Chocolate. Lee Hyung-min. Ficha técnica y crítica.

 


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"EL DÍA QUE DESPERDICIAS HOY ES EL QUE ANHELABA EL QUE MURIÓ AYER", UN CANTO AL AMOR A LA HUMANIDAD, EL ÚNICO QUE NO DEBIERA SER PASAJERO.


Ficha técnica:


Título original: Chocolate (TV Series)
País: Corea del Sur
Año: 2019
Duración: 16 episodios de 1 hora y 10 minutos

Dirección: Lee Hyung-min (Sorry, I Love You, 2004, Orange Marmalade, 2015; Strong Girl Bong soon, 2017)
Guion: Lee Kyung-hee
Género: drama social y romántico

Productores: Pyo Jong-rok, 
Productoras: JYP Pictures; distribución: JTBC, Netflix.


Intérpretes:


Ha Ji-won: Moon Cha Yeong,
Yoon Kyesang: Lee Kang,
Jang Seung-jo: Lee Joon,
Min Jin-Woong: Moon Tae Hyun,
Han Yong Seol: Kang Bu-ja,
Lee Jae-ryong: Lee Seung-hoon
Kim Won-hae : Kwon Hyun Suk,
Kim Ho-jung: Han Sun-ae,
Yeon Hye.ran Enfermera Han Young Suil,
Kim Sun-kyung: Madre del joven Joon, Yoo Hye-mi
Teo Yo: Know Min-sung,
Yoon Ye-hee: tía de Lee Kang
...


Sinopsis:


'Chocolate' es la historia de un neurocirujano resiliente, endurecido por sus circunstancias vitales personales, y de Moon Cha Young, una chef, también con un pasado difícil, aunque de una calidad diferente a la del joven médico, que se conocen trabajando en un Hospital de paliativos, que goza de las mejores cocineras, lo que evidencia la importancia que dan los coreanos a la comidas, tanto para la salud del cuerpo como para el bienestar emocional, y las relaciones humanas entre todos los miembros del colectivo.

Lo que se dice:


Como es habitual, la respuesta, tanto de la prensa como del público,  es muy positiva con las series coreanas, como se refleja en las puntuaciones medias que le otorgan páginas como la española Filmaffinity, un 6,7, basado en 29 votos, o la norteamericana Imdb, que eleva esta cifra a 7,6, basada en una participación mucho más amplia, las valoraciones de 656 usuarios. Hay que destacar la ausencia de reseñas que impliquen a los críticos en sus valoraciones.


Crítica:


Hoy podemos leer un artículo de Rosavel Tavera en el diario Levante de Valencia (España), cuyo titular, muy explícito, nos sirve para introducirnos en el subtexto principal, en torno al cual se organizan diversas tramas, del film que dirige Lee Hyung-min: "Hordas que te quieren infectar de covid y deseos de quemar el hospital: sueños pandémicos recurrentes" seguido de un tagline que ahonda en las causas de estas pesadillas: ' En esta época la ansiedad y el miedo "campan a sus anchas" según los psicólogos'. Cuando las calles se llenan de grupos de  zombis descontrolados que te rodean y te tosen para contagiarte el virus, y la única solución es ir al hospital a liquidar a los infectados, el público recibe con alivio aquellas historias que nos hacen pensar que otro mundo es posible, ya sea el que se incline por el lado del mal gusto, lo kitsch y hortera, una forma de combatir la dictadura cultural de la clase que se impone porque sencillamente puede, un tema muy bien llevado al cine por los Hermanos Polo en su documental ficcionado 'The Mystery of the Pink Flamingo', o haciendo saltar hecho pedazos el paradigma social que permite dividir a los hombres y mujeres en ganadores y perdedores, como hace Lee Hyung-min. El azar decide en qué país, qué clase social, qué casa,,, nacemos, pero es la avaricia, el sentido de la posesión (los antiguos romanos introdujeron tarde el verbo possidere más tarde, usando en su lugar el dativo posesivo: hay para ti tal o cual cosa) como lo entendemos hoy, y que está detrás de realizaciones como Hierro 3 de Kim ki-duk.

