Quemado por el sol. Nikita Mikhalkov 3: Ciudadela, Ficha técnica y crítica.

 


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NIKITA MIKHALKOV MARCA LA LÍNEA QUE SEPARA UNA REVOLUCIÓN DE UNA INVASIÓN


Ficha de identificación:


Título original: Utomlennye Solntsem 3: 
País: URSS (hoy Rusia)
Año: 2011
Duración: 158 minutos

Dirección: Nikita Mikhalkov.
Guion:  Nikita Mikhalkov, Gleb Panfilov, Vladimir Moiseenko, Alexandre Novototsky
Dirección de Fotografía: Vladislav Opelyants
Música: Eduard Artemyev (músico habitual de Tarkovski; piezas aisladas de Wagner (Obertura de Tanhäuser, Muerte de Sigfrido, Tristán e Isolda...)

Compañías productoras: Three T Productions, Golden Eagle; distribuye: Filmin (tiene la trilogía completa)

Hay que andar con cuidado con los créditos, pues páginas como Filmaffinity denominan el film 'Quemados por el sol 2: Ciudadela', pero la ubica no en 2010, sino en 2011. ¿¿?? Es un problema que tenemos en este país, cuando las películas no están hechas en nuestra lengua.


Reparto:


Nikita Mikhalkov: General Kotov
Nadezhda Mikhalkova: Nadya,  la hija de Kotov en la ficción, de Nikita en la realidad
Anna Mikhalkova: la esposa de Kotov en la ficción de Nikita en la realidad
Oleg Menshikov: Comandante Mitya
Sergey Makovetsky: Oficial ruso
Inna Churikova: 


Sinopsis: 

Parte final de la trilogía de Mikhalkov acerca del comandante de división Kotov, quien tras la Guerra Mundial regresa a casa, después de ser traicionado y escapar de un campo de prisioneros, evitando su inminente ejecución por cargos de traición. Pronto descubre que todo ha cambiado y que debe luchar por su nombre, su honor y su amor. En entregas anteriores a esta secuela, durante la II Guerra Mundial, los alemanes han tomado una fortaleza en Rusia que convierten en un punto estratégico de defensa y ataque, mientras el oficial de la NKVD Durante la II Guerra Mundial, Comisario del Pueblo para Asuntos Internos, Dmitri Arsentiev (Oleg Menshikov) sigue en busca del soldado Sergei Kotov (Nikita Mikhalkov)... y, cuando por fin lo encuentre, se desvelarán los planes que Stalin tiene para el ascendido a General.


Lo que se dice:


Apenas hay datos. Los únicos disponibles son una nota media de 6,3, basada en 58 votos de lectores de Filmaffinity.


Crítica:


Hoy he tenido una grandísima experiencia, gracias a un amigo que me ha hablado de un director que no conocía, Nikita Mikhalkov, perteneciente a una saga de artistas rusos (su padre compuso la letra del Himno de la Unión Soviética) que realiza esta precuela con más talento que recursos económicos. Desde que un mosquito, a través de cuyos ojos vemos una realidad pedunculada y con la refracción que este rasgo de su fisonomía provoca, entramos por la puerta grande en la Madre Rusia, la tierra de Tolstoi, Dostoievski, Gorki,  Eisenstein, Rajmáninov, Prokófiev, Tarkovski, y tantos otros, tras asistir a la excarcelación del insecto de su larva transformada en pupa, acompañados por la obertura de Tannhäuser de Wagner, atravesando un laguna tarkovskiana y aterrizamos en una trinchera en la que el maligno chupasangre martirizará a unos soldados fatigados, que  comparan al bicho con las mujeres. No puede haber una entrada más solemne con unos recursos más sencillos, que pronostican que los animales más pequeños (mariposas, arañas,,,) pueden llegar a infectar el mundo. A pesar de la modestia Mikhalkov no renuncia a las nuevas tecnologías y estos intrusos que martirizan al hombre están realizados en 3D.

