Una rubia muy legal.Robert Luketic




Ficha técnica:


Título original: Legally Blonde
País: Estados Unidos
Año: 2001
Duración: 96 minutos

Dirección: Robert Luketic
Guión: Karen McCullah Lutz y Kirsten Smith,  basado en una historia de Amanda Brown
Casting: Joseph Middleton, c.s.a.
Dirección de Fotografía : Anthony B.Richmond, a.s.c., b.s.c.
Música: Rolfe Kent; supervisor: Anita Camarata
Edición: Anita Brandt Burgoyne, a.c.e. y Garth Craven

Diseño de vestuario: Sophie de Rakoff Carbonell

Productores: Mark Platt, Ric Ridney
Co-productores: David Nicksay y Christian McLaughlin
Diseño de producción: Melissa Stewart
Compañías. Metro Goldwyn Mayer



Intérpretes:


Reese Witherspoon: Elle Woods
Luke Wilson: Emmett Richmond
Selma Blair: Vivian Kensington
Raquel Welch: Señora Windham-Vandermark
Matthew Davis: Warner Huntington
Victor Garber: Profesor Callaham
Jennifer Coolidge: Paulette Bonafonte
Holland Taylor: Profesor Stornwell
Ali Larter: Brooke Taylor-Windham
Sasha Barrese, Linda Cardellini, Tane McClure...



Sinopsis:



Elle Woods es una rubia auténtica, además de muy popular, buena estudiante, presidenta de su hermandad y Miss Junio en el calendario de la Universidad. Ha disfrutado de una vida maravillosa y está enamorada de Warner Huntington III, pero todo se derrumba cuando su novio decide romper con ella debido a que es demasiado rubia y no muy formal para su futura carrera en el mundo de la política. Decidida a salir adelante,  se matricula en la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard, asumiendo un reto mayor de lo que esperaba.


Crítica:


Hablar de comedia de situación (sitcom) para un público ten es mostrar un escaso respeto por los adolescentes y  teenagers, como si los jóvenes que no han cumplido todavía los veinte años fueran un todo absoluto y universal, algo que se encarga de contradecir la propia película. Más aún, en una traducción que se sospecha incorrecta se describe a Ellen como una joven que ha estudiado en su 'universidad' diseño de moda, lo cual restringe y explica, de alguna manera su look kitsch, inspirado en el glamour de color rosa de la Barbie y su universo, lo que reduce todavía más el grupo o la tribu urbana de la que forma parte. Sus padres, a diferencia de los de Warner, que es difícil saber por qué estudia con ella y qué hasta ir a Harvard, creen que la Universidad es sólo para chicas feas, gordas y antipáticas. El resultado es maniqueo y nos vende un prototipo de chica que apenas existe: guapa, hortera, preocupada por sus uñas, pero con un coeficiente intelectual propio de un genio, que hace que no existan metas inalcanzables para ella.

Lo mejor es cuando descubre que su inteligencia es tal que puede imponer a todos su look, su perro, (incluso en un juicio), sus colorines, sus tacones, y desplazar incluso a los mejores bufetes de abogados, siendo una estudiante, hasta acabar convirtiéndose en la líder de una Universidad tan 'prestigiosa', especialmente porque es privada y quizás la más cara de los Estados Unidos. Es cierto que Luketic nos ofrece una atalaya desde la que poder contemplar, como voyeurs privilegiados, el comportamiento y los avatares de una joven que aterriza en la institución educativa como una alienígena y que no parece tener demasiados complejos cuando usa en las clases esos bolígrados con plumeros que no están reservados exclusivamente a los teenagers.

El mundo de los adolescentes, superada la etapa de la niñez, en la que muchas niñas son educadas en un sexismo más o menos acentuado, se hace extremadamente complejo; ha ocupado la atención de los mejores cineastas, (Lucas, Spielberg, Coppola...) y, cualquier observador atento comprueba con facilidad que su universo no es tan maniqueo ni tan simple, como lo presenta Luketic (Harvard/Universidad privada-Formación profesional/gusto kitsch), cuyo objetivo abarca a una clase media americana en la que una chica que se muere por el diseño de ropa estrafalaria y hortera, acaba entrando en el mundo chic y elegante de la abogacía, convirtiéndose en uno de sus miembros más destacados. Eso a pesar del guiño que dirige a todos los conformistas que deciden quedarse atascados en un mundo, al que curiosamente tampoco renuncia. No se puede ser más manipulador.

La defensa de una mujer acusada de asesinar a su marido, las coartadas de ésta, la desligitimación de los testigos amañados, está a la altura de los modelitos color rosa de Ellen; no menos digna de mención es la defensa de una mujer maltratada, interpretada por una ajada Raquel Welch, a la que se le busca un novio apolíneo. Muchos la encuentran entretenida y es porque olvidan una de las funciones esenciales del cine, la de satisfacer el deseo de mirar del espectador, y cuanto más cutre y bizarra sea la situación y menos se adapte a la vida cotidiana, mejor. Y la verdad es difícil de imaginar, por poco sentido de la realidad que se tenga, una situación parecida en la vida real, cuyo tratamiento no sólo no denuncia determinados roles, sino que los fija: vamos a hacer creer a todos estos que ser un abogado de prestigio es importante, cuando lo que verdaderamente debe hacer una mujer es cuidar su aspecto, sus uñas, su pelo y llevar unos tacones que la obliguen a desplazarse en coche, a excepción de pequeños trayectos, como cruzar una acera. Fascinante.



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