Para toda la muerte. Alfonso Sánchez. Crítica




Alguien dijo un día que, a partir de ahora, un momento histórico en el que ya se han puesto puertas al campo, algo que parecía increíble hace algunos años, -muy pocos-, íbamos a tener que hablar de cosas que no veíamos. Lamentamos no poder añadir una imagen de 'Los Compadres', Alfonso Sánchez Fernández y Alberto López López, a causa de una serie de algoritmos que no entienden de la necesidad de comunicar y promocionar a los que hacen arte.



Ficha técnica, sinopsis, Breve comentario (Pinchad aquí)



Ayer, de nuevo, los Lys, en el seno del cine-Club que organizan cada lunes, llevó a la sala a estos dos jóvenes destacados de la comedia, unos profesionales que participan en todos los niveles de producción de sus obras , no porque tengan mucha capacidad y talento, que también, sino porque no disponen de muchos recursos. Los gestores del cine entendieron muy bien la magnitud de lo que tenían entre manos, y uno y otro tuvieron el reconocimiento dado a cualquier profesional reconocido, recibidos en el hall de la multisala por la plana mayor de sus gestores, desde el propietario hasta el Jefe de Marketing, pasando por el gerente y el moderador de los coloquios. Ellos correspondieron con dos magníficos regalos: una presentación desternillante y la entrega de un vídeo firmado para todos los presentes, mayoritariamente mujeres, que dedican parte de su tiempo libre a fomentar el cine con su asistencia a este tipo de eventos.






Estamos totalmente de acuerdo con Jordi Costa (Diario 'El País') cuando afirma que, ya desde su primer largo metraje, 'El mundo es nuestro' (2012), que tuvo una secuela intelectual, de título más pesimista, 'El mundo es suyo' (2018), estos jóvenes demuestran que "el contingente de energía creativa que ha estado aguardando en la red puede dar el salto a la gran pantalla y caer de pie", al tiempo que establece una relación clara, en versión andaluza de andar por casa, con la película de Sidney Lumet, 'Tarde de perros', (1975 ). Es precisamente esa adaptación inteligente y comprometida, con una sensibilidad especial tras la que esconde el savoir faire de este peculiar dúo,  la que ha empujado a los críticos de The Hollywood Reporter a incluir el film en ese cajón de sastre de lo que muchos fans denominan películas de culto, producciones cinematográficas que son objeto de veneración popular por su trama, su carácter polémico e incluso estrafalario que abordan temas controvertidos, al tiempo que se apartan de los stándares de la cultura oficial y se aproximan al cine B de explotación, el cine kitsch o camp, que se caracteriza por la trangresión social, la temática de explotación y los escasos recursos, aunque, en su caso huyen de la vulgaridad.

El background choca frontalmente con el tratamiento visual en la superficie. La película trata temas de vital importancia para  la sociedad: la aspiración de un trabajo para toda la vida, aquel que permite a los individuos hacer planes vitales a largo plazo, dejando atrás el estrés y la angustia ante un posible despido, que los impulsa a cometer actos atroces, en tono de comedia negra, muy arraigada en nuestro país, que, finalmente, darán paso a planteamientos ideológicos humanistas, basados en la hoy llamada fraternidad/sororidad o sororidad/fraternidad. A través de la exageración, la ironía, y la auto-crítica, Alfonso y Alberto llevan a la pantalla  y convierten en protagonista la idiosincrasia del pueblo andaluz y sus particularidades muy acentuadas, incluida la de su marcado dialecto.

Alfonso y Alberto lograron ganarse a un público no acostumbrado a navegar por internet, y los espectadores se agolparon en torno a la mesa en la que se amontonaban sus DVD de la película 'El mundo es nuestro', el film más notable de 'Los Compadres', dirigido por Alfonso Sánchez, uno de los primeros licenciados españoles en Comunicación Audiovisual, que compaginó con Arte Dramático, en la Universidad de Málaga; su primer cortometraje , realizado en 35 mm., 'La Gota' (2005) , fue seleccionado por los críticos profesionales  como uno de los cinco mejores cortos de 2005. Más allá de lo mucho que se podría decir de quien ha sabido ver el camino que conduce a la 'Ciudad Esmeralda' de la era tecnológica, YouTube, nos regalaron una anécdota que representa a tantos y tantos artistas españoles, ya sean escritores, músicos o cineastas, que se sienten satisfechos si concentran en una sala a 200 personas que pagan 5 euros para verlos. Una visión honesta del arte, alejada del glamour y la luces de los concursos y festivales millonarios, que sirven a intereses que apenas tienen que ver con la creación artística, y ni tan siquiera con la artesanía de que habla Pedro Vallín en 'Me cago en Godard'.

Todo un lujo para el que lo sepa entender, y, se puede afirmar que ayer, los gestores de los Cines Lys volvieron a acertar en su política de acercar el cine a sus espectadores, por lo que, de nuevo los felicitamos. 

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