Viaje a Nara. Crítica







Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí)



LA AUTORREGULACION DE LA NATURALEZA Y SU ECUACIÓN PERVERSA



Crítica:



Naomi Kawase no defrauda a quienes la conocen y la siguen haga lo que haga, entre las que me cuento desde que vi por primera vez 'El bosque de luto' (2007). 'Viaje a Nara' es un relato visual impresionante, inquietante, deslumbrante y tan bello que las casi dos horas que dura la narración no pesan, un tiempo que ella necesita para mostrar la vida del ser humano como parte de un sistema orgánico, víctima de los mismos avatares, tormentas y catástrofes que todos los demás elementos que lo integran. A pesar de que muestra las diversas formas que el hombre utiliza para hollar su propio habitat, hiriéndolo con carreteras, túneles, que separan las zonas más agrestes de las populosas, en las que ha provocado auténticas catástrofes, o carreteras, ni unos ni otros podrán evitar los ciclos por los que se rige el medio, que cada cierto tiempo procede a la depuración de lo que le duele, una ecuación terrible en la que el dolor desaparece con la destrucción total, de la que de nuevo surgirá  como el ave Fenix, mientras los hombres vuelven a la tierra de la que proceden.

Kawase juega con  las apariencias y el tiempo, al que esculpe, mientras llena los bosques de espectros, a los que vimos morir y vemos resucitar gracias a la magia del cine. La hierba que busca en Japón Jeanne, una cronista de viajes, Vision, en realidad un hongo que libera sus esporas cada 1000 años, le desvelará el secreto de por qué el resultado de dicha ecuación es la desaparición del dolor. La protagonista advierte del riesgo que corre el hombre, incapaz de transmitir sentimientos a sus congéneres, a pesar de poseer la capacidad del lenguaje, de la que carecen el resto de los animales y plantas, si bien tiene la posibilidad de amar. Sin dejar que nos invada el pesimismo de Shopenhauer que constata una realidad: que las cosas no mejoran con el tiempo, sino que simplemente cambian, el espectador ve desaparecer a todos y cada uno de los personajes que interpretan esta ficción mientras bailan una danza espectral, una especie de Butoh, mostrando sus gestos espasmódicos, siempre de espaldas, con movimientos epilépticos en los que algunos creen que los muertos y los vivos se relacionan (Doris Cörrie, 'Cerezos en flor'); los vemos morir y renacer en un bosque que evoca el del luto, o el de los suicidas, que acoge tanto a quienes se quitan la vida, son víctimas de un accidente, o mueren al parir hijos.

Naomi Kawase introduce elementos de extrañamiento  que obligan al espectadora a sentir que forma parte orgánica de una naturaleza panteísta, elevando constantemente sus cámaras hacia el cielo, un recurso para crear un lenguaje místico, metafísico, ante el que el hombre se encuentra absolutamente desarmado, especialmente cuando la naturaleza decide romper los corsés que le han colocado y volver a sus antiguos cauces, provocando grandes catástrofes. Para ello abandona el lenguaje visual convencional, lineal y crea su propio discurso que sobrepasa con mucho el espiritualismo de Terrence Malik, que se deja vencer por la advertencia cristiana de que 'de la  tierra procedes y a la tierra has de volver', cuyo estilo fílmico es homenajeado constantemente por el cine occidental.

Un film muy bonito, no fácil de ver, aunque vale la pena hacer el esfuerzo.


Trailer en Youtube.



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