Strong Girl Bong-soon. Lee Hyeong-min. Crítica.

 


CUANDO EL HOMBRE COMPITE CON LA MUJER POR CONVERTIRSE EN OBJETO DEL DESEO, Y LOS ROLES COMIENZAN A CAMBIAR AL FINAL DEL CAMINO.


Ficha técnica, intérpretes, sinopsis, lo que se dice  (Pinchad aquí).


Crítica:



La realidad marciana en que se ha convertido la 'nueva normalidad' en la mente de aquellos que añoran la 'añeja', sin percatarse de que se están situando fuera de esa normalidad que reclaman, es pasmosa. Hoy he sentido la satisfacción de escuchar de uno de los tertulianos, conservador para una mejor ubicación de lo que voy a decir, llamado Emilio Contreras, en una tertulia en la SER, una reivindicación de la ciudadanía de los países asiáticos ante la pandemia, que generalmente se salda con el argumento de que estos territorios están controlados por dictaduras, incidiendo en especial en Corea del Sur, un país que tiene una democracia como la nuestra, -ni más ni menos -, en  la que sus 51,500,852 habitantes se concentran en 100,339 Km2 y tienen el virus COVID-19 controlado; España tiene 47,332,614 habitantes, que disponen de 505,852 km2, una capital situada en medio de un desierto (Polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga), y la pandemia anda descontrolada. Gracias a una 'maldita' plataforma (en la que el que no entra es porque no puede) como Netflix, estamos descubriendo a este pueblo, su idiosincrasia y su yo colectivo aglutinado en torno a la tolerancia religiosa y cultural (vemos budistas, cristiano, sintoístas...), al desarrollo económico y tecnológico, y al orgullo de sentirse miembros de una sociedad moderna que está superando los roles de género y en la que el oxímoron es la propuesta cinematográfica más usual, al unir dos expresiones que en nuestra civilización son opuestas, no así, al parecer, entre las nuevas generaciones de Corea del Sur: Mujer/sexo fuerte, Hombre/sexo débil, sustituidos en el imaginario que crea el cine por Mujer/superheroína que se dedica a salvar el mundo (mirando una puesta de sol, el Sr. Ahn le dice a Bong-soon: "Mirando esta puesta de sol y pensando en la emoción de King Kong y su heroína ante este milagro, me siento como la heroína), Hombre/encargado de garantizar la salud de su familia...Abundan las situaciones en las que se produce una gran ambigüedad sobre la orientación sexual de sus protagonistas, y en las que un mismo actor, Kim Won-hae, desempeña dos papeles muy diferentes: el de un gangster  peligroso, contemplado como un personaje de cómic que no entiende su propia debilidad, herido por una chica pequeña y bajita en su orgullo masculino, y la de un jefe de una importante sección de un conglomerado de diseño de videojuegos gay. El vestuario de Park Hyung-sik hace palidecer al de las heroínas de la época del cine hollywoodiense de las décadas de los 40 y los 50, e incluso llama la atención la forma de peinarse de los hombres, con flequillo o sin él, que parece tener un significado concreto; las explosiones de felicidad cada vez que el protagonista confirma la inclinación de Bong-soon hacia él, por leve que sea, recuerda a la de las adolescentes del cine americano. Hay que recordar que, a pesar de su apariencia de niños, estos actores rozan o superan la treintena.

Lee Hyeong.min, - que en 2019 realizaría Chocolate, una profunda reflexión sobre los médicos de paliativos, que atienden a enfermos terminales de todas las edades -, nos regala esta brillante y bizarra comedia, muy bien valorada por la prensa y el público de occidente (Imdb ofrece una nota media de 8,2, muy difícil de conseguir en este género), que vuelve la realidad cotidiana del revés, como si fuera un calcetín. Hay desde luego reacciones masculinas, observadas con escepticismo por una chica que puede, ella sola, con un ejército de hombres, ridiculizando incluso a los más duros; diálogos estrambóticos e hilarantes por lo estrafalario e inusual de su expresión, acompañados de gestos y actitudes igual de extrañas para el público de estas latitudes, logrando que en sus 17 capítulos, de alrededor de 67 minutos cada uno de ellos, el interés no decaiga, al mantener el ritmo enloquecido gracias a la mezcla de géneros: drama, romance, comedia, cine negro e incluso thriller con psicópata peligroso, un asesino en serie que emula a Barba Azul, sin regodearse en la exhibición de la violencia. La serie mantiene varias constantes que ponen de relieve el ánimo coreano: el gusto por la comida variada, servida en boles pequeños, la costumbre de pegar del que ejerce esta violencia doméstica o laboral contra el que considera inferior y dependiente de él, actos que con frecuencia protagonizan las mujeres (aquí la responsable de estos excesos es la  madre de Bong-soo, y la víctima su propio marido); la costumbre de algunos comensales de tapar con una mano el vaso que contiene el alcohol que beben: la contundencia de los gestos que expresan la pasión contenida; la dilación en la expresión ante la pantalla de cualquier acción que pueda preceder al sexo, o la advertencia de que el amor tiene fecha de caducidad. No tenemos suficientes conocimientos sobre este país para saber a qué obedece esta elipsis sexual, si al interés por fomentar el deseo en el espectador (si es así lo consiguen), o a alguna limitación moral, lo que no parece probable si contemplamos este hecho en su contexto. El sí es sí, y el no es no de las mujeres lo cumplen a rajatabla y esta percepción se refuerza si vemos a estos jóvenes, muchos de los cuales pertenecen a grupos musicales (Park Hyung-kin forma parte de IE:A) en los que el look de sus componentes masculinos, sus maquillajes y tintes de pelo, los abalorios con que adornan su cuerpo y su vestuario, no difieren de los de las chicas.

Un film recomendable por su significado en el contexto actual, y muy, pero que muy divertido. Unas series relajadas, que nos hablan de un país que ya dispone de teléfonos flexibles, y en el que los empresarios se desplazan por sus compañías subidos en patinetes sin manillar. Aquí nadie parece controlar el hecho, ni los usuarios de estos vehículos, peligrosos para los viandantes ante la inexperiencia de sus usuarios, ni los peatones que los miran con temor y desconfianza. Todas estas realidades, algunas de las cuales comienzan a abrirse paso en occidente, parecen perfectamente consolidadas en algunos países asiáticos, en los quees moneda corriente entre las nuevas generaciones el respeto a la orientación sexual del individuo, la movilidad ciudadana, el manejo de los últimos productos tecnológicos, la proliferación de startups, el tratamiento de los enfermos terminales, y tantos otros aspectos que ponen de relieve en sus series, que podríamos encuadrar en un nuevo cinéma vérité, que no olvida el tema estelar, la igualdad de hombres y mujeres y el cambio de roles entre ellos, que  no supone ningún drama para las citadas nuevas generaciones.


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