El contrato del dibujante. Peter Greenaway. Crítica



LA NECEDAD DEL PRIVILEGIADO versus LA NECEDAD QUE PROCEDE DE LA SOBERBIA DEL DIVO


Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí)


Crítica:



Nos encontramos ante la obra de otro director rarito, provocador, para muchos, no preparados para fuertes sacudidas, excesivo y degradante, cuya película 'El contrato del dibujante', sale al mercado, remasterizada y digitalizada, (un proceso incluye al otro),  en formato Blu-ray, cuando David Robert Mitchel, Yorgos Lanthimos o el iraní-sueco con pasaporte de Irán Ali.Abbasi, estrenan película ('Lo que esconde Silver Lake', 'La favorita' y 'Bore'). Greenaway , no sólo no esta dispuesto a someterse a la dictadura de un guión, llegando incluso a conceder entrevistas que muestran la silla del entrevistador vacía, sino que suele practicar el cine de época como un efecto de extrañamiento más, que le permite introducir desenlaces inhumanos, que se pueden dar en esta época, pero que pertenecen al pasado. Un ejemplo terrible es 'El niño de Macon'.

En 'El contrato del dibujante' crea un personaje protagonista, el Señor Neville, un prometedor y ambicioso dibujante que alentado por su éxito entre la nobleza en decadencia y los nuevos burgueses enriquecidos pierde la conciencia de su vulnerabilidad, cegado por la soberbia, y firma un contrato en el verano de 1964, en Compton Ansley, Whilshire, con la mujer de su anfitrión, que incluye, además de entregar doce dibujos del foso y los jardines de la mansión, la sumisión de la mujer a sus caprichos sexuales, una trampa que lo involucra en un asunto muy turbio. Comete el error de considerar a la mujer un ser sumiso, equivocaciones que ellos y ellas pagan demasiado caras cuando cometen un desliz.

Las cámaras de Greenaway no son nada indulgentes con unos hombres que se pintan como monas (caras blanqueadas, coloretes y labios de rojo subido, ojos...), que llevan corsé, abrigos de amplios faldones y pelucas estrambóticas; unos pisaverdes, rodeados de mujeres mucho más listas e intrigantes que ellos, y que llevarán su venganza a los extremos que sólo los necios e ignorantes saben conducir sus asuntos, sin que nada les frene. Frente a estos indocumentados petimetres, el dibujante se cree más fuerte y audaz de lo que es y, en último extremo las cámaras, a través de cuyos objetivos el espectador capta la realidad que el realizador británico le quiere mostrar, tan acotada como los encuadres de Neville por el autor, se ríe abiertamente de los monigotes que sólo él maneja. Nada aficionado a los planos aberrantes ni a las músicas estridentes, se sirve de todos los recursos a su disposición de tal manera que hay muy pocos directores que le superen en atrevimiento, procacidad, provocación y todas las demás virtudes que acompañan al observador incisivo, hasta tal punto que, cuando Yorgos Lanthimos se ha querido alejar de sí mismo en 'La favorita', ha acabado acercándose a Greenaway.

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