Exodus: Dioses y Reyes. Ridley Scott. Comentario.







Ficha técnica y notas de producción. Pinchad aquí.


Comentario:

Está muy de moda decir algo tan superficial y descalificador como 'el guión y alguno de los actores le fallan' (Stephen Farber. The Hollywood Reporter), cuando la ideología que transmite choca frontalmente con la que destila la película; también es fácil sentirse decepcionado desde Indiewire, como le ocurre a Eric Kohn, que escribe en un sitio web que emite noticias diarias de la comunidad de cine independiente (documentales y cintas en lengua extranjera), como noticias de la industria e informes de festivales de cine. Ridley Scott está en las antípodas de este tipo de cine que está constituyendo un género propio con unas características muy especiales.

Javier Ocaña da de lleno en el centro de la diana cuando afirma que: "Sin embargo, lo que más sorprende de la película es sin duda su carácter político: la acentuación, más que nunca, de la mano de hierro de Dios, su carácter de férreo guía de Moisés en su camino y que, a pesar de su representación virginal, sus acciones y mandatos contengan un carácter tan revolucionario que linda peligrosamente con la más oscura de las venganzas." (La Guerra de Dios. Diario 'El País' 5 de diciembre de 2014).

Luis Martínez del diario 'El Mundo' es uno de los enojados con Ridley Scott, como lo prueba su artículo en este diario, en el que, tras llamar cursi (todavía no entiendo por qué) a 'Gladiator' afirma que : "Y aquí, sin duda, descansa otra de las posibilidades de la película apenas apuntada: ¿Y si la historia del pueblo hebreo no fuera sino la de un pueblo engañado por un mesías alucinado que creía hablar con una divinidad tan desalmada y salvaje como los propios egipcios? ¿Y si las religiones monoteístas más populares hoy en el mundo se fundaran únicamente sobre la estupidez irracional y sangrienta de un solo hombre? Y ahí lo dejamos. Obviamente, aunque sólo sea por seguir vivo, Scott no se atreve a tanto. Lástima. Habrá que esperar al final, muy al final, para asistir por fin al momento más conmovedor de la película. Y cierto. Cuando acaba el ruido, Scott graba en letras que se antojan de fuego una dedicatoria a su hermano Tony, que se suicidó hace dos años. De repente, la historia de dos hermanos (o hermanastros) que hemos estado viendo durante las últimas dos horas y media se antoja tan diferente y profunda como, finalmente, herida. Lástima de todo lo demás."(Exodus, la no-historia jamás contada. Diario 'El Mundo' 5 de diciembre de 2014).

Lo primero que hay que matizar es que Ridley Scott no hace un remake de la película de Cecil B. D.Mille (1956), sino una interpretación muy suya y personal de un episodio de la Historia Sagrada del pueblo judío, desde una perspectiva laica y pragmática, y no sólo en lo que se refiere a los dioses, sino también a los hombres, representados por los reyes, que se hace patente desde el primer momento de la película en la distancia corta con la que contempla las luchas cuerpo a cuerpo de gentes obligadas a ir a las guerra, para después elevarse y mostrar estrategias marciales a vista de pájaro, emulando a Oliver Stone en su Alejandro Magno; el combate con el que prácticamente abre el film es un enfrentamiento con los hititas en unas condiciones de absoluta desigualdad: este pueblo, apenas conocido, era superior al egipcio, ya que sus espadas eran de hierro, cuya tecnología constituía todo un secreto,  metal que partía con facilidad las relucientes y preciosas armas de los egipcios, de un bronce brillante, de las que gozan los dos hermanos Ramsés y Moisés. Esta circunstancia  es la que hace dudar a Nefertari sobre el resultado final de la contienda; más tarde habrá un incursión de pueblos del mar, apenas apuntada.

El problema de abordar este tema es que el público exige la historia como la conoce, empezando por la cesta abandonada en el río (una réplica de la de Rea Silvia, Rómulo y Remo),  no tres, sino las siete plagas, y además la separación de las aguas, el espino ardiendo, las conversación con dios, y todo lo que vio en la versión de  De Mille, porque ya pocos conocen esta leyenda Mas el realizador norteamericano nos quiere contar cómo era el sistema esclavista de producción, lo difícil y costoso que era desmontarlo de un día para otro y sustituir a los esclavos por trabajadores que recibieran un salario. Moisés advierte a su 'hermano' Ramses que la ira de Dios está desatada y él no puede paliar las consecuencias de su enfado, pero no se da cuenta de que el faraón está divinizado, y, no puede entender que otro dios, que afirma ser el único, omnipotente, omnipresente y justo pueda hacer más daño que los tiranos como él. Pronto descubrirá que el amor filial, tanto a su hijo como a su 'hermano', no puede competir con las pasiones que alberga el lado oscuro del alma humana, como la venganza sin límites. Y no hay nada que se invente Ridley Scott; aunque ahora nos resulten duras de digerir todos conocemos la matanza de los niños por el ángel exterminador y todas las demás plagas (hasta siete) que machacaron al pueblo de Egipto, provocadas por un dios enfadado por los cuatrocientos años de sistema esclavista.

Pero Scott no pone las esperanzas en el pueblo de Israel, y es perfectamente consciente de que cuando la horda que dirige llegue a Canaan  serán recibidos como invasores y no tardarán en corromperse. De hecho cuando él mismo baja del monte Sinaí su pueblo ha fabricado un ídolo de oro para adorarlo, historia que dará pie a un final que evoca la maleta de Pulp Fictión de Quentin Tarantino: ¿Que alberga la caja que conduce en un carro el propio Moisés envejecido? La pícara sonrisa de Christian Bale ha provocado una gran confusión. Unos hablan del becerro, otros de las tablas...

El director de Blade Runner, Alien o Thelma y Louise, el renovador del peplum con Gladiator, realiza un film en el que vemos más especialistas que efectos especiales, que los hay, como no podía ser de otra manera, por mucho que les moleste a los indies, y una gran cantidad de homenajes a cineastas que le precedieron en la creación de un nuevo modo de representación cinematográfica moderno y fascinante, como Kurosawa  y su representación de la muerte de caballos en las batallas, a Zack  Snyder en el despeñamiento de los carros en el camino pedregoso que bordea la elevada ladera de la montaña. e incluso a Alejandro Amenabar en algún plano en las montañas. Pero Ridley Scott es ante todo un autor con un estilo muy marcado, que siempre nos proporciona información sobre los hombres que han sufrido a través de la historia la explotación de los poderosos, en nombre de la patria o de dios, ambas ideas reunidas en la figura del emperador, el jefe de una ciudad-templo, que no admite competidores, y menos aún si se trata del dios de un pueblo de esclavos, a los que no puede liberar porque la economía de su país descansa en esta mano de obra gratuita y maleable.

Podríamos enumerar muchas más razones por las que nos ha gustado, como ya ocurrió en su tiempo con Gladiator, el film de Ridley Scott, al que si le sobra algo es aquello en lo que se excedía Cecil C., De Mille con su película de 219 minutos, en la que no se podía olvidar de uno sólo de los detalles de la historia de Moisés, cargada de significado religioso para los creyentes norteamericanos y europeos. Ridley Scott se dirige a un público del siglo XXI y le da informacióm histórica y espectáculo, especialmente la separación de las aguas, que aquí provocan una serie de tornados, que convocan espectadores que se agrupan en colas kilométricas, deseando ser los primeros en asistir a este evento y contarlo después a los amigos, como ya sucediera en la época de Meliés. De acuerdo con el bagaje cultural que cada uno lleve consigo a la proyección conectará más o menos con la información que el film nos proporciona.



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