Cine chino. De la Revolución cultural hasta nuestros días.









Durante este periodo la producción de cine fue bastante limitada debido a la censura que se ejercía prácticamente sobre todas las películas anteriores a la revolución , que incluso fueron prohibidas, reduciéndose el número de nuevas producciones, entre las que la más notable fue una versión para ballet de la ópera revolucionaria El ejército rojo de las mujeres (Hóngsè Niángzǐjūn, 1971). La esposa de Mao, la antigua actriz Jiang Qin se convirtió en la figura clave de la «purificación» de las artes. Esta escasez productiva se convirtió prácticamente en una pausa entre 1967 y 1972 y revivió en 1972 bajo el estricto gobierno de la Banda de los Cuatro (derrocados en 1976).

En los años siguientes a la Revolución Cultural, se produjo un renacimiento de la industria cinematográfica, con temas locales y emergieron Festivales de Cine; se experimentaba con nuevas formas de hacer y decir. Estas películas contaban con una gran audiencia, y las entradas a los festivales de cine se vendían rápido.En los años ochenta la industria del cine volvió a vivir tiempos difíciles, tanto por la competencia con otras formas de entretenimiento ( como ocurrió en occidente) como por el hecho de que las autoridades pensaban que muchas de las películas de artes marciales que se producían eran socialmente inaceptables, aunque siempre tuvieron gran aceptación entre el público varonil de occidente, que encontraba edulcorados los remakes hollywoodienses; cuando más tarde Ang Lee da un papel protagonista a la mujer en Tigre y Dragón, lo hará emulando las hazañas guerreras de los hombres.

En enero de 1986 la producción cinematográfica pasó de estar regulada por el Ministerio de cultura a serlo por el Ministerio de Radio, Cine y Televisión, con lo que se pretendía conseguir un mayor control sobre la producción. El final de esta etapa trajo consigo un género nuevo, el "drama de cicatrices", que mostraba las secuelas emocionales que este periodo había provocado.  La más conocida de estas películas es, seguramente, Ciudad de Hibisco (Fu rong zhen, Xie Jin, 1986). El drama de cicatrices continuó produciéndose hasta los 90, y uno de sus logros más importantes fue La cometa azul.

La quinta generación A mediados de los 80 comienza una nueva promoción de cineastas, conocida como la la quinta generación, que popularizó estos largometrajes fuera de China, dejando atrás el esquematismo del periodo maoista y apostaron por devolver al cine su raíz estética, visual, sonora y narrativa, y por contar historias libres de consignas, con emoción y capacidad de dirigirse a individuos concretos y no a masas anónimas (Manuel Ollé). Se les denomina Quinta generación porque fue la quinta promoción de la Academia de Cine de Pekín; todos ellos eran zhiqing, o jóvenes instruidos y a todos ellos les pilló la Revolución Cultural en plena adolescencia y fueron enviados al campo a aprender del pueblo (se recomienda leer "Balzac y la costurera china" de Die Sijie); allí recibieron una inyección de realpolitik que los acabó inmunizando del bombardeo de consignas ideológicas de la época, al tiempo que se pusieron en contacto con la China profunda, rural, tradicional, con etnias minoritarias, no contaminadas de los discursos de modernización y de uniformización emitidos desde los centros de poder de Beijing.

Es en este periodo cuando las películas chinas comenzaron a recibir atención internacional Sorgo rojo y La historia de Qiu Ju, ambas de Zhang Yimou recibieron el Oso de Oro (1988) y el León de oro, respectivamente, y Adiós a mi concubina de Chen Kaige, la Palma de oro. Así pues la repercusión del nuevo cine chino en la esfera tradicional y la llegada a las salas de exhibición y a los festivales más importantes no empezó hasta 1987, cuando Hong goliang (Sorgo Rojo) de Zhang Yimou ganó el Oso de Oro del Festival de Berlín. Cuenta Juan Zavala que el día en que se proyectó el filme en Berlín, los aficionados preveían una película aburrida que hay que sufrir en todo festival de cine, y por si eso fuera poco el principio era poco prometedor con una procesión de chinos por el campo; los pocos que se quedaron, entre ellos Ángel Fernández Santos, crítico del País, vieron que era una película notable que iba a obtener premios; luego los ausentes se tuvieron que aprender que el el nombre de esta realizador era Zhang Yimou ( autor de Ju Dow, Semilla de crisantemo, 1990, y La Linterna Roja , 1991), que hacía un cine que trataba temas universales, como los celos, los amores imposibles o el destino y que sus protagonistas eran mujeres sacrificadas a los hombres debido a las imposiciones de la cultura china; que sus colores eran cálidos, las historias lentas, pero calaban en el espectador.

