Prison Playbook. Shin Woo-jung. Crítica.

 


Hemos de ser conscientes de que todos podemos acabar convertidos en una buena o mala persona, con independencia del lugar que ocupemos en la sociedad y la clase a la que pertenezcamos, aunque algunos deben cargar, además, con el handicap de unos orígenes humildes que los estigmatizan y los convierten en carne de cañón de los poderosos.


Ficha técnica, intérpretes, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí)


No tenemos que esperar a lo que ocurra hoy en las elecciones de Estados Unidos, pues las consecuencias de la era de Trump ya son visibles, aunque se pueden agravar. Según quien gane estos comicios pueden suceder, como ya ocurriera en los tiempos de la 'Caza de brujas' que llevó a cabo el Comité de Actividades Antiamericanas, a instancias del senador republicano Joseph Raymond McCarthy, que provocó la expulsión o huida de los hombres más insignes de las letras y el cine norteamericanas que emigraron a Europa e hicieron florecer el séptimo arte en el viejo continente. Más atento a cultivar las bajas pasiones de los perdedores esclavistas del Sur, y, olvidando que si alguna vez su lema 'America First' fue posible se debió a que sus paisanos se sentían portadores de valores democráticos y defensores de Europa frente al nazismo, pero el pesimismo y la depresión que invade a sus creadores se hizo patente en la última edición de los Oscar que concede su  Academia de Cine, cuando se decidió premiar a un creador coreano, Bong Joon-ho con todos aquellos galardones que distinguen al mejor director, el mejor guion y la mejor película nacional o en habla no inglesa. Pero según como reaccione el  pueblo norteamericano pueden ocurrir dos cosas: o Hyun Bin, Jung Hae-in o Kim Soo-hyun son absorbidos por la industria americana, o Martin Escorsese, Steven Spielberg y otros pueden acabar trabajando en Corea del Sur. Así están las cosas, cuando Norteamérica era como una aspiradora de los mayores talentos de cualquier parte del mundo, con cuyas producciones, entre ellas las audiovisuales, extraían gran parte del excedente mundial.

Sin apenas percatarnos el virus dichoso nos ha marcado una senda diametralmente opuesta a la que seguíamos hasta ahora. Escribimos menos, pero no porque veamos menos cine, sino porque el horizonte se ha ampliado tanto y ha aumentado de tal forma la gama de color, género, gusto por las versiones originales por invasión de nuevos productos en las diferentes plataformas, que no da tiempo a traducir, conocimiento de universos nuevos, etc., como consecuencia de la difusión del streaming en los nuevos soportes que usan como vehículo la televisión, que incrementan sus fondos día a día. Una historia breve que usa el formato de la división en episodios nos absorbe, como mínimo, 16 horas de nuestras vidas, y no las dos o tres como máximo de duración de las películas que se exhiben en la sala oscura. Corea, un pueblo que pertenece a una cultura milenaria y se ha incorporado recientemente a las democracias representativas, se encuentra en una fase en la que su cine muestra una sociedad esperanzada, que ha pasado y combatido diferentes epidemias de coronavirus. Ji-ho, la novia del protagonista en esta historia, interpretada por Krystal Jung, debe ser ingresada, afectada por la gripe aviar, latente desde 2009 en el país, una oleada que los vietnamitas combatieron vacunando dos millones de aves, como ellos mismos cuentan en un documental llamado Pandemic, aunque no falta quien niegue el calentamiento global y prefiera llamarlo cambio climático, aunque no sepan explicar por qué. Hoy los norteamericanos deciden si quieren seguir siendo la metrópoli de las democracias actuales o pasar a segunda división, abandonados por sus intelectuales.

