Aún así. (serie televisiva coreana). Crítica.











¿QUÉ ES EL AMOR, UN CONSTRUCTO DE LA SOCIEDAD PATRIARCAL O UN INTENTO DE DAR SIGNIFICADO CONSTANTEMENTE A ALGO ABSTRACTO Y DESCONOCIDO? 


LAS FLORES NO FLORECEN PARA UNA SOLA MARIPOSA, DICE UN PERSONAJE SECUNDARIO


Ficha de identificación, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí)


Algoissjima, ('Aún así') serie creada por Kim Ga-Ram y Jung Won, basada en un guion de Jung Seo y Jung Won es una creación indie tanto por la forma, -personajes muy débilmente contextualizados no solo en los aspectos técnicos, -cámaras que dialogan con los personajes en primerísimos primeros planos, sin apenas permitir la visualización del entorno; relato coral que contempla el devenir de jóvenes estudiantes de Bellas Artes, en la especialidad de Escultura...-, como en el planteamiento del tema principal: la misogamia y la pérdida de libertad que  conlleva cualquier tipo de relación que se circunscriba a tan solo dos personas, con independencia de sus orientaciones sexuales, un hecho que ejemplifica adecuadamente el protagonista, Park Jae-eon, interpretado por el hierático Song Kan, al convertir a las mariposas en la metáfora de la mujer sometida por ese sentimiento abstracto y desconocido, el amor romántico, que muchos identifican como un constructo patriarcal concebido para someter a quien se revela como la parte más débil de una relación, sea cual sea la forma que ésta adopte. La mariposa simboliza el 'horror y el dolor de la felicidad (¿un oximoron?) representado por estos bellos insectos tatuados, en especial el que exhibe Jae-eon en su nuca. Si éstas pierden sus escamas, perderán los patrones y colores y  ya no podrán volar, una creencia que lo anima a retenerlas, ¿para protegerlas? ¿de quién?; ellas son las heridas. La protagonista que se llama Na-bi (mariposa) sufre ante la resistencia del hombre a tener una relación con ella con un nombre definido, y le espeta que él ya tiene novia. El joven ni lo niega ni lo afirma, pero su respuesta es fría y sorprendente: ¿Y?

Park Jae-eon representa al hombre coreano joven, que protege a la mujer a la vez que la domina, pero no está sólo en esta posición, hay también una compañera que mantiene su postura, que ve al hombre como el objeto de su deseo, pero no  al compañero de cualquier otra actividad de su vida. Ambos creen que en cuanto se tiene seguridad, la relación se debilita. La historia se localiza en un grupo de alumnos de último curso de Bellas Artes y, aunque ahora se tenga la tendencia a contemplar a estos jóvenes como quasi adolescentes, no podemos perder la perspectiva: la revolución del amor de 1968 fue protagonizada por otros jóvenes de la misma edad que dieron un vuelco a la realidad cotidiana a la que estaban sometidos, tanto ellos como ellas, se liberaron de la gomina, las fajas y sujetadores, dejaron que sus cabellos flotaran en libertad, para que el viento jugara con ellos los desordenara y esparciera (Garcilaso de la Vega); se independizaron, liberaron sus costumbres y no volvieron nunca a representar las imágenes encorsetadas de ídolos como Marilyn Monroe, Ava Gardner, Grace Kelly o tantas otras. Ahora, además, los jóvenes centennials  demandan respeto por su orientación sexual, en pro de cuya libertad también se coge el estandarte en el film. El problema de esta miniserie es que, a diferencia de otras, más largas, como la dirigida por Ahn Pan-suk y protagonizada por Yung Hae-in, 'Something in the Rain', en la que se plantea la nueva realidad en la que la mujer elige a su compañero, del que ya no va a depender para su subsistencia, y lo busca más joven que ella, alguien que satisfaga sus deseos y no al revés, el problema, repito, reside en que el film se circunscribe a un relato coral descontextualizado, le sobra tiempo y da la impresión de que se extienda como un chicle. Solo el carisma de Song Kan, un joven que llevó sobre sus hombros una serie como Navillera, compensa el decaimiento de algunas partes del relato; el enamorado a la antigua usanza, el romántico empedernido,  Yang Do-hyeok, (Chae Jong-hyeop) le propone a Na-bi algo que, quien conoce el cine coreano está acostumbrado a escuchar: "Úsame cuando quieras'; al parecer, ella prefiere que la use un misógamo, aunque sepa que al final la hará infeliz. Lo difícil, lo retorcido, lo confuso, la tristeza...tienen más morbo. Ella es consciente de ello y no culpabiliza a nadie. Ambos, Jae-eon y Na-bi, en los momentos de ruptura no recuerdan lo que les hizo sufrir, sino aquello que los empuja de nuevo uno al otro. Este es el gran atractivo de las series coreanas, el haber profundizado en la naturaleza del ser humano y ser capaces de transmitir a su público que siempre 'hay algo' entre la gente.


