Julius Caesar , Joseph L. Mankiewicz. Ficha de identificación y crítica.

 



BRUTO, EL HIJO DE SERVILIA, LA AMANTE PERMANENTE DE CESAR, PERTENECIENTE A UNA FAMILIA MUY PODEROSA, LOS SERVILIOS, HA PASADO A LA HISTORIA POR UNA UNICA RAZÓN: MATAR A CESAR.


Para aviso a lectores desprevenidos, Theodor Mommsen perfila la figura de César, de la que hablaremos en la crítica, de esta forma:" La monarquía de Julio César no era el despotismo oriental por al gracia de Dios, sino la monarquía que Cayo Graco había querido instaurar, la misma que fundaron Pericles y Cronwell: la propia nación representada por su supremo e ilimitado mandatario. En este sentido las ideas que inspiraban la obra de César no eran. realmente, nuevas; pero fue él quien les dio realización. que es siempre y en último término lo que decide, y a él corresponde el mérito de la grandeza de su ejecución, la cual habría sorprendido incluso al hombre genial que concibiera la idea, si hubiera podido presenciarla, como llenó, llena y llenará por siempre de la más profunda emoción y admiración a quien la contempló en la realidad viva o la contempla hoy o haya de contemplarla mañana reflejada en el espejo de la historia, cualesquiera que sean la época histórica a que pertenezca o las ideas políticas que profese en la medida de su capacidad de comprensión para la grandeza histórica y humana."

Algunos, afirmaba Pierre Vilar, creen que las cosas son tal y como la ven ellos ahora, pero eso no es para nada así: en Roma, un  dictador no era un tirano como ahora, era un personaje que se elegía en épocas convulsas. Valga el ejemplo de Lucio Quincio Cincinato (519-43o a.C., en la transición de la monarquía a la república, citado por Tito Livio en Ab Urbe condita), un patricio que había sido cónsul y general, y ahora cultivaba el campo; fue llamado en dos ocasiones para ejercer esta función; José María Aznar se definió como el Cincinato español, a ver a quien pillaba desprevenido. Cierto que la dictadura de César se prolongó en el tiempo, algo que hizo posible la actitud de los patricios que, históricamente iban asesinando a todos los tribunos de la plebe del partido de César, malogrando las consecuciones de la plebe; Cicerón persiguió a Catilina (escribió aquellos discursos tan violentos que muchos piensan que no los pronunció así) y ordeno ejecutar a Lentulo sin juicio. Perdida la guerra civil, Marco Antonio, perseguido por el viejo patricio y sus discursos incendiarios, y con los precedentes del asesinato de los tribunos de la plebe, lo expulsó de Roma. Se le considera uno de los grandes retóricos de la antigüedad, pero eso no implica que no fuera un corrupto (se conocían sus grandes propiedades inmobiliarias), y sobre todo un asesino). Muchos van a Roma, se asoman a un balcón ignorando que era allí donde estaba la roca Tarpeya, y bajo el lugar donde se exhibían las cabezas de los decapitados; justo al lado estaba el Tulliano, un calabozo, que no una cárcel (los romanos no condenaba a prisión a nadie), con un agujero en el centro, a través del cual se arrojaban los cuerpos de los ejecutados al Tevere


Ficha de identificación: 


Nombre original: Julius Caesar

País: Estados Unidos

Año: 1953

Duración: 120 minutos

Blanco y negro

Género: adaptación de una obra de William Shakespeare


Dirección: Joseph L. Mankiewicz

Guion: Joseph L. Mankiewicz, basado en la obra homónima de William Shakespeare

Director de Fotografía: Josph Rutteneberg, A.S.C.

Música: Miklos Rozsa

Directores artísticos: Cedric Cibbons & Edward Carfagno

Decoración del set: Edwin Willis, Hugh Hunt

Editor: John Dunning, A.C.E

Director de grabación: Douglas Shearer

Efectos especiales: Warren Newcombe

Asesora técnica: P.M.Pasinetti


Diseño de vestuario: Herschel McCoy

Estilistas de peluquería: Sydney Guilaroff

Maquillaje: William Tuttle


Productores: John Houseman

Compañía productora: Metro Goldwin Mayer.


