La casa de Jack. Lars Von Trier. Crítica










EL DISCURSO DEL VILLANO, FINANCIADO A LO GRANDE



Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí)




Hay algo que sabe el hombre prudente y reflexivo, al que Julio César dedicó la introducción a sus Comentarii de 'De Bello Gallico', y que desconoce aquel al que le gusta expresar sin ambages sus ideas por muy rudimentarias y pedestres que éstas sean: que más vale no mostrar todas las cartas por si puedes convencer a más de uno de que la violencia no es un arte, y que, una vez abierta la Caja de Pandora  los más 'aguerridos'  se pueden llevar una sorpresa, algo de lo que advirtió Sam Pekinpah en 1791 en 'Perros de paja'. Quizá tenía razón un lector que estaba detrás de un avatar, 'muiñovello', que
matizaba algunas afirmaciones que yo hacía en relación con esta película, un argumento del que se sirve el propio Lars Von Trier, el provocador por excelencia del cine contemporáneo que juega con su público, cuando afirma que los amantes del género de terror subliman su propia violencia disfrutando de imágenes que hacen esconder la cabeza bajo el ala a la mayor parte de los espectadores, incluidos los propios fans, y  que lo único que los diferencia de los creadores de iconos terribles de la vida real  es que carecen de la valentía de ser coherentes con sus principios, un argumento estremecedor y que no tiene cabida en lo genuinamente humano, que debiera ser denunciado, aunque sólo sea para defender la supervivencia de la propia especie y la búsqueda de la diferencia de aquello que nos aleja de los animales,'siempre inclinados al vientre', parafraseando a Salustio. Jack, el protagonista de esta historia, al que se nombra en momento puntuales como Señor Sofisticación, especialmente en el incidente con su amante a la que llama Simple, lo que es un signo evidente de la sobrada autoestima que tiene el macabro personaje, al que se identifica con Dante, es acompañado en su bajada a los infiernos  por Verge (coincidencia fonética con Virgilio), interpretado por Bruno Ganz, generalmente  fuera de campo hasta que vemos su imagen en la última secuencia.

De todos es conocida la ostentosa provocación de Lars Von Trier en el Festival de Cannes de 2011, cuando se permitió una broma filonazi, en medio de la cual, tras afirmar que entendía a Hitler, y, aunque se manifestaba solidario con las víctimas del holocausto, también lo hacía contra los actuales judíos, echando mano de los argumentos pedestres de que hablábamos antes, una provocación a la que rinde homenaje en 'La casa de Jack', como una performance de gran belleza artística. Si bien muchos, entre ellos Borja Hermoso (Diario 'El País', 20 de mayo de 2011), auguraron el desastre del cineasta al que el certamen expulsó de facto y declaró persona non grata, en su vuelta, tras siete años ausente de la pantalla entra en el festival por la puerta grande con una superproducción que se revela en los créditos que muestran que goza de los mejores especialistas gracias a una generosa financiación y, en la que se crea de nuevo un demonio, al que, si bien Verge, pone el contrapunto, éste le gana la partida, se queme reiteradamente en las llamas del infierno, lo que le debe de gustar muchísimo, o no. Es indiferente. Tres o cuatro detalles de importancia demuestra que el castigo por su provocación no lo amilana, sino que lo refuerza y aumenta los dividendos. Divide su historia en cinco incidentes, precedidos por imágenes en las que se cachondea del judío Bob Dylan,, al que vemos en el vídeo de 'Dont Look Back', expresando ideas básicas de su mensaje por medio  de grandes carteles, en los que figura una sola palabra o una locución, e imágenes de Gleen Gould, considerado el pianista más 'raro' de la historia, al que se atribuyen orígenes judíos por los lazos familiares con Edvard Grieg, algo que no está confirmado; pero si algo resulta verdaderamente ofensivo es la imitación por parte de Matt Dylon de la horrible mueca de un prisionero de un campo de exterminio.