El mismo autor dijo: "mi cine son gotas de agua que se convierten en océanos". Su vida personal fue controvertida, pues, aunque casado, estuvo muchos años unido a la bellísima Gong Li. Desde entonces es habitual que un filme de estas latitudes reciba un galardón en Berlín, Venecia, Cannes, Hollywood o San Sebastián. Zhang Yimou, para evitar el didactismo y esquematismo dominantes se centró en el periodo de la China pre-revolucionaria y en la mujer de la sociedad tradicional, filmes en los que juega un papel importante el simbolismo del color, el tratamiento panorámico en el cruce entre la vivencia personal y la aventura colectiva,el ritualismo, el contraste entre belleza y crueldad;... con Quijiu va al juzgado (1992) opta por la historia crítica contemporánea, con un estilo documental que muestra, cámara en mano, el hormigueo de las calles chinas; el film cuenta la historia de una mujer, encarnada por la nueva musa del cine chino, Gong Li, que exige un reparo moral ante la agresión del jefe del pueblo a su marido. Las sucesivas apelaciones judiciales le permiten un recorrido de capital de distrito a capital judicial y así sucesivamente. La epopeya de la insignificante campesina que desafía a la máquina gigantesca del estado, deambulando embarazada con una manta al cuello de ciudad en ciudad es conmovedora y veraz, y viene puntuada por hábiles toques de humor".

 Zhang Yimou ha mantenido a lo largo de estos últimos años varias líneas creativas simultáneas en su cine: el melodrama esteticista de su época, de ambientación histórica y contenidos críticos, el género wuxia ( de artes marciales; ej: El Tigre y El Dragón) estilizado y el documentalismo irónico. Dos de los rasgos que definen la mayoría de filmes de los directores de la quinta generación son: una nueva forma de apropiarse de la tradición y un cierto manierismo estilístico. Sus relaciones con la literatura contemporánea china son intensas y fructíferas y casi todas son adaptaciones de obras literarias coetáneas.

Otro de los directores reconocidos en occidente es Chen Kaige (Adiós a mi concubina, 1993); estos jóvenes, gracias a un proceso de descentralización y renovación de la industria cinematográfica, pudieron realizar proyectos creativos propios en estudios provinciales como los de Xi'an o de Guanxi, lejos de la burocracia de los centros más tradicionales de Sanghai o Beijing. Uno de los primeros casos de colaboración entre los miembros de la quinta generación fue el proyecto de Tierra amarilla (1984), donde Zhang Yimou (director de fotografía) y Chen Kaige (director) trabajaron juntos; en este filme un soldado del Ejército de Liberación Popular busca canciones populares para sus soldados; en la búsqueda de sus raíces , la joven hija de una familia que le acoge se enamora de él, y obligado a casarse con ella, antepone su destino al amor. Ella se suicida adentrándose en el río Huanghe, tragedia que recuerda a la de Eneas.

Aquí ya no encontramos exaltación revolucionaria, sino sufrimiento particular de un chica decepcionada por un revolucionario de grandes palabras (sueño del héroe mítico frente a sueño simplemente humano de la mujer) El nuevo cine fue un revulsivo de los cánones estéticos y narrativos del periodo anterior, y pasó a tener como función la necesidad de expresión y de hurgar en el pasado para explorar tabúes sociales. Hablar de cine chino ya no es solo hablar de estéticas lujuriosamente estéticas,dramas rurales, tragedias íntimas y grandes frescos históricos, ritmos morosos y paisajes ancestrales, como en algunas de las primera películas de Zhang Yimou y Chen Kaige, sino de relatos de una modernidad rabiosa, que nos muestra la soledad urbana, como en los últimos del hongkonés Wong-Kar-Wai, o el taiwanés Hou Hsiao -Hsien, o la sofisticación minimalista de Zhang Yuan en Té verde; o un cine de género, fantástico y de acción, que ha influido en directores norteamericanos como Quentin Tarantino La "cuarta" generación también se hizo notar durante los años 90. Dada la etiqueta con la que se habían encontrado con la llegada de la quinta generación, estos directores pertenecían a la generación de cineastas cuyas carreras se habían visto truncadas por la Revolución Cultural. La mayoría se había formado antes de 1966. Wu Tianming, concretamente, contribuyó a financiar a muchos de los directores de la siguiente generación a través del estudio cinematográfico Xi'an mientras continuaba realizando películas. El movimiento de la quinta generación finalizó con las Protestas de la Plaza de Tian'Anmen y muchos otros directores pasaron a trabajar en producciones para la televisión.


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