Reparto:

Louis Calhern: Julio César

Edmond O'Brien: Casca

Greer Garson: Calpurnia

Deborah Kerr: Porfia

Marlon Brando: Marco Antonio

James Mason: Bruto

John Gielgud: Casio

Alan Napier: Cicerón

William Cottrell: Cinna

John Hardy: Lucio

John Hoyt: Decio Bruto

Tom Powers: Metellus Cimber

Jack Raine: Trebonio

Ian Wolfe: Ligario

Douglas Watson: Octavio

Dayton Lummis: Messala

John Lupton: Varrón



SINOPSIS:


Iulius Caesar (Louis Calhern) se ha erigido como virtual dictador de Romae, en el 44 a.C., y hay quienes, por envidia, anhelan verlo destruido. Cassius (John Gielgus), el líder de los conspiradores, al darse cuenta de la necesidad de tener una figura fuerte de su lado, busca alistar al muy respetado Brutus (James Mason). Este último mira a César con emociones encontradas; por un lado, admira al hombre como amigo, pero por el otro considera que la abrumadora ambición de César es una amenaza para la libertad de los 'ciudadanos' romanos. Es esta última consideración la que inclina la balanza, como brutus, se une a la conspiración...


ALGUNAS NOTAS PARA ENTENDER TEL TEXTO DE SHAKESPEARE Y EL FILM, DE CONCEPCIÓN TEATRAL DE MANKIEWICZ. 

Cayo Julio César era miembros de la 'casta' romana, los patricios, (fundadores de la patria), pertenecía a una gens (o familia), la Julia, que hacía arrancar sus orígenes de Julo Ascanio, hijo de Eneas y Creúsa; disponía de los tria nomina (praenomen, nomen y cognomen) y había realizado todo el cursus honorum o carrera política (cuestor en Hispania, edil curul de origen patricio en Roma, pretor y cónsul, el año 59 a.C.-; además había ejercido los cargos religiosos de Flamen Dialis o sacerdote de Júpiter, siendo adolescente, y Pontífice Máximo después ). Sobrino de Mario y yerno de Cinna, fue nombrado procónsul de la Galia Transalpina, Iliria y Galia Cisalpina; como consecuencia de las guerras que inició con los galos nos legó su imperecedera obra, 'La Guerra de las Galias', que escribió para justificar cada uno de sus actos ante los Optimates, enemigos suyos, en royos de pergamino, evitando el códice que él mismo había inventado, para que no se pudiera adulterar el texto arrancando alguna hoja. Transcurridos 10 años desde el primer consulado, un lapsus impuesto por la ley para poder optar de nuevo a la más alta magistratura de Roma, el consulado, pidió poder hacerlo in absentia, ( es decir, sin estar presente en Roma), algo que le fue denegado por el Senado, aunque poco antes se lo había consentido a Pompeyo. Una injusticia flagrante y un uso del Senado  espurio.

César decidió  finalmente hacer la guerra a los patricios y declararla  atravesando con sus legiones el Rubicón, un riachuelo sin importancia, pero que marcaba el límite para el tránsito de soldados, y marchó contra Roma. Esta decisión estaba justificada por el hecho de que el senado le exigía licenciar su ejército y entrar desarmado en Roma, algo que el general temía, ya que en los últimos tiempos las bandas de matones de los optimates habían asesinado a todos los tribunos de la plebe, entre ellos el propio Clodio, y apaleado a Marco Antonio cuando acudió a la URBS llevando la solicitud del general. Así comienza su segunda obra, el mejor documento para dar luz a estos acontecimientos: 'La Guerra Civil'. Queda claro pues que, cuando César hizo su Guerra de las Galias no era un novato, y había ejercido ya como Cónsul Senior, el más votado de la más alta magistratura, que era colegiada, es decir, había dos cónsules simultáneamente. César era el líder más importante de los Populares, el partido más progresista de la Roma antigua y le tocó como colega uno de sus mayores enemigos Marco Calpurnio Bíbulo, cónsul iunior, del partido conservador de los Optimates, quien para dificultar su labor, declaró el año nefasto con el objetivo de impedir la actividad política de César, algo que no consiguió. Del todo.