Lee Hyung-min nos deja una teleserie que, además de incidir en una sucesión de constantes que caracterizan el cine coreano, como el señalar la belleza del protagonista, generalmente del masculino, presentar la costumbre de beber botellas y botellas de soju (esto ambos sexos), una muestra de amistad y apego entre los que comparten la borrachera, el hábito, al parecer no mal visto,  de pegar a hijos, familiares y subordinados, comer mucho en platos pequeños con ofertas variadas (duplings, kimchi, sujebi que no es sujebi...) , una rutina en cualquier evento familiar y social, analizar en profundidad el contexto social en que se inscribe el relato, formula un lema que va a presidir todo el film y que aglutina a su alrededor los diferentes subtextos: Los pacientes de un Hospital de Paliativos no son solo moribundos, sino personas que viven allí y valoran cada día de su existencia. Salvar vidas es importante, pero ayudar al que ya no puede seguir el tratamiento también lo es.

La serie se mueve entre sus prestigiosas predecesoras norteamericanas que retrataban miembros de familias muy ricas, terratenientes, propietarias de viñedos y productoras de caldos, en las que jamás aparecía un personaje que representara a miembros de otros sectores sociales, con la excepción de los criados (Falcon Crest, Los Colby...) y , frente a estas grandes historias contadas por capítulos, alguna que otra como Hill Street Blues,  en las que una comisaría se convertía en una célula social representativa de la comunidad, lugar en el que convivían todos los grupos que integran la colectividad, de diferente procedencia, raza, orientación sexual, etc. Aquí esta función aglutinante la cumple el Hospital de Paliativos, al que van a parar los retoños de una familia que controla la sanidad privada del país, en cuyo seno se producen luchas cainitas por el poder, por razones diferentes. Hay algo que une a Lee Kang y Lee Jun: ambos se hacen neurocirujanos espoleados en una competición insana potenciada dentro de los miembros de su propia estirpe, aunque se sienten atraídos por otras profesiones más creativas, pero menos prestigiosas: la alfarería o la cocina, desempeñadas generalmente por sectores de una clase media baja, algunos de los cuales consiguen destacar. Kang fue marginado en el seno de esta familia  porque su padre se casó con la hija de una asistenta, un ejemplo que ilustra el clasismo reinante en la sociedad surcoreana y el nepotismo en la profesión médica.

El personal de enfermería, auxiliares del Hospital de Paliativos  y la mayor parte de los pacientes ofrecen un retrato bastante amplio de la estratificación de la sociedad de Corea del Sur y de cómo se vive la pérdida de la esperanza según la edad o la enfermedad que la origina, muy diferente a cómo se plantea en series norteamericanas como 'House'. Las historias de algunos de ellos son las primeras piezas del caleidoscopio que cierra el film, acompañado de un axioma del filósofo griego Epicteto (siglos I y II), que vivió parte de su vida como esclavo: "El valor de la vida está en el amor que damos, no en el que recibimos'. Como ocurre siempre en las películas coreanas, que expresan, seguro, la idiosincrasia de un pueblo ecléctico, sincretista en sus asimilaciones culturales y religiosas (sintoístas unos, católicos otros; fans del cine americano y de su merchandising...), acaban expresando su consciencia, a través de Kang, de que aquí termina su historia, pero que él y Cha Yeong saben que éste no es el final, sino que volverán a perderse más tarde o más temprano, y la desesperanza persistente los derribará en el camino. Pero, si mantienen la esperanza nada podrá con ellos." Un final que nos recuerda las películas de Ahn Pan-suk, (Something in the Rain, One Spring Night), o de Lee Yung-hyo, ('Crash Landing on You' ).

El rol masculino coreano es muy diferente al que se impuso en el cine de Hollywood clásico (hombres duros, dominantes, violentos, acompañados de mujeres dotadas de tube-look-dat-ness o su traducción al castellano 'sermiradaidad', según Laura Mulvey en 'Placer visual y cine narrativo); los surcoreanos son perdedores, resilientes, marginados como padres solteros, por la condición social de sus madres .Kang está dispuesto a luchar con dureza por no acabar como su madre y poder elegir su futuro y a su propia compañera. Son alabados verbalmente por su belleza y apostura, como si su sola presencia y la caricia de las cámaras no fuera suficiente, lo que les da su aureola de ídolos, en muchas ocasiones más femeninos que masculinos, aunque ciertos gestos como el de declarar su pasión cogiendo con fuerza el brazo de la persona deseada y que los desea, evidencie su masculinidad. Hay trabajo para los semiólogos porque el futuro de Corea del Sur no parece que vaya a derivar hacia la decadencia,  sino hacia una relevancia cada vez mayor. La no traducción en las plataformas existentes de los créditos completos impide conocer al autor o autora de una música que crea una atmósfera agradable y humaniza el combate entre la vida y la muerte, que atraviesa el film de principio a fin.



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