El reino. Rodrigo Sorogoyen. Crítica







LA FALTA DE TRADICIÓN EN EL THRILLER POLÍTICO EN ESPAÑA ES UN OBSTÁCULO PARA HACER PELÍCULAS BRILLANTES



Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí)


Crítica: 


Da la impresión de que  en España se parte de la base de que el espectador es idiota y de que se le puede dar gato por liebre en cualquier momento. Rodrigo Sorogoyen, (no podemos hablar de dobladores porque el film es español) se permite el lujo de crear una atmósfera mediante el uso de la música como elemento narrativo, emulando descaradamente a Paolo Sorrentino en cualquiera de sus películas, que en algún momento ilustra con las conocidas cámaras lentas,  para, en uno de estos momentos confundir la música extradiegética con la diegética, y hacer que Manuel-López -Vidal le pida a un camarero que baje el volumen, un episodio ridículo que no se entiende bien,especialmente en un realizador que ha sido nominado a un Óscar por uno de sus cortos. 

Rodrigo Sorogoyen, acompañado  de Isabel Peña en la confección del guión, pretende hacer un relato de la trama de corrupción que protagonizó el partido que durante algunos años gobernó el país y más de una comunidad autónoma, y cerrar el film con una perorata demagógica de una presentadora de televisión, que reduce todo el problema y su solución a un buen ejercicio de análisis y reflexión, pero al poner el ventilador y querer repartir el asunto entre todos los partidos, un  hecho que si bien es verdad que no deja de ser real al menos en parte, al aplicar la teoría negacionista del 'buen salvaje' y sugerir que todo el mundo está corrupto, da un respiro a los verdaderos responsables del latrocinio y el engaño. Llega a hablar de uno de estos 'buenos ladrones' que tenía obras de arte en su cuarto de baño.

A diferencia de películas que ponderan sus análisis como Margin Call. Wall Street, The Company Men, y tantas otras que realizaron los norteamericanos cuando estalló la crisis con la caída de Lehman Brothers en 2008, que dejaban bien claro quienes eran los actores, cuando y cómo comenzaron a asaltar los derechos de los ciudadanos y apropiarse de su patrimonio, ya fuera grande o pequeño, Rodrigo Sorogoyen nos muestra la reacción de  los corruptos al estallar el escándalo, los esfuerzos por salvarse, grabando y hundiendo a los que hasta ayer eran compañeros de viaje, gritando asustados, revelando nombres de operaciones que evitan parecerse a las reales y clonando al poderoso matrimonio de Mediaset, Ferreras/Pastor, y el jueguecito de verdadero-falso, durante el cual la periodista le recuerda a sus entrevistados, como si fuera su propia conciencia, lo que prometieron y no han cumplido. En el film deja KO al corrupto, una situación no sólo irreal, sino inverosímil.

La segunda parte del film inicia una deriva histriónica y delirante, que no parece contentar a nadie, que no resulta creíble y  no funciona ni como thriller político ni policíaco, ya que no es capaz de crear emblemas y paradigmas del político corrupto como hace Paolo Sorrentino, ni de contar con una prosa local lo que al parecer quiere contar y no potenciar un juego de adivinanzas patético para averiguar quién representa a quién. El film se ha exhibido en el contexto de uno de los cine-clubs de la ciudad, que comienza a andar con timidez, aunque alguna de estas cosas han sido puestas en común entre varios asistentes. 


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