 César contaba, en aquel momento con el apoyo de Pompeyo y Craso, con los que había firmado un triunvirato en Luca que reunía a los máximos representantes del poder político, el militar y el económico. Nada impidió, al fin, que fuera asesinado por sus poderosos enemigos de Roma. La tradición anglosajona ha traído hasta el día de hoy la acusación de que, su conquistador, se había proclamado rey y así lo siguen llamando, aunque no tuvieran ninguna prueba de que en Roma se había restaurado esta institución tras los abusos de poder de los últimos reyes que condujeron a la implantación de la República, con cimientos tan sólidos que jamás pudo ser erradicada hasta las invasiones bárbaras. Historiadores suizos consideran que César ganó la guerra más con la azada que con la espada. Son famosas sus construcciones militares que le hicieron invencible: puentes, torres de asedio, calzadas, campamento higiénicos... y en muy pocas ocasiones, a lo largo de sus siete libros de la Guerra de las Galias, dedica alguna página a actos heroicos de algún centurión u oficial. 

Se recomienda leer a Goldsworthy o a Momsen para entender qué pudo atraer a Napoleón del gran estadista romano. El francés, un buen estratega, fue un estudioso de la obra más importantes de Cayo Julio César, 'La Guerra de las Galias', que anotó y comentó. El estadista romano escribió sus siete libros en tercera persona para crear una impresión de objetividad y justificarse de este modo ante sus enemigos en Roma, los Optimates. Sus triunfos militares le han convertido en objeto de estudio de las Academias militares y de los grandes estrategas de todos los tiempos. Theodor Mommsen ha recogido el espíritu del romano como nadie:" La monarquía de Julio César no era el despotismo oriental por al gracia de Dios, sino la monarquía que Cayo Graco había querido instaurar, la misma que fundaron Pericles y Cronwell: la propia nación representada por su supremo e ilimitado mandatario. En este sentido las ideas que inspiraban la obra de César no eran. realmente, nuevas; pero fue él quien les dio realización. que es siempre y en último término lo que decide, y a él corresponde el mérito de la grandeza de su ejecución, la cual habría sorprendido incluso al hombre genial que concibiera la idea, si hubiera podido presenciarla, como llenó, llena y llenará por siempre de la más profunda emoción y admiración a quien la contempló en la realidad viva o la contempla hoy o haya de contemplarla mañana reflejada en el espejo de la historia, cualesquiera que sean la época histórica a que pertenezca o las ideas políticas que profese en la medida de su capacidad de comprensión para la grandeza histórica y humana."  

Por último, un detalle no menor: Bruto era hijo de Servilia (las mujeres no tenían nombre propio, sólo el de la gens, en este caso la de los Servilios), una mujer a la que de alguna manera se puede decir que César despreció, porque fue su amante permanente, pero se casó con otras. No es difícil imaginar que algo dolidos debían estar en la familia, y, es curioso que el alabado retoño de esta mujer haya pasado a la historia por matar a César, considerado un gran estadista por esta única razón, por librar a la población del tirano. Pero ¿ qué población? aquella a la que llamaban primero los Boni, después, los Optimates y por Shakespeare los 'hombres honrados'. Los nobles, los patricios ,que mataron a los innovadores Hermanos Graco, a Clodio, llamado Claudio en principio si bien "plebeyizó" su nombre y pasó a llamarse Clodio,  con el objetivo de poder ejercer el cargo de tribuno, tan importante, que acabada la guerra que comenzó tras la muerte de César, los emperadores, que prefirieron usar una terminología militar para ejercer un mando único que tenía que ver con el imperium, el poder de los generales, se llamaron emperadores y se adjudicaron la potestad tribunicia, es decir se erigieron en defensores del pueblo; la muerte de César a manos de los patricios, les mostró el camino que debían seguir si querían salvar el pellejo. Hay una mujer, Collin Mccullough que tiene una extensa bibliografía desde Mario y Sila hasta el periodo de César, incluso en edición de bolsillo. El cargo fue creado tras la secesión de los plebeyos que se retiraron al Monte Aventino y amenazaron con separarse de Roma si no creaban esta magistratura, aunque ya hemos visto que los patricios iban asesinando a quienes eran más proclives al pueblo y osaban enfrentarse a ellos.

Estas nota nos sirven para entender algo de la historia de una cultura de la que los europeos somos hijos y que marcó todas nuestras acciones posteriores. Ya hemos visto que Napoleón, emperador de un país, Francia, la antigua Galia de César, se aprendió de memoria su obra magnam 'La guerra de las Galias, que no se puede resumir en una cuartilla.


