El vicio del poder. Adam McKay. Crítica.

 


"UNO NO DEBE DESVIARSE DE SUS OBJETIVOS. SI BUSCAS QUE TE QUIERAN DEDÍCATE AL CINE." CREENCIA POPULARMENTE EXTENDIDA DE LOS QUE DEFIENDEN EL 'PODER EJECUTIVO INDIVIDUAL'. 

Ficha técnica, intérpretes, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí).


El film que dirige Adam McKay, que se estrenó a comienzos de 2019, cuando nadie era capaz de imaginar la que se nos venía encima por causas que se derivan de decisiones manipuladoras y arbitrarias que todos conocemos, es notable, por diferentes razones que se conjugan para convertir el film en un testimonio, con vocación de documental, de los acontecimientos que, basados en una gran mentira, desembocaron en una guerra, declarada ilegal por las Naciones Unidas, que, sirviéndose como detonante de un hecho real, el atentado contra las llamadas 'Torres Gemelas', unos edificios del World Trade Center, abrió las puertas para la ambición de las grandes empresas norteamericanas que vieron la posibilidad de ampliar su mercado a cualquier precio, y encontraron al hombre adecuado, el que sería el Vicepresidente George Bush, Dick Cheney, que articuló una teoría de funestas consecuencias, la del poder ejecutivo individual: todo lo que decida el Presidente, inspirado por su Vicepresidente, es por naturaleza legal. Un idea en la que militan políticos arrogantes de cualquier ideología y en cualquier parte del mundo, incluidas guerras ilegales, prepotencia y eufemismos para introducir lo que nunca habían conseguido los republicanos cambiando la semántica de sus iniciativas orientadas a incrementar la desigualdad, algo imprescindible para que, al menos, los ricos cada vez sean más ricos. Un periodo histórico protagonizado por dos hombres, Bush y Cheining, adictos al alcohol, fracasados en los estudios y sin otras capacidades que las que pusieron en juego par desgracia de la humanidad; el poder de sus familias los puso en el candelero.

Los grandes actores de estos días que cambiaron el mundo, Dick Cheney y su mujer Liz, Goerge Busch, Condoleesa Rice, Donald Rmself y alguno más, están interpretados por actores magníficamente caracterizados para representar a seres tan peculiares, ya sea envejecidos y con un exceso de peso, especialmente Bale, ya peinados y con un maquillaje bastante acertado, o gestualización exagerada que evocan al personaje emulado, intérpretes de la categoría de Christian Bale, Max Rockwell, Amy Adams, Steve Carrell, Jesse Plemons , y algunos más, que no dudan en ponerse al servicio del país y contribuir a la narración y esclarecimiento de unos hechos que rompieron definitivamente el sueño americano que había sido construido con esfuerzo y sometido a diferentes vaivenes, simbolizado por una serie de tazas de café que descansan sobre sus platillos, colocadas una encima de otra formando una torre. El film incluye un cameo de un hecho real sobresaliente, llevado al cine por Doug Lima. Una agente secreto del Departamento contra la Proliferación de Armas Nucleares de la CIA, Valerie Plame,  interpretada por Naomi Watts, descubre que a diferencia de lo que defiende el gobierno de EE.UU. Irak no tiene ningún programa de armas nucleares. Su marido, el diplomático Joe Wilson, (SeanPenn), es enviado a Niger para investigar los rumores sobre unas posibles ventas de uranio enriquecido a Irak. Tras descubrir que no se han producido tales ventas Joe escribe un artículo en el New York Times en el que plasma sus conclusiones, desatando una intensa polémica en el país. La Casa Blanca se vengó de la pareja y Robert Novak filtró a periodistas notorios el nombre de la agente encubierta, poniendo su vida y la de su familia en grave riesgo, así como la de todas las personas, incluidos iraquíes que colaboraron con la espía. 

Los ciudadanos tragaron todo tipo de tergiversaciones y manipulaciones que hoy, olvidado su origen y atribuidas incluso a la oposición de Bush/Cheiny, lograron introducir tras años de intentos la reducción del impuesto de sucesiones, cambiando simplemente el nombre que pasarían a llamar impuesto sobre la muerte; supresión de la expresión de calentamiento global por la de cambio climático (hoy pagamos las consecuencias cambiando el 'bienestar de ayer' por la muerte de hoy en forma de pandemia global); fin de las leyes que imponían un equilibrio ideológico de las fuerzas políticas en los debates, que desembocaron en tertulias salvajes en las que todo vale para imponerse; memorandums que legalizaban la tortura, engaño más masivo que las armas que se suponía que fabricaba Irak, creación de un líder que salía de la nada, Abu-Muzab-Al-Zarkabui que aprovechó la plataforma que le crearon para provocar una guerra entre chiitas y sunnitas dentro de la guerra que se libraba con Estados Unidos, añadiendo dolor y muerte a una contienda criminal. Contratos millonarios a empresas como  Halliburton, denunciada por sectores temerosos del propio ejército...

El vicio del poder es un drama político sin paliativos, sin paños calientes, como sólo saben y están dispuestos a hacer realizadores norteamericanos, comprometiendo su propio presente al denunciar hechos graves sucedidos en su propia generación, que todos conocen, pero nadie se atreve a comentar en cualquier otro lugar. Unas breves imágenes en un telediario nos muestran al premier inglés involucrado en el conflicto, Tony Blair, al que la prensa española asoció con Bush y el Presidente de Gobierno español en una asociación que denominó 'El trío de las Azores',y que los anglosajones reducen a un dúo: el Presidente de Estados Unidos y el de Reino Unido. Un mérito que debe reconocerse al cine norteamericano y que está respaldado por la libertad de expresión de que gozan sus ciudadanos, al menos hasta ahora, avalado por las constantes enmiendas de su constitución que se adecúa a los avances sociales de la sociedad norteamericana. En los últimos tiempos vemos que realizadores procedentes del género de la comedia se están involucrando en dramas políticos, como en este caso Adam McKay, director de la saga de Anchorman o en películas como Ant-Man, entre otras películas de entretenimiento), o Peter Farrelly que adopta una postura comprometida en 'Green Boock'. Estados Unidos seguirá ocupando un lugar importante en la Historia si no pierde su capacidad y su espíritu crítico, y no ocurre como en la película, una metaficción en la que un grupo de estadounidenses discuten en un debate televisivo sobre la propia película, y la white trash, los representantes de la América profunda, insultan a los que se les ocurre pensar y hacerse preguntas llamándolos rojos, pasando sin más dilación a las manos. Una imagen que no se corresponde con el papel de imperio que creen que su país juega en el mundo, su 'America first', representado por un grupo de individuos brutos e ignorantes, que no son pobres desempoderados, porque el que recibe los palos simplemente es más racional y listo que la masa que lo rodea, pero no más rico ni mejor posicionado. Las chicas, entretanto, terminan esta historia deseando ver la próxima entrega de Fast & Furious. Sinceramente, el que se robe, se mate, se torture o se mienta, les da exactamente igual.

La podéis ver en Netflix.

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