El nuevo film ha sido tachado de vomitivo, repugnante e infame. Algunos críticos no sólo abandonaron la sala, más de 100 según el acreditado de Variety,sino que, como dice  Roger Friedman, estamos ante una película que no se debiera haber hecho, culpando a los actores y, en especial a Matt Dylon y Uma Thurman (mundiario.com, 'La "vomitiva" película de Lars von Trier causa repudio en Cannes. El cineasta ha regresado al certamen con polémica debajo del brazo). Tras declarase simpatizante de Hitler en Cannes,  mostró un puño en el que llevaba escrito, en los huecos entre los nudillos la palabra 'fuck', llega con la segunda parte de la provocación que desciende al nivel de lo concreto. Su discurso no sólo es misógino, como se ha dicho, sino que se posiciona contra los reclamos de las nuevas olas feministas que reivindican el papel de las mujeres en la sociedad, a las que dedica cuatro de las cinco incidencias. La quinta la reserva para la diversidad étnica, planeando la economía de medios (una sola bala Full Metal Jacket) para matarlos a todos, en franca alusión a la solución final y las cámaras de gas (que mataban a cientos de personas con una sola emisión del vapor letal), si bien resulta más dudosa su intención cuando habla del roble (árbol al que adoraban los antiguos druidas celtas) que se yergue en el patio de un campo de exterminio, un árbol a cuya sombra Goethe escribió varias de sus obras . Su interés es dar en la diana de lo políticamente correcto y dinamitarlo, guiado por el temor de 'hacer películas de mierda' (suponemos que son aquellas cargadas de buenismo, un atributo que se usa de forma peyorativa y con mucho desprecio). Parte del hecho de que la 'casa que está construyendo' el hombre afectado por un Síndrome Obsesivo Compulsivo, representa  una idea simbólica de su arquitectura intelectual rebosante de belleza,, que para ser vivida con intensidad, se levanta con materiales innobles.  La primera mujer que mata, representada por Uma Thurman, se lo merecía (ya lo advertía Teresa De Lauretis cuando oponía los conceptos de Mujer versus Mujeres, y que había que deconstruir estos términos antes de considerarlos métodos de análisis válidos; no obstante no es este el momento ni el lugar para extendernos en esto). Es una mujer provocadora, arrogante, prepotente, que se gana el castigo; la segunda es una pobre mujer que ha perdido al marido y tiene una miserable pensión de viudedad, y deja entrar al demonio en casa con la esperanza de mejorarla; la tercera es un buena madre joven acompañada de sus hijos pequeños, y la cuarta la propia amante del monstruo.

Este discurso del terror (psicológico dice algún productor, porque sugiere lo que va a hacer pero no se ensaña con imágenes, olvidando que lo que más miedo da es precisamente lo que no se ve) es acompañado de cierto anticlericalismo que culpa a la religión porque enseña a sus fieles a domeñar al tigre que llevamos dentro y nos convierte en una especie de esclavos,  olvidando, a su vez, que la meta del ser humano no es anterior a la muerte, sino posterior; mata el arte e impone un jefe moral con una suerte de epigonismo, limitando al hombre en la repetición de aquello que ha recibido, ya que, al fin y a la postre eso es lo que significa moral, -costumbre, de mos-moris-. Pero el artista debe ser cínico (olvida Trier la cantidad de 'artistas' que andan sueltos y que reproducen las nuevas modas más crueles y variopintas), y da el mayor valor a los iconos, entre ellos el mortífero stuka nazi; lamenta la resistencia de la población a reconocer el valor de los creadores de estos iconos, a los que considera un epitome del mal, cuando en realidad representan el arte más extravagante que produce las más grandes obras de la putrefacción; no sólo las utopías generan obras sublimes,y el cine tiene el valor de liberar los malos sentimientos de los espectadores. Concluido este repaso por el terreno de la provocación más absurda, porque descansa en la negación del oponente a descender al barro, Jack y su guía Verge (Bruno Ganz) inician la Katábasis o descenso a los infiernos, dejando a su paso los Campos Elíseos a los que se llega con una actitud más humana en la vida y en el arte, aunque, en este discurso, que no es nuevo, todos sabemos que quien goza de verdadero atractivo es el villano. Los'buenos' no parecen importarle a nadie, un hecho que parece dar la razón a quienes piensan que esta película no se debía haber hecho, no porque contenga imágenes insoportables, sino porque sirve a una idea que no se puede soportar. Mientras, el dinero ha fluido de nuevo hacia un proyecto de Lars Von Trier.

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