El film nos evoca 'Los cañones de Navarone', de J.Lee Thomson (1061), 'El puente sobre el río Kwai'  de David Lean, ( 1950), e incluso 'Senderos de Gloria' de Stanley Kubrick (1957), cine de una época en la que los norteamericanos habían participado en la II Guerra Mundial, la había ganado y se sentían orgullosos de sí mismos. Pero al contrario de lo que ocurría con el cuadro de Delacroix, que parecía copiar el esquema de Gericault, cuando simplemente le estaba dando la vuelta, Nikita Mikhalkov mira estos relatos en los que los héroes individuales eran los protagonistas y cambiando la perspectiva coloca como personaje principal al pueblo ruso, dando paso a una nueva visión de la historia que parte de la escuela histórica francesa y abandona esta visión neoliberal que había predominado hasta el momento. Y es asombroso cómo lo hace, cómo consigue que la forma sea  el discurso de las imágenes, acercando la cámara a los soldados agotados, manchados de barro, desesperados, consiguiendo momentos de una belleza carnal impresionante, haciendo, como Tarkovsky de la basura, la suciedad, el lodo, la sangre su materia prima; una estética distópica y povera que imitará Sam Mendes en 1917 (2019). Hay una secuencia especialmente conmovedora en la que mientras en primer plano nace un bebé en plena contienda, en segundo plano unos hombres fatigados intentan desatascar un camión que ha quedado atrapado en el lodo. Cuando la cámara del realizador se acerca a ellos, unos soldados jóvenes, el espectador conoce la causa por la que el vehículo no deja su vaivén hacia delante y hacia atrás: todos están durmiendo. Es una representación de la humanidad sin palabras francamente increíble y totalmente inusual. Solo por ver estos planos medios y primeros planos vale la pena estar casi tres horas ante la pantalla.

Otorgando a la cámara la función de narrar evocamos aquella imagen del 'ojo tachado' (título de un libro de Jenaro Talens que publica todos los fotogramas) de 'El perro andaluz' de Buñuel, y sin mediar palabra empezamos a entender que el mayor peligro de los soldaditos rusos eran sus propios oficiales, que tomaban decisiones que afectaban a sus vidas, olvidando que su deber era proteger a aquellos que les habían confiado sus madres, borrachos; borrachos abusaban de sus mujeres, y las madres vendían a sus hijas al mejor postor. La mujer de Kotov (hija del director en la vida real) había tenido tres maridos, empujada a casarse cada vez que desaparecía el anterior de sus vidas, para mantener a dos mujeres, de cuya filiación no se informa, y un filósofo parásito. La reacción ante la población que prefería retirarse y aguantar era muy negativa para los militares (los dos protagonistas, con Stalin al frente)., y en consonancia con este sentimiento Stalin tomará una decisión que se parece bastante a la del capitán de 'El puente sobre el río Kwai', ambos guiados por el orgullo sin tener en cuenta las consecuencias de sus decisiones. Magníficas elipsis que hacen referencia no sólo a la diégesis, sino a la extradiégesis, inundan un relato, de una belleza impresionante. Kirik, el tercer marido de la ex-esposa de Kotov le dice con humildad que espere, que el tiempo de las personas ordinarias llegará.

No es posible seguir hablando del film sin revelar más de su contenido. Solo quiero añadir que el giro final no puede dejar indiferente a nadie. Aquí Nikita deja bien clara la diferencia entre una revolución y una invasión. Rusía había sido invadida por los alemanes y necesitaba defenderse, pero una decisión de Stalin cambia el devenir de los acontecimientos. Cuando finalmente una larga línea de tanques llega a un cruce de  caminos, y una de las flechas señala la dirección de Berlín,  tras un pequeño incidente con una aldeana y su hijo, la cámara abre el campo y nos muestra algo que una elipsis nos había robado, entendemos claramente esa imagen inscrita en un paisaje azulado, de fotografía de grano grueso, muy tarkovskiana: los soldados han llegado al final de su martirio. Muchas cosas se han omitido, pero creo que esta historia la conocemos todos, y el guionista-director puede permitirse el lujo de omitir esos hechos. Es posible que muchos piensen que no. Aunque se acusó al director de pretender acceder a la presidencia de su país, parece que prefirió permanecer en el ámbito cinematográfico; con el colaboran como actrices varias de sus hijas.






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