigue ofreciendo el cine, pese a que demasiado a menudo de lo neguemos". (Tonio L.Alarcon). Un análisis metalingüístico en el que, como sucede muy a menudo, seguimos dando vueltas al lenguaje cinematográfico y su capacidad de crear belleza por sí mismo, sin necesidad de ponerse al servicio de ninguna causa; en esta dirección el crítico sigue dando vueltas  al tema, incidiendo en la fotografía del neozelandés Stuart Dryburgh, la composición de la imagen...

Peter Debruge (Variety) da un paso más cuando sostiene que : "Aunque Stiller ha demostrado que puede ser mucho más divertido, al final la dimensión emocional hace que la película resulte más trascendental." (extracto de Filmaffinity)

José Arce (La Butaca.net) se queda en un terreno intermedio, entre el análisis formal de un film y su puesta al servicio de algo más que tomarse como referente a sí mismo: "Curiosamente, la película más floja de Ben Stiller tras las cámaras es también la más agradable y candorosa. Un cuento mágico de encuentro y superación personal por el que dejarse llevar con total tranquilidad."

Ficha técnica.

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