El Irlandés. Martin Scorsese.Crítica




TU QUOQUE, FILI MEI...PINTAS CASAS?



Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice. (Pinchad aquí)



Martin Scorse estructura su relato de forma muy clásica, como lo es el lenguaje audiovisual que utiliza y que maneja con talento y elegancia, de tal manera que 'El irlandés' pone el broche final al cine protagonizado por el hampa que ha ocupado buen parte del final del siglo XX, contextualizado entre la crisis de 1929, un tiempo en el que los negocios se desarrollaban bajo el control de monopolios de sectores tan importantes como el transporte e instituciones tan poderosas como los sindicatos de trabajadores del sector,  o al abrigo de las leyes puritanas prohibicionistas, como la Volstead, también llamada Ley Seca,  de prohibición de consumo de alcohol , a pesar de que muchos de sus actores eran católicos de origen irlandés e italiano, un matiz que el director no esconde sino que explicita cuando dirige sus cámaras hacia los alzacuellos de los pastores de almas católicos que consuelan a los ancianos de una residencia para mayores en la que reside Frank Sheeran, interpretado por Robert De Niro, o las imágenes de vírgenes y santos que presiden los salones en los que estos matan el tiempo, un adiós a un subgénero policíaco  al que se une una despedida de los emblemáticos actores que siempre estarán asociados a películas como 'El Padrino' dirigida por Francis Ford Coppola, Godfellas ( 'Uno de los nuestros' en España), también dirigida por Martin Scorsese, Érase una vez en América de Sergio Leone, y tantas otras que pergeñaron o interpretaron realizadores y actores como los que se reúnen de nuevo, convenientemente rejuvenecidos, ya sea por razones diegéticas, -el relato se retrotrae a la crisis de Cuba -, o extradiegéticas, por razones que no vienen al caso, en un proceso complejo, vigilado de cerca por Pablo Helman. un proyecto imprescindible, necesario para comprender la historia reciente de la humanidad, por su implicación directa o por los indeseables efectos secundarios, que pone de nuevo de relieve la convicción de Jean-Luc Godard de que hablar de cine americano es una redundancia.

Little Italy, el distrito de Manhattan en el que se crió Martin Scorsese, adquiere protagonismo gracias al empeño del creador de la World Cinema Foundation, puesto en la preservación de películas, un cineasta que pertenece a la llamada 'Generación de los Barbudos',cuyos integrantes de sobra conocidos por todos, (Lucas, Spielber, Coppola,Malik...), que renovaron el cine, hasta que a comienzos del siglo XXI comenzó a tomar fuerza la sociedad líquida y el cine indie que contempla el nacimiento de un nuevo tipo de delincuente, el cibernético, que saquea las cuentas de sus víctimas con Hackers que disponen de armas muy potentes y que, sin derramar una gota de sangre,dejan vacías las arcas de sus víctimas inermes. Frente a los planos aberrantes, las bandas sonoras estridentes, las gamas cromáticas filtradas con fuertes colores, opta por discretos zooms, travellings, alternancia de enfoque/desenfoque con variadas significaciones, plano contra plano, recurriendo generalmente al salto de eje, que apenas alteran a un espectador. Incluso cuando surge la violencia, que llega sin previo aviso y se va del mismo modo, recurriendo, además, con frecuencia a parafrasear la voz en off del narrador, Robert de Niro, que escribe una confesión que impone al film una estructura circular mediante imágenes relacionadas con lo que se cuenta. Añade una curiosidad: la lucha del Sindicato de Transporte que controla Jimmy Hoffa (Al Pacino) con otro, mucho más débil, a cuyo frente se encuentran mujeres; el propio Hoffa compara a sus hombres con los colaboradores nazis que operaban tras las líneas en la Segunda Guerra Mundial.

La parte más delicada del film es la que relaciona a estos poderosísimos gángsters con la saga de los Kennedy,  a la que atacan directamente los mafiosos en la persona de su Presidente Jack Kennedy, y su hermano Bob Kennedy, Fiscal General del Estado, que pagarán con su vida el incumplimiento de los pactos con los mafiosos que esperaban tomar Cuba y abrir de nuevo los casinos cerrados por la revolución. La noticias que emiten constantemente las televisiones acerca de  la Batalla de la Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles con Rusia, el asesinato de Kennedy, la caída de Bob, o la desaparición de Jimmy Hoffa,  permiten deducir de qué y de quién están hablando los protagonistas del film, y hasta qué punto se compromete Scorsese al contar   esta historia. El director insiste en introducir en el imaginario colectivo la importancia que tiene entre los mafiosos l'omerta, el saber callar, en definitiva la ineludible conspiración del silencio, en un universo judicial que apoya el derecho de los criminales a no declarar, y las posibilidades que les otorga el dinero de comprar policías. Hombres poderosos como Jimmy, que se niega a rendir homenaje a un presidente muerto colocando la bandera del país a media hasta;  una amenaza directa al hermano vivo, no esconde el mal fario que invade a los conjurados por medio del terror, cuando sienten que su fin se acerca. No le falta, pues, valentía a Scorsese para contar esta historia, ni talento para hacer una nueva obra de arte en torno a un tema en el que dieron sus mejores frutos cineastas como Francis Ford Coppola. Un film que se aleja de las producciones habituales de la plataforma y que merece la atención de todos aquellos a los que les gusta el cine, el nuevo modo de representación, bien hecho.



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