(1) El mundo de los Césares. Theodor Mommsen. Fondo de Cultura Económica. 2004, páginas 22-23.


CRÍTICA:

La película de Mankiewicz es una fiel adaptación al cine de una obra teatral, en la que parece estar presente siempre la cuarta pared. Esto se hace evidente en la menor importancia que da el realizador estadounidense, hijo de un judío alemán que huyo de su país a los 17 años, al editor del film John Dunning; la acción cede paso a la representación teatral. Pero el film consigue poner de relevancia algunos aspectos muy importantes, como la credibilidad que daban los romanos, por muy de alta cuna que fueran, a los augurios (César fue de joven fue Flamen Dialis, sacerdote de Júpiter, uno de los tres Flamines mayores, un cargo importante en la religión romana), que hablaban de leonas pariendo en la vía pública, sangre que caía del cielo y otras historias parecidas. Calpurnia, cuando los conspiradores se ofrecen a acompañar a César al Senado, ante semejantes presagios, sale alarmada a su encuentro y le recita una retahíla de monstruosos pesadillas. Sin embargo el dictador desprecia, tanto éstas, como  la advertencia de un ciego que le dice que 'se cuide de los Idus de Marzo', advertencia similar a la que algunos hicieron a los reunidos en las Azores antes de la invasión de Irak.

El relato se estructura con dos grandes núcleos, dos polos opuestos, en torno a los cuales giran todos los acontecimientos previos al magnicidio (los asesinos se erigieron en defensores de los fieles al asesinado), y los que siguieron a la muerte de César, especialmente la guerra civil que sucedió a este hecho, y que no se entiende bien como hay quien ensalza a los que salvaron a la patria metiéndola en una guerra cruenta, en la que murieron los conjurados, que acordaron un acto muy cruel: todos tenían que clavar su espada, que llevaban cobardemente escondida en  su toga, en un lugar concebido para hablar, parlamentar, el interior de una sala del palacio de Pompeyo, porque habían quemado el edificio del Senado, la Curia, una contienda en la que el pueblo acabó dando su vida y los nobles se masacraron en función de sus creencias.

El núcleo central lo constituyen los dos parlamentos, de Bruto y Marco Antonio, el primero justificando su crimen con el cuchillo ensangrentado en la mano: "Yo no he matado a César porque amaba a César menos, sino porque amaba a Roma más"; y el otro, Marco Antonio,  con un golpe de efecto contundente, apareciendo con el cuerpo de Cesar envuelto en su capa agujereada por las puñaladas, y recordándole lo que hizo por ellos, aunque 'los hombres honrados' , un señalamiento de los criminales que repite constantemente en su discurso, deben tener sus razones para matarlo, al tiempo que se lamenta : 'Oh, raciocinio, habéis ido a refugiaros en los irracionales porque los hombres han perdido la razón". Mankiewicz muestra a una plebe voluble, indecisa, cambiando constantemente de opinión, aunque finalmente roba el cuerpo del estadista, lo lleva a la vía sacra y lo incinera, porque es de los suyos.  Hace poco estuve en Roma y pude ver que en el túmulo que recuerda el lugar donde quemaron su  cuerpo, alberga un espacio en su interior que los visitantes llenan de flor fresca. La adoración a César llega hasta el día de hoy. En un momento determinado, Marlon Brando se arrodilla y sostiene en su regazo el cuerpo sin vida del autor de 'La Guerra de las Galias', devolviendo al espectador la imagen de la Piedad de Miguel Ángel.

La escritura suena torpe porque quisiera decir muchas más cosas de las que se pueden en el análisis de un film. Pero como bien dice el refrán popular, 'Roma no se hizo en un día', y una cultura que nos ha dejado una ciudad-museo no se puede resumir en una página. Estos pequeños detalles nos ayudarán a entender un poco más a los personajes históricos que protagonizan la historia, aunque la atención se centra en tan solo cuatro o cinco. Yo si os aconsejo que busquéis la edición especial que hizo la MGM, con texto en inglés, fotografías de todos los carteles que se hicieron para la ocasión y unas cuantas fotografías,

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