Nobleza baturra. Florian Rey. Ficha técnica y crítica.





¡MADRE MÍA!

ELLA QUIERE SU HONRA MÁS QUE A NÁ EN EL MUNDO


Ficha técnica:


Título original: Nobleza baturra
País: España
Año: 1935
Duración: 98 minutos

Dirección: Florián Rey
Guión: Joaquín Dicenta Badillo
Fotografía: Heinrich Gartner (Enrique Gerner). Blanco y negro.
Música: Rafael Martínez, José L.Rivera
Edición: Eduardo García Maroto
Decoración del set: José María Torres

Compañía productoras: Compañía Industrial Film Español S.A. (CIFESA)


Intérpretes:


Imperio Argentina: María del Pilar,
Miguel Ligero: Perico,
Juan de Orduña: Sebastián,
José Calle: Tío Eusebio,
Manuel Luna: Marco,
Carmen de Lucio: Filomena,
Pilar Muñoz: Andrea,
Juan Espantaleón: Padre Juanico, el cura,
Blanca Pozas:Doña Paula,
Rafaela Aparicio: sin créditos.


Sinopsis:


Nobleza baturra narra la historia de María del Pilar (Imperio Argentina), una muchacha honesta cuyo nombre se ve mancillado cuando un antiguo pretendiente rechazado, por despecho, la acusa de haber mantenido relaciones fuera del matrimonio. Una calumnia que se extiende como un reguero de pólvora por toda la comarca, en un Aragón de comienzos del siglo XX. El 1965 Juan de Orduña realizó un remake en tono de comedia, que la cadena SOMOS ha confundido en sus créditos con la de Florian Rey, que, a diferencia de ésta, no ha conseguido el aprobado de los lectores, aunque la de 1935 sobrepasa tímidamente el 5, si bien hoy es un documento de valor inapreciable.


Crítica:


Florián Rey, al que algunos consideran el predecesor de Pedro Almodóvar, (Agustín Sánchez Vidal), concibió durante la Segunda República un proyecto ambicioso: promocionar un cine español comercial, basado en temas y formas populares, unos principios que inspiraron su trilogía de 'La hermana San Sulpicio' (1934); 'Nobleza baturra' (1935) y 'Morena Clara' (1936), todas ellas protagonizadas por la estrella de la canción de la época, Imperio Argentina.

El film narra una historia de la época de la República, un periodo al que nos traslada Florián Rey, un hombre de clase media, nacido en La Almunia de Doña Godina, de la provincia de Zaragoza, un pequeño pueblo que hoy alberga el campus de la Escuela Politécnica , adscrita a la Universidad de Zaragoza, pero que en aquel momento era una localidad muy pequeñas, que permite al realizador que, abandonó la carrera de derecho y se dedico al periodismo y el trabajo como actor en el teatro y el cine, trasladar una visión bastante realista de estos núcleos de población, cuyas fuerzas vivas eran el boticario, el médico, el cura y el alcalde.

Frente a todos aquellos que imaginan un mundo poblado de hombres y mujeres roussonianas, buenos por naturaleza, nos muestra el martirio de que son objeto los que se salen del cauce que crea la comunidad, o, respetándolo, caen en desgracia por cualquier motivo. La imagen polivalente del que camina por la vía del tren, el emblema del progreso, montado en su burro, que se niega a apartarse de su camino para dejar pasar al ferrocarril, teniendo que ser éste el que tuerza su curso, dice mucho de la bondad del periodo que retrata, ignorante y obcecado.

Un hombre, como poco liberal, realizó una inmersión en el universo de las mujeres, instaladas en un mundo tradicional, basado en la religión y la vida rural, contra las que se cometía todo tipo de tropelías, considerándose normal que una de ellas, difamada, fuera ante la Virgen del Pilar de la Catedral de Zaragoza a clamar su inocencia, demostrando así, además que conservaba incolume la fe aragonesa. La palabra de la mujer, por sí sola, carecía de todo peso y es el cura el que le aconseja que cumpla con este auto de fe; el mismo enamorado descansa ante el juramento de la mujer. Esto y no otra cosa vació los pueblos de la gente de verdad, la que nos es buena ni mala, sino que reúne en su interior dosis de bonhomía y otras de perversidad, una realidad que ilustró magníficamente Italo Calvino en 'El Vizconde Demediado'.

No es la primera vez que el hombre vuelve su mirada romántica al campo, y lo hace queriendo llevar consigo el progreso y el bienestar, como hizo el mundo occidental durante el rococó, algo que pintores como Fragonard representó en sus cuadros en los que vemos a mujeres de la nobleza con sus pelucas, sus tacones y sus miriñaques, en columpios adornados con guirnaldas de flores, una moda que inspiró el Gran Trianon de Maria Antonieta, palacete integrado en el complejo de Versalles. La mirada de Florian Rey es más fría y distante, pero también más real, e inaugura un periodo dorado del cine de raíces costumbristas, que se apoyó en el folclore y los mitos populares, -mucha jota y rondallas -, con una narrativa fílmica inteligente; treinta años después, Juan de Orduña volvió sobre el tema, cuando se había instalado en la sociedad la idea de que sólo la gran ciudad protegía la intimidad y la privacidad de las personas. Quienes se fueron ya no quisieron volver, y está por ver cuantos regresan a estos lugares idílicos a las puertas de una revolución tecnológica que amenaza con dejar en la calle, sin empleo, a una parte importante de población. Cuando este cineasta hizo su película, nadie pensaba que estaba a las puertas del desastre, al que seguiría una etapa de desarrollismo en España, que vació definitivamente estos pequeños pueblos.

Podéis ver el film en el canal de cine español SOMOS.

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