El amor es como el Cha cha chá. Crítica.

 




Ficha de identificación, sinopsis, lo que se dice, breve crítica del blog. (Pinchad aquí)
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Crítica:


El título de esta serie, o, al menos la traducción que se ha hecho del original, invita poco a un sesudo espectador a decidir sentarse ante el televisor y ver la miniserie de la que se han emitido 8 episodios de una duración de 70 minutos, más la valoración de la crítica americana, que comenzó con una media de 9 puntos, que ha rebajado un poco a medida que se han ido incorporando espectadores (8,7), nos anima a abrir esta ventana a la vida cotidiana que nos muestra la Ola Koreana, (Hallyu), como en la década de los 60 hiciera la Nouvelle Vague francesa, si bien los planteamientos teóricos e ideológicos se ha ido adaptando a la evolución de una sociedad que camina hacia la igualdad de hombres, mujeres, emigrantes o personas mayores, y los realizadores abordan su reflexión con elegancia y sencillez, mostrándonos un pequeño pueblo costero, que tiene un jefe de pueblo, otro de zona y un tercero de área, que se encargan de que la comunidad funcione, encabezados por un encantador Du-sink, que, a pesar de su formación académica y su práctica de deportes de riesgo, no le hace ascos a realizar todos los trabajos manuales que los vecinos necesitan, eso sí, cobrándoles por ello. Su casa es como la de un intelectual urbano, llena de libros, discos y decorada con gusto, y contrasta con el pragmatismo de la recién llegada dentista de Seúl que prefiere los libros y la música digitales y trata con desprecio, al menos al principio, a sus potenciales clientes.

El film, de una sencillez indie, jalonado de elipsis, pero cargado de profundidad, y con una fotografía minimalista y sin barroquismos (forma y función coinciden en su sencillez elegante), denuncia la existencia de depredadores sexuales, y hombres desaprensivos que intentan esquilmar a mujeres solas. De momento sólo se han emitido ocho episodios, lo que únicamente permite hablar de la forma del discurso cinematográfico, pero no se puede establecer una relación con el fondo, el subtexto, cuya función e intencionalidad se desconoce. Si se puede adelantar que se entiende bien por qué ha gustado tanto en Occidente y es porque se aproxima en la creación de una atmósfera y en la contextualización de los personajes a la idiosincrasia especialmente europea. La joven dentista monta una clínica en un pequeño núcleo costero de población envejecida al gusto de la vieja Europa, tanto en la emulación de los papeles que cubren las paredes, la elección de la madera, el mosaico del suelo y hasta las lámparas, procedentes de diferentes países del extremo occidental del viejo continente euroasiático. Yoo Je-won deja que sea la cámara la que narre, como si emulara la lección de Luís Buñuel, la secuencia de 'El ojo tachado' de Jenaro Talens, en 'El perro andaluz'. La música, la solemnidad de los personajes, las distancias que se acortan en un pueblo que sabe poco de protocolos, aleja la serie de otros kdramas, pero cuando llega el momento de despertar las emociones del público el cineasta dirige su mirada a la 'Ola Coreana' y la música cambia de tono para potenciar el romance. 


El ritmo es muy americano, las mujeres cultas y sofisticadas realzan su feminidad con zapatos de marcas conocidas, remilgados y recargados, con falsos brillantes y elevados tacones, y buscan hombres más jóvenes que ellas; mientras los coreanos de cualquier edad que decoran sus salones con sofás ostentosos (espectaculares en series como Hiena o Itaewon Class), siguen sentándose para comer, para charlar o incluso para descansar, y muchos de ellos incluso para dormir en ligeros futones que colocan el suelo, una práctica sorprendente para los occidentales. En los episodios emitidos ya hemos podido comprobar que Corea del Sur es receptora de emigrantes de países como Rusia en busca del trabajo que escasea en su lugar de procedencia. El relato adopta, de momento, la forma de vidas cruzadas (niños de ayer que se reencuentran sin saberlo cuando son adultos), aunque se prevé que a lo largo de los 16 capítulos habrá giros importantes. En esta ocasión habrá que armarse de paciencia e ir consumiendo el relato por entregas. Especialmente encantador es el personaje que representa Kim Seon-ho, el del jefe Hong Du-sink, realista, nada embellecido e incluso ridículo en el concurso de música y baile de la localidad, un actor al que debemos seguir porque ya comienza a sufrir el acoso de los nuevos ídolos coreanos.


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