Park Hae-soo protagoniza 'Prison Playbook', aunque se haya utilizado a Jung Hae-in (Something in the Rain y One Spring Time) como señuelo, en un papel secundario poco lucido, y en el que apenas puede aportar su sonrisa carismática. Frente a él Park Hae-soo es un actor sorprendente, sólido como una roca, de apariencia grave pero sonrisa de niño grande, que desempeña el papel de un lanzador o picher de baseball icónico, triunfador, que acaba en la cárcel por pegar una tremenda paliza al violador de su hermana, que murió como consecuencia de los golpes (los coreanos se autorretratan como muy 'pegones' y bebedores), un joven que, cuando se 'le cruzan los cables' no se sabe controlar, aunque actúe en legítima defensa o protegiendo a los que quiere. En la celda convive con otros presos que han llegado al lugar por consumir drogas, golpear a otros hombres, pertenecer a bandas...pero no forman parte del grupo de mafiosos asesinos de los que se distinguen porque el número de identificación se inscribe en una línea blanca y no amarilla como los criminales, y poco a poco se van conformando como una familia que se apoya y se quiere; cada vez que uno sale para no volver los demás sienten la pérdida. Una mirada humanista que nos aleja de los arquetipos (si bien hay 'buenos' y 'muy malos', como ocurre en la vida real, nos guste o no), y nos acerca a posiciones como la que mantuvo nuestra célebre humanista 'Concepción Arenal',  la escritora, pionera feminista y visitadora de cárceles. Uno de los compañeros de este grupo a los que se individualiza mediante la técnica de flashbacks explicativos y en cierta medida psicológicos, es homosexual, tiene novio, y ni la familia ni los presidiarios embrutecidos muestran ninguna extrañeza. Una buena información sobre el clima dominante en este país, cuyas  películas denuncian con energía los excesos y la arrogancia de burgueses anticuados, estereotipos de la sociedad patriarcal que monta citas a ciegas para casar a sus hijos y a sus hijas en contra, muchas veces, de sus sentimientos. El grupo sobre el que Shin Woo-jung pone su lupa tiene un perfil que se corresponde con el título de una canción con la que se identifica el 'chiflado-drogadicto', al sentir que es como 'la banda sonora de su vida': "Un hombre sin suerte". Hombres no más malos que muchos que andan sueltos, pero sí más infelices a causa de su indigencia y de su carencia de recursos intelectuales. Son muy ilustrativas las secuencias en las que se les ve alborozados en las misas porque en la iglesia pueden cantar, bailar e incluso gritar y liberar parte de sus monstruos. El picher no es mucho más listo que ellos, -al parecer sólo tiene talento para el deporte y mucha perseverancia - y tiene la sensibilidad suficiente para darse cuenta de que hay quien se ha esforzado tanto como él, pero la sociedad culpable le ha negado una oportunidad. 

Constantemente se deslizan sugerencias que contravienen muchas creencias populares que han servido para amargar a cientos de hombres y mujeres: 'Hay que crecer, hay que madurar'. 'Si maduras, como la fruta, te mueres', creen estos hombres inocentes en el fondo. En la otra orilla los funcionarios de prisiones, muy humanizados conviven con normalidad y comparten los malos ratos de sus tutorandos, con la excepción del remilgado y relamido capitán que parece haber sido engendrado para amargar al resto de los humanos que se cruzan con él desde su más tierna infancia, ya que no sólo carece de empatía, sino que, incapaz de flexibilizar las normas cuando es a todas luces convenientes,  mezcla, con mala pata, asesinos con quienes estaban ya redimidos y a punto de cumplir su pena, lo que supone una gran amenaza para los que han hecho un gran esfuerzo en pro de su regeneración, y resta con su actitud credibilidad a los lemas que bien escritos, bien difundidos por un altavoz recibían a los nuevos inquilinos de la cárcel, animándolos e iniciándolos en el camino de la redención. De esta forma Shin Woo-jung va mostrando como entre quienes se encuentran en el lado de la ley y el orden también hay quienes representan una amenaza para la convivencia y algunos incluso utilizan de forma espuria a los presos notables, -también hay políticos y empresarios -, para ascender con el apoyo de una prensa corrupta.

Una visión humana y probablemente más real que otras de cómo son las cárceles y que nos muestra que, aunque no se puede negar que hay personas que, por razones diferentes, son apartadas por un tiempo de la sociedad, la línea divisoria entre el bien y el mal, que tan bien describió Italo Calvino en 'El Vizconde Demediado', no es tan nítida, y si toda la bondad se situara en un solo lado con toda probabilidad sería más nociva para la sociedad que cualquier daño producido por los 'malos'  de manual. Muy recomendable.


Disponible en Netflix.




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