Siempre Alice. Comentario.







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El film ha sido recibido, merecidamente, con entusiasmo por los críticos y los colectivos de directores y actores que otorgan los premios más importantes del cine. Juan Roures, (La estación del fotograma perdido), un gran conocedor de los Festivales de Cine,  sostiene que le  exige  más a una película candidata a los  Oscars, como  innovación y/o riesgo, y eso no lo proporciona el film de Glatzer y Westmoreland, que hacen una película indie, con más garra que las películas habituales del género, con aparentes pocos recursos, sets modestos, generalmente en espacios cerrados,  cediendo todo el protagonismo a Julianne Moore, pero nada novedosa en los modos de narración y representación.


Cuando nota que empieza a tener frecuentes lapsus, entiende que el hombre pasa la mayor parte de su vida temiendo cosas que nunca le van a suceder, y, cuando la desgracia auténtica, la que lo va a herir de verdad, llega a su vida, lo encuentra totalmente desprevenido. Lo que jamás podía haber soñado Alice, ni en la peor de sus pesadillas, es que todo su esfuerzo por aprender, por mejorar, por usar mejor el lenguaje y comunicarse con sus semejantes de la mejor manera, estaba a punto de perderlo; ahora tenía que aprender a perder algo cada día, algo que había representado para ella la parte más importante de su vida, como para un músico sus manos o un corredor sus pies. 

Y esa tragedia se produce cuando todavía es joven, circunstancia que favorece el desarrollo más rápido de una enfermedad que en las personas mayores avanza con mayor lentitud.es una mujer que sabe, que conoce, que imagina, con bastante precisión lo que le va a pasar, que visita una institución del tipo de aquellas en las que acaban los que padecen la misma enfermedad que ella, y que vive con gran dolor las primeras consecuencias de su desmemoria: no encuentra el servicio, se pierde cuando sale al parque a correr,se olvida de sus propósitos de vivir con intensidad cada momento y hasta olvida quienes son sus hijos. La película termina cuando comienza su degradación, evitando todo el morbo que pueda producir ver su decadencia; la mayor parte del metraje la vemos guapa, bien peinada y mejor vestida, preparándose tés, haciendo deporte, paseando por la orilla de la playa, y sufriendo una debacle periódicamente.


La película es tranquila, agradable visualmente, elegante, sin estridencias, porque Alice sabe dotar a cada momento con los suyos de un toque estético, a lo que añade su constante sonrisa, su aspecto plácido y  su apariencia de mujer independiente, culta y amante de su familia, que esconde su tragedia en lo más profundo de su ser, mientras recuerde las formas de hacerlo y no necesite ayuda externa para lavarse, cocinar  o disponer las agradables mesas. Un film que nos demuestra lo que tiene más valor en un hombre: a pesar de ser un animal, lo es racional, y cuanto más cultive este aspecto más humano se hará. 

Alice pierde la razón, pero no como lo hace el común de los mortales y denuncia William Shakespeare en Julio César (¡Oh raciocinio/has ido a refugiarte en los irracionales/ porque los hombres han perdido la razón); ella  pierde sus valores involuntariamente, porque su organismo, por una herencia genética, ha decidido cambiar la composición química y lo ha programado para que se olvide de todo lo que ha aprendido, chocando abiertamente con la primera clase que imparte a sus alumnos universitarios a principio del film. La profesora de Universidad pierde su condición humana cuando todavía no ha logrado convencer a su hija de que termine sus estudios superiores, que se niega a realizarse las mismas pruebas que sus hermanos, para conocer si ha heredado esta dolencia familiar.

Los guionistas y realizadores logran lo que se proponen. No hace falta que nadie nos informe de la existencia de la enfermedad que padece Alice, porque todo el mundo la conoce, ya que al alargarse la esperanza de vida de los seres humanos, muchos tienen padres o madres con Alzheimer; tres o cuatro visitas al neurólogo, unas pocas radiografias y unos cuantos lapsus dan suficiente información sobre una enfermedad en cuya investigación se invierten grandes fortunas. Lo que le queda bastante claro al espectador es que lo que hace hombre a un homínido es su especialización en el cerebro, que lo convierte en un ser superior al resto de los animales; si este se daña el hombre pierde esta condición, se hace vulnerable y ni siquiera se puede guiar por el instinto, dependiendo de todos para todo.

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