Cuando comentamos Mary Shelley (Chae Jong-hyeop, 2017) , decíamos que "a pesar de que se ha dicho y escrito acerca de que el indie no tiene un look definido, que es un estilo sin estilo que se basa, sobre todo, en una forma de concebir la vida, influenciada por el DIY  (Do It Your Self/hazlo tu mismo), al margen de lo establecido, y realizado con medios propios, - algo que contradicen abiertamente los créditos de cualquier film del género y la realidad cotidiana de los artistas, que conocen las dificultades para ser admitidos en los Festivales sancionadores, -Sundance, Toronto, SXSW, Seatle, San Francisco y otros - " existen unas características de este movimiento que se ha implantado de forma silenciosa y generalizada a lo largo del tiempo, de acuerdo con una convención generalmente aceptada, con la muerte de Kurt Cobain en 1994, cuyo trágico fin fue llevado al cine por Gus Van Sant (Last Days, Gus Van Sant, 1995). Su 'rebeldía' se manifiesta en la elección de una imagen que busca ante todo el esteticismo en el preciosismo de la fotografía, embelesada en la captación de una imagen que se adapte mejor a la política de encuadre que a la de montaje, al cine de autor que al de género, que resulta subsidiario; búsqueda de la elegancia sin perder la esencia de lo joven, encorsetado en lo retro, con una mise en scene que busca una armonía elegante, placentera, tranquila, mediante el control tonal de la gama cromática,  la iluminación, los escenarios diseñados con precisión, el vestuario y todo aquello que tienda a una belleza que se perciba sin altibajos emocionales.

Un cultura que representa a un público joven que comparte un estilo de vida, una ideología y una forma de estar en el mundo ajena a debates profundos, cada vez más transversal, que está siendo avalada por amplios sectores de la crítica, a pesar de que cada vez se alzan más voces que advierten de que ser 'indie', subcultura contemporánea, es algo totalmente 'mainstream', una realidad que en sí misma no es mala ; un movimiento que sigue un manual para todo moderno que se precie y que abarca desde cómo vestirse hasta qué comer. Ser indie está de moda, es tendencia, se lleva y es cool, un modo estético demasiado correcto que encanta a las abuelas (se podía ver en la sesión senior del cine), y con el tiempo se está convirtiendo en una colección de clichés, (festivales, música, barbas, Apple, Caver, etc.), lo que está introduciendo serias dudas en las reflexiones de algunos teóricos, acerca de si este hecho los ridiculiza o los moderniza.  En 'Maps to the Star' (2014), David Cronenberg hace un relato demoledor acerca del nacimiento del indie, como movimiento estético desgajado del cine independiente, en el que se acunan los hijos de los famosos y las estrellas que se acercan a él, prescindiendo de sus honorarios o reduciéndolos al máximo en los momentos en los que sus contratos escasean, buscando la publicidad, la notoriedad y que no se deje de hablar de ellos. Un alejamiento de las pantallas puede suponer  la muerte de una integrante del star-system; los festivales avivan su recuerdo. El fenómeno se extiende a escala global y 'Aún así' es un buen ejemplo.


Comentarios