The Equalizer. Antoine Fuqua. Crítica.







Ficha técnica, Sinopsis, estado de la cuestión . (Pinchad aquí)


The two  most important days in your life are the day you are born and the day you find out whit. Mark Twain. (Hay dos momentos importantes en nuestras vidas: el día en que nacemos y aquel en el que morimos).


Crítica:



Un travelling que avanza hacia atrás va construyendo un plano secuencia en el que deconstruye el entorno en que se desenvuelve el protagonista, un apartamento moderno al que penetra sin mostrar su fachada y recorre en sentido inverso al que los haría una cámara escudriñadora de la vida ajena; actúa como lo haría un intruso, ladrón o policía,  atento a cualquier sorpresa que pudiera sorprenderle por la espalda, advirtiéndonos que entramos en una historia de riesgo y acción. Tras el primer corte, un plano de detalle nos muestra una batidora, en la que alguien mezcla una serie de ingredientes ricos en vitaminas, que constituyen el desayuno de un hombre, del que primero vemos el plano de detalle de unas manos limpiando unas botas y por fin a él mismo, Denzel Washingteon,  delante de un  espejo. Antes de coger el metro para acudir al trabajo en unos grandes almacenes, mira la hora en un reloj digital.

Antoine Fuqua es un cineasta negro ( y sí tiene importancia el color de la piel en contra de lo que asevera Quim Casas ) un ingeniero eléctrico, que pretendía entrar en el ejército de los Estados Unidos, pero inició su carrera dirigiendo vídeos musicales para Tony Braxton, Usher Raymond, Setevie Wonder o Prince, y, a pesar de haber  alcanzado un lugar destacado entre los directores del género  americano por excelencia, el de acción, (Training Day, Shooter y Brooklyn Finnest),  siempre vuelve de alguna forma a la música (Lightning a  Bottle,  2004, un documental sobre el blues). Junto con otros cineastas, como Ridley Scott o Tony Scott, actualiza  el cine negro,y colabora en la implantación del neo-noir, género en el que se denuncia al policía corrupto, -muy diferente, según Quim Casas del thriller de denuncia y de complot setentero-, el desorden y la delincuencia organizada que le cayó encima al pueblo americano, cuando se desmanteló la Unión Soviética; un mafioso irlandés le recrimina al partener de esta particular buddy movie, el hombre duro del cartel ruso, Teddy (Marton Csokas) , que la diferencia que hay entre ambos grupos es que los originarios de Irlanda llegaron al nuevo mundo a contribuir a crear y beneficiarse del sueño americano, mientras las mafias rusas habían accedido a él con la intención de quedárselo entero. El origen de estas organizaciones criminales  es objeto de preocupación y de inquietud científica por conocer la historia; Robert, el ex-agente de una agencia de inteligencia, que la había abandonado para dejar el mundo del crimen, por mucho que se situara en el lado de la ley, le cuenta un sencillo relato a su oponente, en el que un hombre muy bondadoso y humanista acoge en su hogar, en el que vive con su esposa y siete hijos,  a un niño de la calle y lo trata como si fuera uno más de los. El pequeño, al crecer, mata a toda la familia para no perder la bicoca, que él cree que está en peligro, ya que es un hombre que carece de humanidad, solidaridad y empatía. Es una explicación breve y sencilla, que el ruso afirma conocer, pero lo que es cierto es que ambos carecen de escrúpulos para destrozar cráneos y desmembrar cuerpos.

Denzel Washington, a diferencia de otros papeles que ha desempeñado para Fuqua, en éste se erige como un héroe de Sallinger, un guardíán entre el centeno y un justiciero urbano, que  sale de sus cuarteles de invierno, en los que se había refugiado y se encontraba desempeñando sus actividades, de forma anónima, excepto para un joven aspirante al cuerpo de policía  al que le encantaban los bocadillos,  un modesto trabajo de obrero sin cualificar, y lo hace para defender a una joven prostituta con la que coincide cada mañana desayunando en un bar, y que ha recibido una tremenda paliza de los proxenetas que dirigen el negocio local, que ha exigido su hospitalización. Pero Robert, para el que la estrategia es fundamental, y que antes de entrar en acción analiza los más mínimos detalles y las flaquezas de sus oponentes, actuación puesta en escena de forma espectacular  con un montaje rápido,apoyado en especialistas de efectos especiales-, no está dispuesto a quitar de en medio a cuatro o cinco rufianes al mando de un cruel asesino  enviado desde la cúpula ubicada en  la lejana Rusia, sino que como el agente 007 se desplaza al mismo centro de operaciones de los diversos negocios ilegales que se controlan desde este gélido país, descabezando a la propia serpiente.  A pesar de que el film es una adaptación cinematográfica de una serie televisiva, en este aspecto se aproxima al cómic, y le importa bastante poco a Fuqua la verosimilitud de la narración.

Coincido con algunos críticos americanos en que Antoine Fuqua ha realizado un film elegante, (Todd McCarthy) a pesar de integrarse en el género de acción, cuya característica  fundamental es la emoción derivada de la violencia, mitiga sus consecuencias con el uso constante del claroscuro y la proximidad a los contendientes de la cámara, en los momento de máxima acción, procedimientos con los que evita al espectador la visión de agresiones  teñidas de gran violencia, para las que se sirve de todo tipo de instrumentos cortantes (taladradoras, sacacorchos...) y armas de fuego, Quim Casas afirma que, " Fuqua y su guionista, Richard Wenk (16 calles), tienen la habilidad para hacer del personaje un misterio tanto en su misma configuración dramática (solitario, aislado, ordenado, rutinario, ritual, sumido cada noche en la lectura de un libro en la misma mesa de una cafetería (...)(Opus.cit.). Este hombre que se ha propuesto leer una lista de los cien libros imprescindible para cualquier hombre letrado, se identifica con el famoso caballero andante, Don Quijote, que, retirado en su casa, se ve en la obligación de volver al mundo y luchar contra las injusticias; una joven prostituta dará la voz de alarma.

The Equalizer es un film aconsejable  para los amantes del género de acción, que ahora podéis ver en Netflix. La cultura de la acción es la mayor aportación americana al corpus de la cutura occidental en cualquiera de sus facetas (jazz, blues, action paintig...). Bajo ningún concepto acepto la asimilación de cine de autor, como cine del genio individual, y cine de género, como artesanía al servicio de la industria. Las producciones cinematográficas son ya inabarcables en la vida de una persona; todo el mundo ha visto mucho cine, en mejores o peores condiciones, (en la TV, el ordenador o la sala de proyecciones),  del mismo modo que conocen 'La Gioconda' aunque no la hayan visto en la vida, y comienza a reconocer las características que definen el estilo de directores que hacen género y son auténticos autores. ¿Acaso algún crítico confundiría a Lucas con Spielberg o a Hitchcock con Brian de Palma? Eso, olvidando a realizadores tan particulares como Tim Burton, James Cameron, Peter Jackson, Kevin Smith, sin adentrarnos en el mundo de los clásicos  como Ford, Welles, Preston Sturges, Woody Allen y tantos otros, a los que no creo que nadie se atreva a llamar artesanos, porque practicaron la comedia, el thriller, la ciencia-ficción, y los dramas íntimos y sentimentales. ¿Si construyéramos un canon, a quién incluiríamos?

En cuanto a lo de ser negro e  involucrarse o no en movimientos contra los restos de segregación racial o al menos discriminación, ya sea como activista o militante en partidos políticos, negros o no, es una opción personal de hombres que aspiran a unas relaciones normalizadas entre las personas, pero la afirmación de Quim Casas de 'que la piel no es sinónimo de  progresismo', nos apetece rebatirla con esta afirmación:¡Ojalá que lo fuera!, porque hasta hace bien poco el color de la piel te impedía hasta sentarse en un autobús, y el hecho de que los norteamericanos hayan llevado a la máxima magistratura del estado a un hombre que, no hace doscientos años  pertenecía  a una raza de esclavos, demuestra que han avanzado en derechos civiles muchos más que el comentarista, que no es, ni mucho menos tan jovencito como para ignorar cómo eran las cosas hace tan solo cincuenta años .Este verano las alarmas se han desatado en Occidente por una enfermedad que lleva matando gente desde hace más de tres décadas: el ébola. ¿Por qué nos preocupamos ahora? Porque, como denuncia el austriaco  Ulrich Seidl en la película de su famosa trilogía, 'Paraíso amor', los que sólo saben hacer dinero mediante la construcción, y donde reinan las zoonosis,se han trasladado a países africanos, en muchos de los cuales, como Kenia, se ha creado un fuerte negocio de turismo sexual, que incluye a mujeres maduras, las sugar mama, que hace enrojecer a un pueblo tan avanzado como el del cineasta. El intercambio de fluidos puede tener graves consecuencias, según dicen los expertos de la prensa, y no existen barreras que impidan que se propague.


Cuando en octubre de 2014 escribimos este post un coronavirus amenazaba a la humanidad: el ébola. Es curiosos comprobar la percepción que del último y más exitosos virus de la familia, el que ha está acabando con un gran número de especímenes de la raza humana,fuera tratado con tal desenfado por revistas medicas especializadas , (era el primer virus que no  transmitían los pobres, sino la clase busíness que viajaba por todo el mundo, por aquellos lugares en los que residían sus intereses de los negocios deslocalizados, acudiendo a aquellos lugares donde se pagan sueldos de esclavitud). Entonces no se sabía que no mata menos que el ébola, sino que lo hace tan silenciosamente que es muy difícil contenerlo. Afirmamos ésto, porque en 1914 ya señalábamos los riesgos de una nueva pandemia, que se unía a todas las zoonosis que avanzaban por el mundo entero. 

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